Saltar al contenido principal
Reporteros

Los rostros de la resistencia contra Boko Haram

En Nigeria, mientras que el ejército continúa su ofensiva contra Boko Haram, nuestros reporteros Catherine Norris-Trent y Jonathan Walsh fueron al noroeste del país, aún presa de las violencias. En este documento excepcional que dura 26 minutos, recogieron los escasos testimonios de las víctimas de la organización yihadista, de sus verdugos, de los miembros de las fuerzas de seguridad y de ciudadanos que trabajan, a su manera, en la reconciliación.

ANUNCIOS

“¡Ganamos la guerra contra Boko Haram!”. Eso fue lo que declaró el jefe de Estado mayor del ejército cuando finalmente logramos entrevistarlo durante las celebraciones anuales en honor a las tropas nigerianas. Por lo general, el National Army Day es el momento para hacer una demostración de fuerza. Este año, el evento se desarrolla en el noroeste del país, cerca del lago Chad. Una elección simbólica, cuyo objetivo es mostrar que el ejército ha recuperado definitivamente su posición en uno de los territorios más disputados por el grupo yihadista.

El presidente nigeriano Muhammadu Buhari llega en helicóptero para la clausura de la ceremonia y felicita una vez más a sus oficiales por la “derrota” de Boko Haram. Buhari es de nuevo candidato a las presidenciales de febrero de 2019 y espera destacar los progresos logrados en la guerra contra los insurgentes.

La ciudad de Maiduguri es el escenario más impactante, con sus calles rebosantes de vida y sus coloridos mercados. La capital del Estado de Borno, lugar de nacimiento de Boko Haram, goza una vez más de una relativa seguridad. Cada vez hay más occidentales en el lugar, quienes trabajan para las cientos de ONG presentes en la región con el fin de frenar la crisis humanitaria. Cerca de dos millones de desplazados pueblan todavía los campos del noreste del país.

Pero los atentados suicidas afectan con frecuencia la periferia de la ciudad y demuestran que el conflicto está lejos de haberse terminado. El ejército y los grupos de autodefensa aseguran los cierres en las carreteras que llevan a Maiduguri y son a menudo el blanco de ataques coordinados. También está presente el temor de los secuestros, que nunca han cesado.

Para nosotros, la única manera de salir de Maiduguri de manera segura es con un escolta militar. La carretera que conecta la ciudad al bosque de Sambisa, antiguo territorio de los yihadistas, está cubierto de cráteres. Nos encaminamos por allí en compañía de una patrulla del ejército. Un oficial nos explica que los daños son causados por las minas artesanales puestas sin tregua por los yihadistas. La zona ya no está controlada de manera homogénea por la insurrección, pero aún sigue habiendo presencia de grupos de combatientes aislados.

Es en Pulka, cerca de la frontera camerunesa, que nos volvemos realmente concientes del camino que falta por andar para ganar esta guerra. Llegamos a esta ciudad-enclave a bordo de un helicóptero de la ONU. Retomada por Boko Haram, quien fue el principal mandatario aquí durante nueve meses, hoy en día Pulka es defendida por el ejército. Pero los habitantes nos explican que los yihadistas están a tan solo unos cuantos kilómetros y que los ataques son frecuentes. A comienzos de septiembre, mataron a dos personas y secuestraron a los pasajeros de un bus, muy cerca de aquí.

Se han construido campos en las cuatros esquinas de la ciudad para acoger a los desplazados que llegan a diario. Había cerca de 20.000 cuando pasamos por Pulka y 500 más llegan cada semana. El Estado nigeriano milita para que estos desplazados regresen a sus comunidades pero nadie aquí está dispuesto a tomar ese riesgo. Eso es lo que nos cuenta Celia, quien abandonó su pueblo en 2014. Nunca volvió, aunque este se encuentra a tan solo un paso del enclave.

Hijos de víctimas e hijos de yihadistas estudian en las mismas escuelas

Pero en esta región, devastada por nueve años de conflicto, también nos impresionó la valentía de estos “resistentes” quienes dieron nombre a nuestro reportaje. Empezando por Zannah Mustapha, quien participó en la liberación de los estudiantes de Chibok y fundó una escuela para huérfanos en Maiduguri. Por lo general, los padres de estos niños fueron asesinados por Boko Haram. Pero algunos huérfanos crecieron en el campo de los verdugos, sus padres eran miembros de Boko Haram.

Hijos de víctimas e hijos de yihadistas estudian entonces en los mismos bancos de la escuela y juegan en el mismo patio de recreo. De esta manera, Zannah Mustapha quiere darle ejemplo a las generaciones futuras y trabajar por la reconciliación. Fue recompensado en septiembre 2017 por el Alto Comisariado de los refugiados de la ONU por su acción.

También conocimos a Falmata, secuestrada por Boko Haram en 2014. Los yihadistas trataron de obligarla para que cometiera un atentado suicida pero logró escaparse con precisión. Se entregó a un grupo de autodefensa, de combatientes civiles que luchan contra los terroristas, quienes la detuvieron mientras recogían su testimonio. Jidda, un miembro de este grupo, la interrogó y lo conquistó su fuerza de carácter. Cuando Falmata fue liberada, decidieron casarse.

Hoy en día, Falmata le ayuda a Jidda y a los demás combatientes en su lucha contra la organización yihadista. La antigua víctima les ayuda a identificar a los verdugos de Boko Haram, con quienes se codeó durante su cautividad. A su manera, la pareja también trabaja por la victoria contra Boko Haram.

La página no ha sido encontrada

La página ya no existe o no existía en absoluto. Verifique la dirección o use los enlaces a continuación para acceder al contenido solicitado.