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Monseñor Romero, mártir latinoamericano de la defensa de los DD.HH., será declarado santo

© Jose Cabezas / Reuters | Una mujer vestida con una camiseta del fallecido arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero , quien será declarado santo por la Iglesia Católica el 14 de octubre, participa en una misa en la Catedral Metropolitana de San Salvador, El Salvador, 7 de octubre de 2018.

Vídeo de David González

Texto por David González

Última modificación : 13/10/2018

El asesinado obispo Óscar Romero es una figura histórica de la resistencia en El Salvador. Miles de salvadoreños han viajado a Roma para asistir a la ceremonia de canonización del que muchos consideran un mártir.

El 24 de marzo de 1980 un francotirador acabó con la vida de monseñor Óscar Romero mientras celebraba la misa en la capilla del hospital Divina Providencia en San Salvador, El Salvador.

La muerte del obispo, un defensor de los más desfavorecidos y conocido como “la voz de quienes no tienen voz”, agudizó el conflicto en la nación centroamericana. 38 años después, y aunque su caso sigue en la impunidad, Romero será un santo.

El obispo es visto por unos como un símbolo de la defensa de los derechos humanos y de la resistencia a la opresión, aunque los sectores más conservadores todavía lo consideran un subversivo.

Pero más allá del debate, el Vaticano prepara la ceremonia de canonización. Por lo menos 70.000 personas asistirán. Solo de El Salvador viajarán 5.000 peregrinos para rendirle homenaje.

"En nombre de la gente que sufre, te lo ruego, te lo suplico, te ordeno en nombre de Dios: detén la represión"

Roma fue la casa del obispo por 6 años. Allí fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1941 en la capilla del Colegio Pío Latinoamericano.  A mediados de los 70, la guerra civil estalló en El Salvador. Décadas de opresión de un gobierno conservador, apoyado por Estados Unidos, estallaron en duras protestas. Los campesinos pedían derechos básicos, los sindicatos y los profesores la distribución de la riqueza y guerrillas de izquierda se alzaron en armas contra el gobierno.

En algunas iglesias rurales, curas y monjas apoyaron las protestas y denunciaron los abusos de la élite del Salvador. Señalaban a las “14 familias” dueñas de la mayoría de la tierra y la riqueza. Y la respuesta de las fuerzas de seguridad para reprimir las manifestaciones fue violenta.

En ese contexto la voz de Óscar Romero se alzó en medio de todas. El obispo hizo parte de una comisión que investigó los abusos de derechos humanos cometidos por el gobierno militar apoyado por Estados Unidos. Los medios estatales no hablaban de la violencia institucional, entonces las misas de Romero se convirtieron en la voz para y de las víctimas.

Un día antes de ser asesinado, Romero les pidió a los militares que desobedecieran las órdenes de matar civiles. “En nombre de la gente que sufre, te lo ruego, te lo suplico, te ordeno en nombre de Dios: detén la represión”, dijo en una de sus últimas homilías.

El asesinato de Romero sigue en la impunidad

El crimen del obispo no tuvo castigo. En 1993 su caso fue cerrado y solo en mayo de 2017 un juez ordenó su reapertura.

El pasado 10 de octubre cientos de personas se manifestaron contra la impunidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil en El Salvador que finalizó en 1992. Según José Lazo, de la organización Pro-búsqueda, la marcha se dio en “el marco de la alegría de la santificación” del mártir.

“Es una vergüenza tener un santo universal que encabeza la lista de víctimas de la represión del conflicto armado que no han tenido justicia en este país”, aseveró Lazo. Mujeres y hombres marcharon con fotografías del rostro de Romero junto a víctimas desaparecidas durante el conflicto, que diversas fuentes cifran entre 8.000 y 10.000 personas.

La marcha se detuvo cerca de la sede del actual partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena), partido que quedó segundo en las pasadas elecciones presidenciales, fundado por el controvertido mayor Roberto D´Abuisson. “¿Quién mató a monseñor Romero? D’ Abuisson el escuadronero”, gritaron los manifestantes.

La Comisión de la Verdad de la ONU, que investigó los crímenes de guerra, acusó a D´Abuisson en un informe de 1993 de ordenar el magnicidio.

“Monseñor Romero desde antes que lo mataran ya era un santo”

Mientras miles de personas llegan para atestiguar la ceremonia, el cardenal Gregorio Rosa Chávez dijo que la canonización de Romero provocará “un tsunami” en El Salvador.  Y no es para menos. Solo en Los Ángeles, donde miles de salvadoreños huyeron de la violencia de los 80, los sobrevivientes del magnicidio celebran la decisión de la Iglesia católica.

Guillermo Gonnzález, de 72 años, recuerda a EFE: “yo cargué el féretro del altar a la entrada de la catedral” Y dice que con la canonización por fin hubo sentido de “justicia”.

Antonio Arteaga de 62 años, que cubrió como camarógrafo el asesinato, recuerda: “Monseñor Romero desde antes que lo mataran ya era un santo.”

Durante la ceremonia se expondrá una reliquia del mártir: un estuche especial tiene partes de la costilla que le extrajeron durante la autopsia en 1980, tras su asesinato.

Con EFE y Reuters

Primera modificación : 13/10/2018

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