Elecciones

Suecia entra en parálisis política tras el resultado de las elecciones generales

Jimmie Åkesson, líder del partido de extrema derecha los 'Demócratas Suecos' en la noche de las elecciones en el restaurante Kristallen en el centro de Estocolmo, Suecia, el 9 de septiembre de 2018.
Jimmie Åkesson, líder del partido de extrema derecha los 'Demócratas Suecos' en la noche de las elecciones en el restaurante Kristallen en el centro de Estocolmo, Suecia, el 9 de septiembre de 2018. Anders Wiklund / TT News Agency / Reuters

El resultado de las elecciones generales no ha permitido esclarecer quiénes gobernarán al país. La votación de la extrema derecha es histórica pero relativa. La formación de esa corriente se quedará sin ministerios y sin aliados durante cuatro años.

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Este lunes 10 de septiembre, Suecia amaneció con fuertes incertidumbres acerca de su futuro ejecutivo. En espera del anuncio de los resultados definitivos este miércoles, se dibujó un empate entre los bloques tradicionales de la política nacional.

La alianza de centroderecha se impuso como el conjunto de partidos más votado de este escrutinio, pero fue escasamente superada por la coalición de izquierda del Gobierno saliente. Con un poco más del 40% de los votos cada una, estas fuerzas obtuvieron respectivamente 143 y 144 escaños en el Riksdag, el Parlamento sueco, lejos de los 175 necesarios a la mayoría absoluta. Para ambos, no es un buen resultado.

Tradicionalmente, el régimen de monarquía parlamentaria de ese país empuja hacia el compromiso y las alianzas entre las principales formaciones. De esta manera, las fuerzas de izquierda y de  derecha constituyeron amplias alianzas que formaron sucesivamente gobiernos, que pudieron, a menudo, instalarse gracias al apoyo tácito de sus adversarios, cuando no habían obtenido mayoría. Ese fue el caso del último ejecutivo de Stefan Löfven, el actual primer ministro.

Consolidación de la extrema derecha en el tercer puesto

Sin embargo, el progreso de la extrema derecha luego de la votación de este domingo desequilibró a todo este frágil sistema. Los Demócratas Suecos (DS) existen desde 1988 pero llegaron con fuerza en el Parlamento solo a partir de 2010. Discurso suavizado, símbolos menos agresivos, alejamiento de los individuos más radicales y la transformación del partido operada por su joven líder, Jimmie Åkesson, fructificó. La formación que promovía hasta hace poco la expulsión de todos los inmigrantes alcanzó con el 17,6% su record de votos, que se materializará con 62 escaños en la única cámara del país.

DS se aprovechó de la dominación de la temática de la inmigración en esta última campaña. Junto a Alemania, Suecia fue la nación que recibió a más exiliados. Desde 2010, Estocolmo acogió a unos 450.000 solicitantes de asilo, 163.000 solo en 2015, en el apogeo de la crisis migratoria. Hoy, la proporción de personas nacidas en el exterior representa al 18,5% de la población nacional. Una coyuntura que facilitó la instalación del discurso xenófobo de la extrema derecha, principalmente centrado en la seguridad.

No obstante, el resultado de DS constituye más una reconfiguración del escenario político que un aumento del rechazo hacia los inmigrantes. Pues los estudios demuestran que la percepción negativa de estos grupos se redujo. Por ejemplo, algunas investigaciones revelaron que la magnitud de suecos que consideran como una buena idea restringir el número de refugiados pasó del 65% en 1992 al 40% en 2015.

Bloques tradicionales sin mayoría y sin perspectiva de alianzas con la ultra derecha

Una reconfiguración que afectó en primer lugar a la coalición de izquierda. El también llamado “Bloque Rojo-Verde”, conformado por los ecologistas, la izquierda radical y los socialdemócratas, perdió más de 100.000 votos en cuatro años. Un retroceso de hecho imputable al Partido Socialdemócrata Sueco del primer ministro; con el 28,4% realizó un resultado poco favorable en toda su historia.

El giro del Gobierno, que endureció la política migratoria abierta, en noviembre del 2015, argumentando la falta de capacidad, podría haber favorecido el crecimiento de sus aliados de circunstancias que criticaron esta decisión.

Por su parte, con 30 escaños menos en ocho años, la derecha perdió también terreno. La ‘Alianza’, y particularmente el partido Moderado, marcaron sus diferencias con sus competidores de extrema derecha al tiempo que radicalizaba su discurso sobre la inmigración. Un juego de equilibrismo que no parece haber convencido al electorado. Los líderes de este bando pidieron, sin éxito, la dimisión de Löfven.

En este rompecabezas, lo único casi asegurado es la exclusión de DS de un futuro Gobierno. Ninguna formación de los dos principales grupos mostró disposición a aliarse con la ultraderecha de Åkesson, quien ya advirtió que pondrá todas las trabas posibles al ejecutivo que no los tenga en cuenta. Un elemento que complicará aún más las negociaciones para formar a un gabinete, que podría demorar semanas, o incluso meses.

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