Villa Zavaleta, barriada pobre de Buenos Aires profundiza su miseria

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Buenos Aires (AFP)

En Villa Zavaleta, una barriada pobre de Buenos Aires, azotada por la droga, sus 1.200 familias ya se las veían negras antes pero la crisis económica de los últimos meses en Argentina las ha puesto de rodillas.

"Mucha gente perdió su trabajo, acá se vive con casi nada, de la solidaridad, de changas (empleo eventual)", dice Alejandra Díaz, responsable en Villa Zabaleta de La Poderosa, una organización política no partidista muy presente en zonas desfavorecidas.

La pobreza golpea a 90% de los habitantes de Villa Zavaleta, emplazada en el sur de la capital. Solo 10% tiene un empleo formal, muchas veces en cooperativas de recolección de basura, una ocupación que hace soñar a más de uno, tal es la dificultad de conseguir trabajo, explica Díaz.

El "Comedor de Nelly", sobre la avenida Iriarte, es un sitio reconfortante. Nelly Vargas, de 60 años, sirve gratuitamente 340 platos de comida por día y a cada comensal le dedica una sonrisa y una palabra de aliento.

"Los precios aumentan tan rápido que a la gente le cuesta comprar la leche, los fideos o el azúcar", se alarma al referirse a la inflación que hasta agosto sumó 24,3% y superara 40% en 2018.

Asegura que cada vez son más los que acuden al comedor. "Algunos días, no me alcanza para que todos puedan comer", dice compungida.

- "Violencia económica" -

Villa Zavaleta es apenas una de las 4.100 barriadas pobres de Argentina, en las que viven 1.340.000 personas, según un relevamiento del gobierno y las ONG.

La pobreza en Argentina, que venía en curva descendente, rompió esa tendencia en el segundo semestre de 2018 y subió a 27,3%, frente a 25,7% del periodo anterior.

Fidel Ruiz, de 23 años, a quien cada vez le cuesta más conseguir changas, afirma que "vivir en una 'villa' es muy duro, es violento, tenés que soportar la violencia económica, la violencia policial, la violencia política. Nos autogestionamos porque el Estado está ausente", sostiene.

La semana pasada, seis exprefectos fueron condenados a hasta diez años de cárcel por torturar a dos jóvenes de Villa Zavaleta.

El barrio fue fundado en 1968 como un lugar de vivienda temporaria. Cincuenta años más tarde, lo temporal es permanente.

"Ya no vendo gran cosa. Solo productos de primera necesidad. La gente no tiene un peso. Ya nadie compra yogur", relata Amelia Corbalán, que atiende un almacén de dos metros cuadrados en su casa en la calle Ernesto Che Guevara.

Esta mujer de 42 años recogió a dos vecinos adolescentes de 15 años, abandonados por sus familias, para que no caigan en la droga y la delincuencia.

Sin agua corriente ni sistema de cloacas eficiente, los habitantes de esta barriada sufren inundaciones cada vez que llueve. En cada techo hay un tanque, la única manera de tener agua todos los días.

- "Cada vez peor" -

En las estrechas calles que serpentean entre las casas de ladrillos y techos precarios, hay esparcidos restos de basura, un perro mordisquea una mandíbula de vaca.

Berta Ramos, de 63 años, va todos los días al comedor popular de Nelly. No cobra jubilación, trabaja en algunas casas y acompaña a niños a la escuela pero no llega a juntar 3.000 pesos por mes (75 dólares).

"Antes, había trabajo. Hoy es imposible conseguir uno. Está cada vez peor", se lamenta la mujer que ruega que sus hijos y nietos se mantengan lejos de la droga.

- "Más pobres que antes" -

Lola Carrera, de 46 años, vende bordados que ella misma hace a mano. Vive en una casa precaria con su hermano y su hijo de 23 años. Aporta unos 4.000 pesos (95 dólares) al hogar. Cada uno pone lo que puede.

"Ahora somos más pobres que antes. Ya no puedo comprar yogur, que el doctor me recomendó. Ahora está todo caro, queremos comprar una chapa para arreglar el techo y no se puede, antes íbamos y comprábamos, alcanzaba, y nos sobraba, ahora no", dice.

Con ayuda de La Poderosa, el hijo de Lola junto a otros tres jóvenes del barrio reciclan paletas para hacer muebles.

En las callecitas de Villa Zavaleta, a veces ocurren ajustes de cuentas entre narcotraficantes. El 7 de septiembre de 2013, una bala perdida mató a Kevin Benega, de 9 años, que estaba dentro de su casa.

"Seguimos luchando por una vida mejor, pero estamos lejos, no sé si podemos esperar un futuro mejor, pero lo esperamos", dice Roxana Benega, la madre de Kevin.

"En pocos meses, la garrafa de gas pasó de 95 a 270 pesos. ¿Cómo quiere que salgamos adelante?", se pregunta.