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Migrantes

Huir embarazada: dos mujeres migrantes en dos extremos del mundo

France 24

La crisis en Venezuela y el éxodo de los rohingyas llevó al límite a dos jóvenes madres. Emprendieron un viaje a kilómetros en busca de un mejor futuro pero incluso lejos de casa, no encuentran respuestas.

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Angie Ramos viajó hasta Boa Vista en Brasil. Solo tiene 19 años y lleva a un bebé en su vientre. Se armó de valor para salir de Venezuela, pues en su país no contaba con el tratamiento médico necesario para su embarazo y tampoco conseguía qué comer en los supermercados.

De nada sirvieron los pocos bolívares que llevó a Brasil, por lo que tuvo que buscar rápidamente en qué emplearse. Pero su condición de migrante y embarazada no le facilitó las cosas para encontrar un trabajo. Con el mismo valor que tuvo para huir de Venezuela por la crisis decidió ubicarse en una calle de Boa Vista, con una botella de agua y un objeto para limpiar vidrios.

La timidez la dejó en su país. Camina sonriente y orgullosa de su barriga. Gana varias monedas al día, con suerte algunos billetes que le alcanzan para comer y pagar el lugar en el que se aloja. “Está bastante difícil para las mujeres embarazadas, para las madres con hijos pequeños… al menos aquí, trabajando, así sea limpiando vidrios, tengo que dar la cara por mi hija”, aseguró.

El mismo drama al otro lado del mundo: Bangladesh

Esa misma incertidumbre de no saber qué ofrecerle a su hijo la enfrenta otra mujer, pero en Bangladesh. Rashida Begum también es joven e igual que Angie, migró en embarazo.

Huyó de la persecución en su país, Myanmar, contra los musulmanes rohingya. Ahora vive en un campamento de refugiados en Cox’s Bazar. Allí su hijo, Omar Sadek, ha vivido sus primeros meses de vida.

Rashida no ve un futuro promisorio ni en Bangladesh, ni en Myanmar. “Ahora estoy ansiosa por saber cuál será el futuro de mi hijo, dónde obtendrá educación”, dijo y agregó que teme volver a su país y enfrentarse nuevamente al rechazo contra los rohingya.

Se trata de una realidad que enfrentan cientos de mujeres en el mundo, que se ven obligadas a dejar sus casas, pueblos y familias en busca de una vida mejor, pues ya no es solo su vida la que está en juego sino también la de sus hijos.

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