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El cambio de nombre de Macedonia trae esperanza a la población albanesa

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Aracinovo (Macédoine) (AFP)

La herencia de Alejandro Magno no les preocupa en absoluto pero los albaneses de Macedonia sueñan con la Unión Europea para salir de la miseria y por eso se espera que en su mayoría voten sí en el referéndum del domingo sobre el cambio de nombre del país.

"Todo el mundo está a favor del sí (...) Todo el mundo quiere una vida mejor", explica Selajdin Latifi, un cartero de 46 años, en la plaza principal de Aracinovo, un pueblo albanés cercano a la capital, Skopie. "Aquí no tenemos nada, en la Unión Europea lo tienen todo", dice.

Para Bruselas, el cambio de nombre que convertiría Macedonia en la República de Macedonia del Norte, acabando así con el viejo litigio con Grecia, es una condición imprescindible para retomar las negociaciones de adhesión.

- Peso electoral determinante -

En Macedonia no se ha hecho ningún censo desde 2002 para no despertar rencores étnicos pero, según las estimaciones, los albaneses representan entre el 20 y el 25% de los 2,1 millones de habitantes de Macedonia.

El analista político de origen albanés Albert Musliu considera que el electorado de esa minoría reúne a unas 300.000 personas. En caso de participación masiva, la mayoría absoluta se situará probablemente en torno a los 900.000 votos, pero puede necesitar muchos menos sufragios si la abstención es alta.

Los votos de los albaneses serán por tanto determinantes en el resultado final y, según Musliu, la inmensa mayoría de ellos están a favor del cambio de nombre.

Si los macedonios votan sí y el Parlamento confirma la decisión popular, Skopie podría poner fin a 27 años de disputa con Grecia. Las negociaciones de adhesión a la UE están bloqueadas desde que Atenas la vetó en 2008, exigiendo que su pequeño vecino renunciara a el nombre de Macedonia al considerar que este sólo puede designar su provincia septentrional.

Aunque puede parecer un tanto absurdo fuera de los Balcanes, el conflicto ha condenado a Macedonia al aislamiento, a la inestabilidad política y al estancamiento económico. El país afronta además un fuerte éxodo por parte de habitantes que huyen del desempleo y de los sueldos bajos. El salario medio es apenas de 390 euros (460 dólares) al mes.

La situación, difícil para la mayoría eslava, es aún más complicada para los albaneses. En Aracinovo, el salario medio es de 200 euros (235 dólares), según Neazid Sulejmani, un jubilado de 76 años, que hace campaña a favor del sí.

"¿Qué se puede hacer" con esa cantidad?, se pregunta. "Pagar la electricidad, facturas, ¿y qué más?".

El economista Visar Ademi, que creó una asociación para ayudar a los jóvenes a encontrar un empleo, explica que los sectores en los que habitan los albaneses "son los menos desarrollados" y "viven gracias al dinero enviado [por la diáspora] desde el extranjero, Suiza o Alemania":

- Frágil luna de miel -

En 2001, las fuerzas macedonias bombardearon Aracinovo durante un breve conflicto interétnico, que acabó con un tratado de paz en el que se concedió derechos adicionales a la minoría albanesa.

Desde entonces, sus partidos han entrado en todos los Gobiernos: el anterior de la derecha nacionalista y el actual, dirigido por el socialdemócrata Zoran Zaev, que ha hecho votar una ley para extender el uso del albanés.

Pero, según Albert Musliu, la discriminación está arraigada en el país. Durante la era yugoslava, los albaneses tenían vetado el acceso a las instituciones y a las empresas pública. Hoy en día, sus partidos se quejan de la ausencia de inversión en sus regiones.

"Tenemos agua pero no es potable... ¿En qué siglo vivimos?", dice Neazid Sulejmani. Los habitantes se quejan de una red de alcantarillado defectuosa. Un "sí" en el referéndum del domingo "cambiará la situación para los jóvenes, tendrán esperanza", dice este padre cuyos tres hijos han emigrado.

Zaev es popular entre los albaneses que recuerdan que los militantes nacionalistas que irrumpieron en el Parlamento en abril de 2017 lo golpearon a él del mismo modo que a los diputados albaneses.

"Ha logrado darles a los albaneses la esperanza de que ya no serán marginados en el futuro", asegura Albert Musliu. Pero si fracasa, "la luna de miel no durará mucho tiempo", vaticina.

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