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El sector del petróleo en Nigeria, minado por la corrupción

Una refinería de Chevron en el sur de Nigeria, el 28 de marzo de 2018
Una refinería de Chevron en el sur de Nigeria, el 28 de marzo de 2018 AFP/Archivos
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Lagos (AFP)

Cuando llegó al poder, el presidente de Nigeria, primer país productor de crudo de África, prometió luchar contra la corrupción en el sector petrolero, pero tres años después sigue siendo totalmente opaco.

Muhammadu Buhari, que aspira a volverse a presentar en las presidenciales de febrero de 2019, había prometido en 2015 limpiar el "cáncer" de la corrupción y se nombró a si mismo ministro del Petróleo, además de presidente.

Aunque Nigeria exporta dos millones de barriles diarios, tiene muy pocas refinerías y se ve obligada a importar decenas de millones de litros de gasolina para abastecer a sus 180 millones de habitantes.

Como consecuencia, el gobierno asume gran parte del coste de la distribución de gasolina, que permite a los consumidores comprarla a 145 nairas el litro (0,34 euros), la mitad de precio que en el vecino Benín.

El sistema tiene otro problema y es que cuando el Estado no paga sus deudas a los distribuidores de gasolina, estos cortan el suministro, con graves consecuencias para la población y la economía del país.

Para evitarlo, el presidente Buhari decidió suspender la mayoría de compañías de importación de carburante y convertir a la Sociedad Nacional Nigeriana de Petróleo (NNPC) en el principal importador de carburante.

Según los defensores de la medida, el país está así más protegido frente a la escasez pero los opositores aseguran que NNPC, conocida históricamente por ser la "caja negra" del Estado, es todavía más corrupta.

El sistema funciona así: la NNPC exporta el petróleo, importa la gasolina, y devuelve el dinero al Estado tras haber deducido el monto de las subvenciones.

"La administración Buhari prometió más transparencia en las operaciones de la NNPC pero no es el caso", explica a la AFP Cheta Nwanze, la directora de investigación de SBM Intelligence en Lagos, y asegura que las subvenciones han aumentado "de manera astronómica".

Según datos de la NNPC, el Estado pagó 215 millones de dólares en abril, casi cinco veces los 46 millones de dólares registrados de noviembre. En mayo el monto había alcanzado 245 millones de dólares.

A pocas meses de la presidenciales, Abel Akeni de BudgIT, una asociación que lucha contra la corrupción, lamenta que la NNPC "no se haya sometido a ningún tipo de vigilancia directa (...) Tememos realmente que el dinero pueda ser desviado".

En abril, el secretario de Estado del Petróleo, Emmanuel Ibe Kachikwu, declaró que el Estado nigeriano gastaba 3.900 millones de dólares cada año en subvenciones (321 millones de dólares al mes), pero luego se retractó.

Quizás se acordó del caso del que fuera gobernador del Banco Central, Lamido Sanusi bajo la presidencia de Goodluck Jonathan, que en 2014 acusó al NNPC de deber 20.000 millones de dólares al Estado y fue destituido inmediatamente.

En junio la ministra de finanzas, Kemi Adeosun, lamentó estos "gastos inaceptables" y también fue obligada a dimitir.

Según la versión oficial, el súbito aumento de las subvenciones se explica por el incremento de los costes de importación de la gasolina y la subida del precio del barril.

Una solución sería hacer fluctuar el precio en las gasolineras en función del precio del barril y fijar el monto de las subvenciones, lo que evitaría la manipulación de cifras por parte de la NNPC.

"Pero el gobierno no consigue imponerla", indica el economista nigeriano Nonso Obikili. "Hay demasiadas personas que tienen intereses con este sistema".

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