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Pese al éxito, José Parlá sigue reivindicando su arte urbano

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Londres (AFP)

Sus obras están ahora en galerías, museos y monumentos tan emblemáticos como el One World Trade Center de Nueva York, pero el cubano-estadounidense José Parlá sigue apegado a sus orígenes, cuando pintaba furtivamente y a oscuras en unos muros que ahora lleva con él.

"Los muros son como empecé a hacer arte, cuando era muy joven, nos escapábamos de casa por las noches y pintábamos en las paredes", explica a la AFP en Londres, donde el miércoles abre su tercera muestra en solitario, tras las realizadas en 2013 y 2008.

Era la década de 1980 y Parlá -ahora de 45 años-, un hijo de inmigrantes de la isla que, tras crecer en los barrios cubanos de Puerto Rico, acababa de regresar a su Miami natal y utilizaba su escritura mural para ganarse el respeto de los demás.

"Memorizábamos los colores de lo que teníamos que ir a pintar, porque estaba tan oscuro", dice, recordando que trabajaban a la luz de una pequeña linterna. "Y solo veías el color real cuando volvías al día siguiente a hacer una foto", afirma.

Tal vez por eso, ahora cuando camina por una ciudad, ya sea La Habana, Roma o Tokio, toma sin cesar fotografías en las que después se inspira para sus obras.

Todas las que expone hasta el 6 de noviembre en la galería Ben Browns de Londres, bajo el título "Echo of Impressions" (eco de impresiones), representan retazos de muros que podrían haber existido en esos lugares por los que viajó en los últimos dos años.

"Cuando andamos por las ciudades todos dejamos algún tipo de huella, de quienes somos o qué hacemos, algunas personas pintan en las paredes, otras lanzan cigarrillos al suelo o escupen" y acumulando esas huellas "nos hacemos eco unos de otros", afirma.

Azules y ocres brillantes en La Habana, grises y verdes oscuros en Nueva York, los colores varían según el lugar porque todas las obras, pese a ser abstractas, remiten "al entorno de donde proceden".

"Siempre he tenido la reflexión de no olvidar el entorno, de dónde vengo, la gente en esos barrios, la psicogeografía, y 'Echo of Impressions' habla mucho de eso, es una forma de seguir conectado y arraigado al tipo de realidad que a menudo se olvida en el arte", dice Parlá, quien asegura identificarse "primero como cubano".

- "Lo importante era la creatividad" -

Pintadas en su mayoría sobre lienzo, pero también sobre piezas de madera que simulan un trozo de pared, sus obras se construyen por acumulación de capas -pintura acrílica, cola, papel, yeso, esmalte, aerosol- para reproducir la sensación de un lugar modificado por el paso de la gente y el tiempo.

"Imagino que en 30 años algunas de esas capas se ha caído o alguien las arrancó", dice, así que con la ayuda de un destornillador, agrieta y rasga materiales para dejar al descubierto los que yacen debajo.

Parlá ha rehuido siempre el arte figurativo pero sus obras son "casi semirreales". "Porque si esto parece una pared, ¿es abstracto o es una representación de un lugar real?", se pregunta.

Hace años que su pintura mural dejó de ser furtiva y anónima: en 2014 pintó el inmenso "ONE: Union of the Senses" en el vestíbulo del One World Trade Center de Nueva York y en 2012 "Diary of Brooklyn" en el Barclays Center, emblemática instalación cultural y deportiva de la Gran Manzana, donde vive desde hace 23 años.

Sus obras de grandes dimensiones decoran teatros y universidades en otros puntos de Estados Unidos.

"Me gusta el impacto que tiene en la gente entrar en una sala y encontrarse con una obra muy grande, que transforma todo el espacio", asegura, "el visitante está dentro del arte".

Reconoce el legado de emblemáticos muralistas como los mexicanos Diego Rivera o José Clemente Orozco, pero estima que su obra, al carecer de elementos figurativos y narrativos, permite una visión más contemplativa.

Y reniega de la palabra "graffiti", así como del concepto de arte callejero, por considerar que "busca describirnos por oposición al arte que está en una galería o un museo, entre el arte alto y el bajo". "Es una división errónea" de la que hay que desprenderse, dice, asegurando que el arte urbano cumple una función social.

En el Miami de su adolescencia, marcado por conflictos raciales y xenofobia, "el grupo de gente que realmente se llevaba bien eran esos artistas", recuerda. "Gente que pintaban juntos, que bailaban juntos, y estaban mezclados blancos, negros, latinos".

"Lo importante era la creatividad, no el color de tu piel".

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