Iwao Hakamada, libre pero bajo amenaza de ejecución

Anuncios

Hamamatsu (Japón) (AFP)

Viéndolo pasearse por las calles de Hamamatsu, en el centro de Japón, Iwao Hakamada podría pasar por un simple octogenario. Nadie diría que es un condenado a muerte en suspenso.

"Sale a pasearse todos los días hacia las 13H00 y vuelve unas cinco horas más tarde, cuando cae la noche", explica su hermana mayor, Hideko, de 85 años, que cuida de él.

Desde hace cuatro año, desde su liberación, esta mujer vuelve a sonreír y saborea el día a día junto a él.

"El pasado es el pasado, no podemos cambiar nada, lo que cuenta es el hoy y el mañana. Se tiene que continuar", insiste.

Y añade: "Yo siempre diré que sí cuando me llamen para intentar convencer de su inocencia, incluso en la otra punta de Japón".

- Pañuelos de papel -

Todo empezó en 1966, con la muerte de un dirigente de una empresa de miso (soja fermentado) y de tres miembros de su familia.

Un mes y medio más tarde, Iwao Hakamada (cuyo verdadero nombre es Hakamata), de 30 años, empleado de la sociedad, fue detenido.

Tras una veintena de días de detención e interrogatorios, confiesa, pero se retracta más tarde, y desde entonces no cesará de clamar su inocencia.

La policía dice acumular pruebas suficientes. Lo hace comparecer de nuevo ante el tribunal, y es condenado a la pena capital, dos años más tarde. Una sentencia que es confirmada en 1980.

En 2004 es rechazada una primera demanda de revisión del proceso, pero en 2014, teniendo en cuenta pruebas genéticas presentadas en una nueva investigación, un tribunal de Shizuka considera que hay demasiadas dudas sobre su culpabilidad.

Iwao Hakamada será juzgado de nuevo, y puesto en libertad.

"Ni él mismo se lo creía, salió con una simple bolsa llena de pañuelos perfectamente doblados", explica una de sus allegadas, Chiaki Sakai, directora de documentales.

Pero, de forma inesperada, el pasado 11 de junio, a demanda de la fiscalía, la Alta Corte de Tokio anula la decisión de un nuevo juicio.

Aunque nunca habla de su situación, este exboxeador profesional, de 82 años, sabe que tiene un combate pendiente.

"Se tiene que perseverar, día tras día. En boxeo, si no lo crees mentalmente, pierdes. Perder una vez, está mal, se tiene que ganar", dijo a la AFP, de regreso de su paseo diario.

- Riesgo de ejecución -

Durante su paseo cotidiano, Hakamada saluda a las estatuas y a las personas de los carteles publicitarios, lo que refleja un estado psicológico degradado. Cuatro décadas en una celda, pendiente de la pena de muerte, deja secuelas mentales.

"En la cárcel se creó un universo imaginario fuera de la realidad, para poder sobrevivir al miedo de ser ejecutado. Esto no cambió cuando salió", explica Nobuhiro Terazawa, representante de uno de sus grupos de apoyo.

Su abogado Katsuhiko Nishijima denuncia "una justicia japonesa disfuncional", que no quiere reconocer un nuevo error judicial, después de cuatro casos que afectaban a condenados a muerte que fueron absueltos en un segundo juicio.

Pero "teniendo en cuenta su edad y su salud", Iwao Hakamada, sigue en libertad.

Hoy en día, con esta situación, sus familiares temen lo peor.

"Ahora tiene que pronunciarse la Corte Suprema. Pero esta solo se fija en la legalidad del proceso, y no estudia el caso a fondo", precisa Terazawa.

Si la más alta instancia judicial considera que la Alta Corte tiene razón, Hakamada podría volver a la cárcel, como lo pide el fiscal.

Ninguna ley podría entonces evitar su ejecución.