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Cuando el Mosad liberaba a judíos etíopes en Sudán

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Tel Aviv (AFP)

El folleto publicitario presentaba el lugar como un paraíso para buceadores. En realidad la ciudad de vacaciones de Arous, en Sudán, servía de tapadera para una de las operaciones más audaces de los servicios secretos israelíes, que Hollywood lleva ahora a la pantalla.

A comienzos de los años 80, Arous era un lugar apreciado por los amantes de los fondos marinos. Unas 15 casas dominaban entonces uno de los mejores puntos de observación de corales del mar Rojo. "Los peces acudían a mordisquear las máscaras de los buceadores", recuerda Daniel Limor, encargado de la "operación Hermanos" para el Mosad, los servicios secretos israelíes.

Los turistas y las autoridades sudanesas pensaban que la ciudad estaba en manos de los europeos. Ignoraban que era el centro neurálgico utilizado por el Mosad para llevar clandestinamente a Israel a 7.000 judíos etíopes procedentes de campos de refugiados en Sudán, entre 1981 y 1985.

Animado por un judío etíope exiliado en Jartum, el primer ministro israelí Menájem Beguín dio su visto bueno a esa misión en 1977.

Limor, agente del Mosad y amante del buceo, se fijó en una ciudad de vacaciones construida por empresarios italianos en los años 1970 a orillas del mar Rojo y abandonada al no tener acceso por carretera ni agua corriente. "Fue como si nos cayera del cielo", explica.

Uniéndose al éxodo de sus compatriotas que huían de la miseria y las persecuciones, los judíos etíopes abandonaron su país con un solo objetivo: alcanzar la "Tierra Santa", un sueño al que se aferra esa comunidad aislada desde hace siglos, que afirma ser descendiente del rey Salomón y la reina de Saba.

- Las "piernas" del Mosad -

El camino era largo hasta Sudán. "Los atacaron, violaron y robaron", recuerda Limor, consultado para el guion de la adaptación cinematográfica de aquella operación, que se estrenará en 2019. "Sufrieron y también murieron en los campos de refugiados".

Enlaces locales entre el Mosad y los etíopes elegían a los judíos que se exfiltraban de los campos sudaneses. Dadas las relaciones entre Israel y el Sudán árabe y musulmán, los agentes israelíes que actuaban en el territorio sudanés arriesgaban su vida, al igual que sus intermediarios.

"Éramos los ojos, los oídos y las piernas del Mosad", cuenta uno de ellos, Miki Achihon, que en aquel momento era un estudiante judío etíope refugiado en Sudán. Sin teléfono ni internet, lo hacía todo andando.

"No teníamos contrato con el Mosad, no cobramos por ello, lo hicimos por nuestro pueblo", asegura Miki Achihon, que se convirtió años después en un teniente coronel del ejército israelí.

Una vez exfiltrados en el desierto, los grupos, unas 100 o incluso 200 personas, eran acogidos por agentes del Mosad que venían del extranjero y habían pasado por Arous.

Los espías israelíes escondían a esos refugiados en la parte trasera de camiones, en los que oficialmente transportaban material para la ciudad de vacaciones. "Empezaba entonces el largo camino hacia la costa", dice Gad Shimron, uno de los agentes instalados en Arous, que escribió un libro sobre la operación.

- Cambio de estrategia -

El convoy tenía que recorrer cientos de kilómetros, franqueando controles militares y policiales y expuesto a posibles emboscadas, antes de llevar a los refugiados hasta los barcos israelíes que esperaban en las aguas internacionales.

"Por supuesto, teníamos en mente la posibilidad de acabar colgados, con los pies en alto", dice Shimron.

Una noche, el ejército sudanés les disparó al confundirlos con traficantes mientras el último barco se hacía a la mar con refugiados. Salieron indemnes.

Tras aquel episodio, los israelíes cambiaron de estrategia. "Hacíamos aterrizar aviones israelíes en medio del desierto. Desde allí, el vuelo era directo, ¡tres horas y ya estaban en Tel Aviv!", explica Shimron.

Aterrizajes por la noche, lejos de cualquier zona poblada, y un embarque rápido para ser lo más discretos posible.

"El momento de euforia llegaba cuando se cerraban las puertas y los aviones habían despegado con éxito", añade el exagente del Mosad.

Muchos turistas sospechaban que Arous era escenario de tráficos, una actividad frecuente en esa región. Pero ninguno descubrió la doble vida del personal "europeo" de la ciudad, asegura otra agente del Mosad, Yola, la encargada del lugar.

A ella le habría encantado quedarse "toda la vida" en Arous. "No quería volver, ¡me había convertido totalmente en mi personaje", afirma con una sonrisa.

- Difícil adaptación -

La operación terminó en 1985, cuando uno de los contactos etíopes fue interrogado por la policía. Por precaución, el Mosad evacuó urgentemente la ciudad de vacaciones.

Más de 100.000 judíos de Etiopía emigraron a Israel desde los años 1980, en varias operaciones. En 1991, la "operación Salomón" logró llevar a más de 14.000 personas a Israel en apenas 36 horas.

Para los etíopes, tras la alegría de llegar a Israel, la integración resultó difícil.

"Deberíamos haber tenido un tratamiento psicológico, pero el Estado de Israel quiso integrarnos enseguida con formaciones, clases de lengua... Muchos no estaban preparados", reconoce Miki Achihon, que asegura haber sufrido racismo y discriminaciones.

Treinta y cinco años después, la "operación Hermanos" inspiró la película del director Gideon Raff, "The Red Sea Diving Resort", rodada en Sudáfrica y en Namibia con Ben Kingsley, Haley Bennett y Chris Evans.

"Es una historia sionista única, ¡a lo James Bond!", celebra Gad Shimron. "Estoy casi seguro de que en esa película de Hollywood veremos cómo una joven y hermosa etíope se enamora de un joven y hermoso israelí del Mosad, ¡lo que nunca ocurrió por supuesto! (...) Pero no importa".

Miki Achihon espera que no se olvidará el papel "heroico" de los militantes etíopes. "Sin nosotros, nada habría sido posible".

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