En Bangladés, los hombres retroceden ante el avance de las aguas

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Chalan Beel (Bangladesh) (AFP)

"El Padma lo devoró todo". Día tras día, Rukaiya Khatun ve como las oscuras aguas de uno de los grandes ríos de Bangladés se van apoderando de su hogar, una crecida debida al cambio climático al que tienen que adaptarse millones de habitantes de ese país.

En este rincón del sureste asiático, las mutaciones del planeta son una realidad cotidiana. En cinco años, más de 9.000 personas tuvieron que desplazarse ante el avance del Padma, la continuación del Ganges en su parte bangladesí, según un responsable local.

Aunque la erosión fluvial sea un fenómeno natural, esta se ha acelerado en los últimos años en el delta del Ganges a causa del cambio climático, explica Atiq Rahman, miembro del grupo de expertos del clima de la ONU, laureado con el premio Nobel en 2007.

Unos monzones cada vez más fuertes y el deshielo de los glaciares del Himalaya, de donde nacen muchos de los grandes ríos de Asia, hacen aumentar el flujo de las aguas.

Al mismo tiempo, la subida del nivel del mar plantea una seria amenaza en Bangladés, un país poco elevado y extremadamente vulnerable a los cambios del clima. Para finales de siglo, casi 20 millones de bangladesíes podrían convertirse en "refugiados climáticos", según la ONU.

Descrito como "salvaje y furioso" por un lugareño, el Padma va comiéndose poco a poco las orillas de Kalidaskhali. De forma regular, los bloques se funden y se disuelven en las aguas. En un solo día, el suelo puede ceder al río hasta cinco metros de terreno, indica a la AFP Azizul Azam, un responsable local del gobierno.

Ante el avance de las aguas, los habitantes de Kalidaskhali tuvieron que desmantelar sus viviendas apresuradamente, llevarse cuanto pudieron y cortar árboles para conseguir madera. En medio del caos, Abul Hashem dirige una mirada vacía hacia la orilla del río, que tragó el mercado en el que trabajaba.

"Mi tienda se fue hace tan solo unas horas. No tuve tiempo de trasladarla. Todo el mercado desapareció en el río en tan solo unos días", cuenta este comerciante, ahora desempleado, señalando la extensión del río, que en algunos puntos llega a alcanzar los 4 km de ancho.

- Escuelas flotantes -

Frente a la potencia inexorable de las fuerzas de la naturaleza, los habitantes tienen que adaptarse, mal que bien. En el distrito de Chalan Beel, a unas decenas de kilómetros de allí, una veintena de escuelas flotantes puebla esta zona de lagos y ríos.

"Podemos ir a clase incluso durante la temporada de lluvias, cuando nuestras casas apenas asoman por encima del agua", dice, satisfecho, Mosammat Rekha, un estudiante de siete años.

En esta región, los más pobres de este país superpoblado tenían muy difícil asistir a la escuela durante mucho tiempo. "Ahora, [los niños] tienen acceso a la educación todo el año", explica Mohammad REzwan, director de la organización Shidhulai Swanirvar Sangstha, artífice de este proyecto pionero.

Las escuelas flotantes más modestas cuentan con escritorios, bibliotecas y pizarras. Otras más elaboradas incluso tienen un piso y un tobogán y juegos recreativos. Los niños pueden usar los ordenadores, que funcionan con la energía solar.

Por la noche, cuando las clases han terminado, los adultos toman el relevo y suben al barco para aprender a plantar cultivos resistentes a las inundaciones. Para un agricultor, la subida repentina de las aguas a veces puede acabar con el trabajo de todo un año.

Bangladés invirtió más de 400 millones de dólares en una nueva agencia dedicada a la adaptación al cambio climático. Esta se encarga de proyectos como la construcción de diques, la tecnología de las granjas flotantes o las depuradoras móviles.

En Chalan Beel, la aparición de escuelas flotantes, una idea que también se puso en práctica en otras zonas de Bangladés, ha cambiado las condiciones de vida de toda una generación.

Madre de dos hijos, Mosammat Jharna apenas pudo ir al colegio, pues las imprevisibles inundaciones le imposibilitaban ir a la escuela a pie.

"Mi sueño de educar a mis hijos, incluida mi hija, se ha hecho realidad", explica, maravillada, a la AFP. "No quiero que terminen analfabetos como yo".