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Los sismos frenan el auge del gas en Holanda

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Zeerijp (Pays-Bas) (AFP)

Los holandeses, expertos en gestionar el agua, parecen sin embargo incapaces de contener las consecuencias de la actividad sísmica, provocada por la extracción de gas.

Una serie de sacudidas causadas por extracciones a principios de año en Groninga, una provincia al norte del país, culminó en un sismo de magnitud 3,4, el más intenso que ha conocido esta zona desde 2012.

El hartazgo de la población por los daños causados a hogares, edificios históricos y escuelas llevaron al gobierno a anunciar que el yacimiento de gas natural de esta provincia -el más grande de Europa- se cerraría para 2030.

Así, una enorme alambrada ya rodea la zona de perforación Leermens, cerca de la pequeña aldea de Zeerjip, suspendiendo la actividad de un proyecto energético que ha recibido miles de millones de euros en fondos estatales gracias a lucrativos contratos de exportación de gas, principalmente con Francia y Alemania.

Sin embargo, los habitantes de Zeerjip aún pueden sentir los temblores del suelo, que se atribuyen a la formación de bolsas de aire al extraer el gas.

- "Cayendo a pedazos" -

Recientemente, cientos de activistas del medio ambiente acamparon en el sitio Leermens para protestar contra las extracciones.

A pesar de la anunciada clausura, mas de 20.000 millones de metros cúbicos de gas (el equivalente energético de unos 3,3 millones de barriles de petróleo) se extraerán este año.

"Todavía falta mucho tiempo para 2030; aún podríamos tener más sismos", dijo Bert-Jan Huizing, agricultor de patatas de 50 años, quien se encontraba trabajando en su campo cuando ocurrió el temblor más fuerte del año.

El hogar de este campesino, quien es también consejero municipal y presidente el club del fútbol de la aldea, sufrió daños menores, pero Huizing está preocupado por el impacto de los temblores en su comunidad.

Se ha implicado en un proyecto para construir una nueva escuela en la aldea, después de que expertos hayan declarado que el actual edificio podría derrumbarse en caso de nuevas sacudidas.

Por otra parte, se han instalado viviendas prefabricadas para alojar temporalmente a las personas en caso de derrumbes tras un próximo sismo.

Pero no todo puede rescatarse. El único bar de la aldea ha sufrido tantos daños por los terremotos que podría ser demolido.

"En todas partes hay edificios, casas y granjas en donde ya no puede vivir nadie de manera segura", explicó Huizing.

"Todo se está cayendo a pedazos: nuestro patrimonio cultural, nuestras granjas, nuestras iglesias y, al fin de cuentas, también nuestra gente", declaró Annemarie Heite, agricultora de 47 años a la AFP.

- La patata caliente -

En marzo, para hacer frente a las alrededor de 14.000 peticiones de compensación por daños presentadas por los habitantes, el gobierno holandés creó una comisión independiente.

Pero entre estimaciones de expertos, órdenes de trabajo y pagos tardíos, los ciudadanos se encuentran abrumados por la burocracia, en tanto los diversos departamentos administrativos juegan a la papa caliente.

Según Huizing, esto crea una "incertitud total" para los habitantes de la comunidad.

Las compañías que operan en el sitio de extracción han asegurado que pagaran todas las indemnizaciones.

Así, a los habitantes de la región solo les queda esperar.

"Si fuese cínico," confesó Huizing, "diría que estamos casi deseando que ocurra otro sismo para acelerar el proceso".

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