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De Copacabana a Rocinha, brasileños piden un cambio

4 min
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Río de Janeiro (AFP)

Fuertemente divididos tras una campaña electoral presidencial agresiva, los habitantes de Rio de Janeiro -desde la favela de Rocinha hasta la turística Copacabana- votaron este domingo con la esperanza de un cambio en Brasil.

Los circuitos electorales abrieron a las 8 en punto en la escuela municipal Cicero Penna, frente a la playa de Copacabana, en la rica zona sur de la ciudad, donde Clara Gentil, de 53 años, esperaba para votar.

"Esta elección es una oportunidad de un cambio, de una evolución, de tener más trabajo", afirmó, enumerando los problemas de un país sumido en la recesión, con miles de personas viviendo en las calles, un alto índice de desempleo y zonas enteras controladas por la criminalidad o por milicias parapoliciales.

"Es diferente a otras elecciones porque se manifiesta entre el prejuicio y la política. Porque los brasileños fueron manipulados para votar por odio", aseguró Gentil, que vestía una camiseta con la inscripción "EleNao" (Él No), consigna que ha reunido a quienes quieren impedir la llegada al poder del diputado ultraderechista Jair Bolsonaro.

El excapitán del Ejército lidera las intenciones de voto con una retórica incendiaria, la defensa de valores tradicionales y promesas de mano dura contra la delincuencia.

Pero también ha generado un fuerte rechazo en parte de la población por su historial de pronunciamientos misóginos, homófobos y racistas y sus justificaciones de la tortura durante la dictadura militar (1964-1985).

Para Agostin Morais da Silva, por el contrario, el cambio pasa precisamente por Bolsonaro. "Voy a votar con esperanza por Jair Bolsonaro, por sus propuestas. Está muy a favor de la familia. Creo que va a cambiar el país para mejor", dice este policía de 56 años.

Una esperanza que comparte Marcelene Goncalves, asistente social de 29 años, también habitante de Copacabana. "Lamentablemente nuestro país tiene muchos robos, mucha corrupción. Mi expectativa, y la de todos, es algo mejor. Entonces estamos apostando por un presidente justo, honesto y digno", afirmó, confiando en que quien suceda al impopular Michel Temer mejore la educación, la salud y la seguridad.

Brasil sufre una violencia endémica, una severa crisis económica con casi 13 millones de desempleados y una larga serie de escándalos de corrupción que han generado una fuerte desconfianza en la clase política.

Atrás quedaron los años de bonanza bajo la presidencia del izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2011), cuando los planes de inserción social y una economía boyante permitieron a más de 30 millones de brasileños salir de la pobreza extrema.

Pero el reinado de 13 años del Partido de los Trabajadores (PT) terminó brutalmente con la destitución en 2016 de su heredera política Dilma Rousseff, acusada de manipular las cuentas públicas. El propio Lula está en la cárcel por corrupción.

- Saber a quién se elige -

En la populosa favela Rocinha también claman por un cambio.

El puente peatonal diseñado por el arquitecto Oscar Niemeyer para unir la comunidad al resto de la ciudad, está tapizado de papeletas con los rostros de los distintos candidatos.

Los votantes hacen fila durante casi una hora para poder sufragar, en un centro educativo para jóvenes y adultos, frente a esta favela instalada sobre un morro que domina los barrios más ricos de Rio.

En una zona que ha sido escenario desde el año pasado de violentos enfrentamientos entre bandas de narcotraficantes y policías, el reclamo es casi unánime: seguridad, pero también salud y educación.

Antonio Pereira Moraes, de 49 años, cree que Bolsonaro puede mejorar la situación. "Brasil necesita un cambio, hay que hacer muchas cosas que otros no hicieron, sobre todo en el área de la salud. La salud está muy mal aquí", dice.

Camila Silva concuerda en el diagnóstico, pero no en la solución.

"Como mujer, como brasileña, espero que no gane", dice la joven, que vivió toda su vida en la favela y cree que el candidato del Partido Social Libertal (PSL) tiene una propuesta "patriarcal".

"Necesitamos un presidente que invierta en educación. Una persona que no tiene educación no tiene futuro", opinó.

A sus 18 años, esta es su primera elección y asegura que se informó a conciencia, siguiendo las noticias y presenciando los debates televisivos.

Pero cree que muchos no lo hacen y por desesperanza o desinformación optan por un voto en blanco o nulo. "No entienden que están en juego sus derechos", afirma. "Hay que saber a quién se elige".

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