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Los tres retos que enfrentará el próximo presidente de Brasil

Camisetas representando al candidato presidencial de ultraderecha, Jair Bolsonaro, ondean al frente del Congreso nacional en Brasilia, Brasil, el 6 de octubre de 2018.
Camisetas representando al candidato presidencial de ultraderecha, Jair Bolsonaro, ondean al frente del Congreso nacional en Brasilia, Brasil, el 6 de octubre de 2018. Adriano Machado / Reuters

El 7 de octubre se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Sea quien sea el nuevo mandatario, tendrá varios retos por delante a partir del 1 de enero de 2019, cuando tome posesión de su cargo.

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Brasil define su futuro político el 7 de octubre, cuando se celebran elecciones presidenciales. Todo parece indicar, según lo que revelan los sondeos de intención de voto, que el ultraderechista Jair Bolsonaro y el progresista, Fernando Haddad, irán a una segunda vuelta que se celebraría el 28 de octubre.

Estos son los tres retos que enfrentará el próximo presidente en Brasil, que sustituirá al mandatario Michel Temer y gobernará al país más grande de América Latina.

Subsanar la crisis económíca, una tarea ardua

Desde hace casi cinco años, Brasil se encuentra sumergido en una profunda crisis, marcada por el aumento dramático del desempleo y la morosidad. El país tropical empezó el año con 13 millones de desempleados. Aunque la cifra ha bajado hasta los 12,7 millones a lo largo de 2018, hay varios datos que preocupan a los expertos.

Por un lado, entre 2015 y 2017 se destruyeron casi 2,9 millones de empleos formales, según el ministerio de Trabajo. Por otro lado, en los últimos dos años cerca de 4,8 millones de personas desistieron de la ingrata tarea de buscar trabajo. Además, el número de consumidores insolventes y endeudados alcanzó la cifra de 61,6 millones.

Después de un período (2015-2016) de crecimiento negativo del PIB, los índices macroeconómicos volvieron a repuntar débilmente en 2017. Sin embargo, en el primer trimestre de 2018 el PIB subió tan solo un 0,4%. Muy lejos queda el crecimiento del 7,5% anual de la última etapa del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, cuando Brasil surfeaba con éxito la ola del petróleo y de las materias primas.

El nuevo presidente de Brasil tendrá que recuperar antes que nada la confianza de los empresarios y de los ciudadanos para que las inversiones y el consumo empiecen a sacar al país de la recesión y del bajo crecimiento.

Otros de los desafíos económicos que el nuevo presidente tendrá que afrontar es la temida reforma fiscal y de la seguridad social. La primera, considerada prioritaria por el actual presidente Michel Temer, no pudo avanzar durante su legislatura. Al ser un tema muy impopular, ningún diputado quiso abrir esta caja de Pandora en pleno año electoral. Algo parecido acontece con la reforma de la seguridad social. En 2019, el gasto en jubilaciones corresponderá al 8,4% del PIB y, debido a la tendencia demográfica de Brasil, está fatalmente destinado a aumentar.

"Todavía tenemos por delante un periodo de grandes sacrificios para la población. Creo que es imposible salir de la recesión sin un aumento de la recaudación fiscal. Y la cuestión fiscal siempre recae en las espaldas del trabajador", señala André Braz, economista de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).

Garantizar la seguridad en uno de los países más letales del mundo

Brasil es uno de los países más letales del mundo, con una tasa de homicidios 30 veces mayor a la media europea. Solo en 2017 fueron registrados 63.880 asesinatos, según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública. Este informe puso de manifiesto un récord macabro.

El país tropical tiene una tasa media de 30,8 homicidios por cada 100.000 habitantes. En algunas ciudades este dato llega a duplicarse. Es Belén de Pará, la ciudad más violenta de Brasil, hay 76,1 homicidios por cada 100.000 habitantes; en Natal son 62,7 y en Salvador de Bahía, 57,8.

El incremento del crimen organizado y las graves desigualdades sociales son, según los expertos, las principales causas de este fenómeno, junto a la crueldad policial, que el año pasado mató a 5.012 brasileños, un 19% más que en 2016.

La necesidad urgente de una respuesta por parte de Estado ha llevado a muchos electores a interesarse por las propuestas de Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a la presidencia, que promete medidas radicales para combatir la criminalidad, como la flexibilización del porte de armas para los ciudadanos y la reducción de la edad penal a los 16 años.

Por su parte, Fernando Haddad, su principal contrincante, pretende fortalecer los sistemas nacionales de información para intentar reducir el número de muertes violentas gracias a la inteligencia y al empleo de la tecnología. También plantea aumentar el control de las fronteras y mejorar la formación y cualificación de los profesionales de la seguridad.

Asegurar la gobernabilidad en un país con fuerte fragmentación partidaria

En 2016, el impeachment de la expresidenta Dilma Rousseff dejó patente que la Cámara de los Diputados ostenta el máximo poder en Brasil. En los dos años anteriores, la mayoría de los 513 diputados que se oponían a la heredera de Lula causaron un auténtico bloqueo institucional, que acabó paralizando la vida política de Brasil.

La fragmentación partidaria explica en parte este fenómeno. En 2014 había 28 partidos en el Congreso brasileño, algo que merma cualquier posibilidad de alcanzar acuerdos duraderos.

Bolsonaro, que encabeza los sondeos electorales, pertenece a un partido pequeño (PSL) sin muchas alianzas en la Cámara. En sus 28 años como parlamentario, nunca se destacó por sus influencias o contactos, ni por su capacidad de aprobar proyectos de ley.

Haddad (PT), por su parte, cuenta con un mayor número de apoyos, pero corre el riesgo de encontrarse en la misma situación de parálisis que vivió Rousseff en su segundo mandato, debido a la gran hostilidad que genera el sentimiento anti-petista en Brasil.

"Es poco probable que el próximo presidente sea capaz de formar una coalición compacta. La experiencia indica que, cuanto más heterogénea es la base, mayores son las dificultades para aprobar la agenda presidencial", afirma el sociólogo Sérgio Abranches, autor del libro 'Presidencialismo de Coalizão: Raízes e Evolução do Modelo Político Brasileiro'.

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