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Primer semestre de 2018, periodo más mortífero de la última década para los líderes sociales en Colombia

Un familiar de una víctima de "falsos positivos" sostiene un cartel con el nombre de uno de los fallecidos durante una protesta contra el ex comandante colombiano Mario Montoya fuera de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en Bogotá, Colombia, 13 de septiembre de 2018.
Un familiar de una víctima de "falsos positivos" sostiene un cartel con el nombre de uno de los fallecidos durante una protesta contra el ex comandante colombiano Mario Montoya fuera de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en Bogotá, Colombia, 13 de septiembre de 2018.

Según el último informe de una organización civil, la Fundación Ideas para la Paz (FIP), lo que va de 2018 ha sido el periodo con más asesinatos de líderes sociales en Colombia desde 2010.

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El proceso de paz firmado entre el Gobierno colombiano y la exguerrilla comunista de las FARC firmado en 2016 y que dejó más de 200.000 muertos, no ha sido un respiro para los defensores de Derechos Humanos en ese país sudamericano.

Eso por lo menos es una de las conclusiones a la que llegó la Fundación Ideas para la Paz. Juan Carlos Garzón, director del área de dinámicas del conflicto y negociaciones de paz de esa organización, explica: “En los acuerdos de La Habana hay un tema central que son las garantías de seguridad que no eran solo para los excombatientes, sino también para los líderes. Y no se están cumpliendo.”

La incapacidad del estado de implementar lo acordado en territorio sumado a dinámicas de violencia crean el escenario perfecto para el desangre de los líderes sociales. “El número de los líderes asesinados ha ido en aumento.”

Las gráficas muestran que los ocho meses de 2018, son los más violentos contra los liderazgos desde 2010. A pesar del acuerdo de paz, los líderes son más vulnerables.

Gráfica de histórico de asesinato de líderes sociales en Colombia, fuente FIP
Gráfica de histórico de asesinato de líderes sociales en Colombia, fuente FIP FIP

La explicación de las causas son varias. Lo primero, para Garzón, es que el desarme de las FARC y su salida de los territorios dio mayor visibilidad a liderazgos sociales que pasaban desapercibidos y en zonas de alta presencia armada.

Lo segundo es que, al pasar la página del conflicto armado, surgen nuevas agendas en los territorios: reivindicaciones de género, protección del medio ambiente, reclamación de tierras. Agendas que chocan con intereses que llevan incrustados en las regiones por décadas.

Y lo tercero que en los territorios que dejaron las FARC, a falta de estado, llegaron otros actores a disputarse su control. “Es como una mezcla de dinámicas, en un contexto además de una implementación muy a medias de los acuerdos con unos problemas muy graves en términos de seguridad” explica Garzón.

¿Qué luchas son las que ponen más en riesgo a los líderes asesinados?

Para la FIP son varias las agendas de liderazgo que se han visto afectadas. Los líderes que luchan por la reclamación de tierras despojadas durante el conflicto son unos de los principales blancos de los violentos.

Pero también, aquellos que se oponen a proyectos de gran escala o a la defensa del medio ambiente. Incluso quienes defienden la sustitución de cultivos ilícitos, en un país que en el 2017 según la ONU tuvo el record histórico de cultivos de coca.

¿Y qué pierde un territorio cuando asesinan un liderazgo que duró años en construirse?

Más allá de las cifras, la FIP destaca que con cada asesinato, detrás de cada número, se pierde un proceso de años de construcción social.

“Con cada líder asesinado en Colombia hemos ido perdiendo capital social, capacidad de esas comunidades de organizarse y de influir en esas decisiones; es una perdida incalculable” concluye Garzón. Cada líder muerto, deja un vacío que puede tardar generaciones en reconstruirse y que le significa a la comunidad el debilitamiento de su capacidad organizativa.

Según los estudios de la misma organización, se desconocen los autores intelectuales de la mayoría de los homicidios. Pero todo apunta a grupos ilegales mezclados con actores políticos o económicos regionales.

Y mientras el debate sobre quién, cómo o por qué están matando los líderes sociales en Colombia, continua, las cifras aumentan cada día. En lo que va del año han sido asesinado 93 líderes en distintas regiones del país.

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