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“¡Haddad es Lula! ¡Lula es Haddad!”

El candidato brasileño Fernando Haddad, asiste a un mitin en Belo Horizonte, Brasil, el 5 de octubre de 2018.
El candidato brasileño Fernando Haddad, asiste a un mitin en Belo Horizonte, Brasil, el 5 de octubre de 2018. Washington Alves / Reuters

De ser una figura secundaria de la política a uno de los favoritos a ganar las elecciones en Brasil, el delfín de Lula es un académico de centro izquierda.

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Hasta el 11 de septiembre, pocos en Brasil lo conocían. Fernando Haddad, un académico de origen libanés, podría ser el próximo presidente del país más poderoso de Latinoamérica. Ese día fue designado para reemplazar al expresidente encarcelado Lula da Silva en la carrera presidencial.

Haddad, aunque desconocido, tiene una importante experiencia. Fue alcalde de Sao Paulo, la ciudad más grande de Brasil, ministro de educación y tiene un doctorado en filosofía de la Universidad de Sao Paulo. Es visto como un político de izquierda muy cercano al centro, que debe su ascenso al ser ungido por el popular expresidente como su sucesor.

Y es precisamente su relación con Lula, su mayor fortaleza y su mayor debilidad. El expresidente, a pesar de estar en prisión por un escándalo de corrupción, mantiene una importante imagen positiva entre los sectores más populares del país, imagen que catapultó la candidatura de Haddad. Pero el desgaste del Partido de los Trabajadores y ese mismo escándalo, también juegan en contra de él.

Haddad un político de izquierda que no asusta a los empresarios

Uno de los slogan de su campaña política es “ ¡Haddad es Lula! ¡Lula es Haddad!” El candidato de 55 años ha usado el sentimiento de nostalgia de la clase trabajadora brasileña para hacer campaña. Los generosos programas sociales de Lula de hace una década beneficiaron enormemente a ese sector de la sociedad.

Durante su gestión como ministro de educación, se crearon 14 nuevas universidades, se repartieron millones de libros gratuitos y estudiantes de las clases más humildes pudieron ingresar a la escuela.

El desafío de Haddad será deshacerse de la imagen de ser un títere de Lula, lidiar con los sectores más duros de su partido y convencer a los electores de que no repetirá los errores económicos de los últimos años.

Haddad criticó abiertamente las políticas económicas de Dilma Roussef, presidenta destituida, políticas que llevaron a Brasil a la peor recesión en años. En un artículo en una revista especializada cuestionó los esfuerzos de la mandataria por contener la inflación a través de la reducción de los costos de los servicios públicos.

“La estabilidad macroeconómica no se puede lograr a través de la intervención microeconómica” escribió para la revista Piaui. El sector empresarial no ve con recelo a Haddad, a pesar de ser un político de izquierda.

El candidato también ha dicho que respetaría las concesiones firmadas con compañías petroleras extranjeras. Samuel Pessoa, un economista cercano, describió a Haddad como alguien muy “diferente al PT. Fernando es un demócrata y no un aventurero.”

¿Y qué pasará con Lula si Haddad es elegido?

La gran pregunta es como Haddad responderá frente al caso de Lula si es elegido presidente. La presión del partido es que el exmandatario que cumple una condena de 12 años de prisión, sea liberado. Haddad ha jurado que no hay forma de que perdone a Lula.

El candidato del PT es miembro del equipo legal de Lula y realiza visitas semanales al expresidente en su celda. Y ha abogado por su libertad en las cortes nacionales y en los escenarios internacionales. “Las ideas que defiendo han sido discutidas con Lula y cuentan con su respaldo” dijo a Reuters en una entrevista.

Falta ver si su tardía elección como candidato presidencial del PT, le cobraba factura. A pesar de la importante experiencia de Haddad, también ha sido derrotado electoralmente. Luego de su alcaldía quiso reelegirse y perdió en primera vuelta contra un novato de la política: Joao Doria, un empresario que se presentó como antilula.

Doria lo derrotó por un amplio margen, de 53% frente al 16%. Una derrota que, según las últimas encuestas, puede repetirse en una eventual segunda vuelta frente a Bolsonaro.

Con Reuters

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