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Australia sueña con energías limpias mientras se aferra al carbón

Australia se debate entre la transición energética hacia las renovables y su condición de mayor exportador de carbón del mundo.
Australia se debate entre la transición energética hacia las renovables y su condición de mayor exportador de carbón del mundo. ARTE

Australia intenta promover un tránsito hacia las energías renovables, pero el Gobierno respaldó la construcción de la mina de carbón Carmichael, que amenaza la Gran Barrera de Coral.

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Abrazar el cambio hacia las energías limpias o abandonar la producción de carbón. Ese es el dilema que divide a la sociedad australiana. El país es uno de los mayores exportadores de este mineral en el mundo y también uno de los que más contaminación atmosférica produce.

Tan solo en el estado de Victoria, al sur de Australia, funcionaban cuatro plantas de carbón que proporcionaban hasta el 90 % de la electricidad de la zona. Situación que cambió el 1 de abril de 2017, cuando el proveedor energético francés, Engie, decidió cerrar una de ellas porque se retiraba del negocio.

Algunos ciudadanos celebraron la decisión argumentando que los efectos que producen esas fábricas en la salud son inaceptables, pero Mark Richard, quien trabajó 29 años en la industria, no pudo disimular su descontento. "Es una gran pérdida para nuestra comunidad, generaciones de trabajadores no conocen nada más que el carbón, no estamos en contra del progreso pero necesitamos trabajos", explica.

A pesar de que ciertos negocios han cerrado producto de las bajas proyecciones económicas del combustible, en general, los gases de efecto invernadero que emite el país continúan en aumento, así como las tensiones entre políticos y ambientalistas.

"Aquí tenemos una guerra cultural: el partido que está actualmente en el poder es controlado por los escépticos del clima, además usan la frase de que el carbón está sacando a millones de la pobreza, pero esto es solo retórica", aseguró a France 24 Simon Holmes á Court, asesor principal de clima y energía de la Universidad de Melbourne

Los activistas lo saben y le reclaman al Gobierno que no respalde los proyectos mineros en el estado de Queensland y que cumpla lo pactado en el Acuerdo Climático de París 2015, donde se comprometió a reducir en un 26% sus emisiones contaminantes para 2030.

Holmes á Court: "oponerse a la expansión de la minería es veneno político"

En 2010 el Gobierno dio luz verde para la construcción de Carmichael, un programa de la empresa india Anadi, que se planteó en el auge del carbón en 2011 y que podría convertirse en la mina más grande del país. El proyecto está ubicado en la cuenca de Galilea, en Queensland, zona que cuenta con reservas de carbón estimadas en 27.000 millones de toneladas.

Tan pronto se dé apertura a la mina, Adani planea extraer 25 millones de toneladas del mineral al año. Para ampliar ese objetivo, adquirió además el estratégico puerto de Abott Point, cercano a la Gran Barrera de Coral.

"El carbón dañará la Gran Barrera de Coral, que produce cerca de 60.000 empleos por el turismo marino, 48.000 más que los 12.000 que promete el proyecto minero de Carmichael”, opina John Rumey, protector del arrecife de coral.

Los "sectores de Queensland tienen una cultura muy a favor de la minería, oponerse a la expansión minera es veneno político en esos lugares", advirtió Holmes á Court.

Y así lo comprueba el exminero Mike Brunker, que defiende el proyecto y rechaza los señalamientos de los grupos ecologistas: "nosotros solo somos 23 millones de personas y nos dicen que somos malos porque extraemos carbón. Otros países tienen energía nuclear y a mí no me gusta nada, pero no voy a decirles que deben cerrarlas; con el carbón no se pueden construir bombas".

Lugareños como Brunker parecen estar dispuestos a sacrificar la estabilidad del medio ambiente por sostener el desarrollo local, olvidando que en algunas regiones del país ya se sienten los estragos del cambio climático, con fuertes sequías y escasez de agua que se sufren en algunas épocas del año.

Financiación de la revolución energética depende de la capacidad del Estado

A pesar de que hubo un pequeño aumento en la producción de carbón en 2017, los expertos aseguran que en los últimos cinco años la energía producida por este mineral se ha reducido un cuarto y se espera que en los próximos 15 años la mitad de las carboneras cierre. Realidad que algunos políticos aún no parecen comprender.

"Muchos en el Partido Liberal contrarrestarían esta afirmación diciendo que 'si no suministramos carbón a la India, entonces alguien más lo hará', ¡la defensa del narcotraficante!", señaló Holmes á Court.

En medio de este pulso de poderes, que sigue generando tensiones, el mundo empieza a prepararse para la revolución energética y los ciudadanos le exigen al Gobierno australiano que haga lo mismo.

"Lo que ocurre es que la capacidad para migrar hacia otras energías como la solar y la eólica depende de la capacidad de un Estado para financiarlo y no estoy seguro que Australia tenga los recursos para hacer una migración total de su matriz energética", dice el experto en inversión minera Jaime Arteaga.

Avanzar hacia las energías renovables depende principalmente de la voluntad política y no da espera. El aumento en la temperatura del agua provocado por el cambio climático, ha decolorado los corales de la Gran Barrera y los está matando. La polución también está causando enfermedades respiratorias a la población.

La cuestión es si estos motivos son suficientes para que el país con una de las mayores reservas de carbón del mundo esté dispuesto a renunciar a ellas.

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