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Miró, el maestro que siempre fue por libre

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París (AFP)

"Miró no buscaba sorprender sino sorprenderse". Fue esta introspección lo que llevó a uno de los artistas clave del siglo XX a crear sin ataduras, al margen incluso de los surrealistas que reivindicaban su obra, según una muestra en París.

Detrás de su pintura reconocible por la preeminencia del color y la fuerza del trazo, se escondía un personaje reflexivo y meticuloso, menos prolífico que otros genios como Picasso, puesto que a diferencia de su compatriota, invertía meses en concebir una obra.

De las 2.000 que Joan Miró (1893-1983) creó a lo largo de siete décadas, casi 150 serán expuestas en el Grand Palais, 44 años después de que el museo parisino le dedicara su última retrospectiva, cuando el barcelonés todavía vivía.

"Miró solía decir que necesitaba una simple mota de polvo, un rayo de luz" para crear un mundo, explica el comisario de la muestra, Jean-Louis Prat, exdirector de la Fundación Maeght de arte moderno y contemporáneo, que fue amigo personal del pintor.

- "Asesinar la pintura" -

Sus primeras creaciones fauvistas estaban aún lejos del universo onírico que desarrollaría con los años en un empeño, según afirmaba, de "asesinar la pintura".

"La masía" (1921-1922), que empezó a pintar en su pueblo catalán de Mont-roig y finalizó en París, es una declaración de apego a la tierra donde creció, con todos sus detalles. Se lo compró Ernest Hemingway, tras múltiples esfuerzos para reunir los recursos, 5.000 francos.

Pero Miró no tardó en iniciar la transformación de lo real, desde su taller parisino: animales y figuras fantásticas habitan "El Carnaval de Arlequín" (1924-1925), una obra que lo acercó de forma irremediable a los surrealistas liderados por André Breton.

"Breton era amigo íntimo de Miró, pero este quería escapar de sus dictados, mantener una independencia total", explica Prat.

"Y como ninguno de sus cuadros era una versión de uno anterior, se liberó además del academicismo. Inventó un lenguaje poético único", ni abstracto ni figurativo, según el comisario.

- Improbables figuras monstruosas -

Aunque su obra plasma un ejercicio de introspección, Miró no fue ajeno a los dramas de su tiempo, marcado por la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Figuras monstruosas surgen en "Caracol, mujer, flor, estrella" (1934), obra hoy en día expuesta frente al "Guernica" de Picasso, en el Museo Reina Sofía de Madrid. "Nadie se esperaba que pintara este tipo de cuadro, pero era conforme a su tiempo", dice Prat.

"La gente entenderá cada vez más que traté de abrir puertas a un nuevo futuro, contra todos los conceptos erróneos, todos los fanatismos", decía el artista, que según el comisario se sentía libre hasta con respecto al dinero: "Sabía dar, el dinero no le importaba".

La exposición, exhibe también su monumental tríptico de los tres azules (1961), un fondo azul que dialoga con un trazo rojo y varios puntos negros.

Miró alcanzó ese color inédito tras pasar "un tiempo infinito" cepillando centímetro a centímetro la superficie, indica el comisario de la muestra, entre el 3 de octubre y el 4 de febrero.

Y ya en los últimos años, instalado en su taller en la isla de Mallorca, el negro irrumpió con fuerza en su obra, a la que todavía exigía que le sorprendiera. Por ello, quemó parcialmente algunos de sus lienzos, presentados en ese mismo estado. "La idea de que fueran prácticamente invendibles le hacía feliz", según Prat.

Para acercarse al universo tan personal de Miró, este antiguo amigo del artista guarda un consejo para el espectador: "Hay que mirar su obra con una atención sostenida".

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