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¿Por qué la frontera irlandesa frena las negociaciones del brexit?

Los escalones en zig-zag conducen al fuerte de piedra prehistórico de Grianan de Aileach, donde se puede ver la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, vista desde la cercana aldea de Speenogue, Irlanda, 1 de febrero de 2018.
Los escalones en zig-zag conducen al fuerte de piedra prehistórico de Grianan de Aileach, donde se puede ver la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, vista desde la cercana aldea de Speenogue, Irlanda, 1 de febrero de 2018. Clodagh Kilcoyne / Reuters

Tras la última reunión de líderes europeos, el conflicto de la frontera irlandesa sigue siendo el punto más discutido. ¿A qué se debe la relevancia en un asunto que se remonta siglos atrás?

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Durante la última cumbre sobre el brexit de líderes europeos celebrada entre el 17 y 18 de octubre en Bruselas, la primera ministra británica Theresa May se mostró más abierta al diálogo. Sin embargo, la mandataria no cedió en los lineamientos generales de sus propuestas, especialmente en temas altamente sensibles como es el asunto de la frontera irlandesa.

“Hemos resuelto la mayoría de los problemas sobre el acuerdo de salida. Aunque todavía está la cuestión de Irlanda del Norte. Pero creo que todos queremos llegar a un acuerdo, y, al trabajar de manera intensiva y cuidadosa podemos lograr ese acuerdo. (...) el momento de hacerlo realidad es ahora”.

Una vez más el futuro de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda es el principal obstáculo en las negociaciones. Pero ¿a qué se debe que tal importancia de un asunto que a priori se podría entender como local?

Se trata de un problema que se remonta a siglos atrás. La isla de Irlanda está dividida entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. La primera es una de las cuatro naciones que constituyen el Reino Unido, conformado, además, por Inglaterra, Gales y Escocia y por lo tanto, después del Brexit ese territorio quedará, como el resto del Reino Unido, por fuera del bloque comunitario.

Del otro lado está la República de Irlanda, un Estado (autoproclamado independiente en 1916, aunque no fue hasta 1949 cuando finalmente alcanzó su soberanía) y miembro del bloque, por lo que tras el brexit seguirá siendo uno de los 27 países que conformarán la Unión Europea.

Frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.
Frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. France 24

Tras siglos de guerras y enfrentamientos, en 1968 estalló el conflicto moderno de Irlanda del Norte, que ya se había constituido como Estado del Reino Unido. Fueron casi tres décadas que dejaron a su paso miles de muertos entre enfrentamientos por motivos políticos, religiosos y territoriales.

En ese conflicto participaron, por un lado, los llamados Unionistas, de religión protestante y afines a que Irlanda del Norte continuara siendo parte del Reino Unido, y por otro, los republicanos irlandeses, un grupo católico minoritario que abogaba por la independencia o por que Irlanda del Norte se integrara a la República de Irlanda, país con una población principalmente católica.

Tras décadas de atentados y masacres perpetrados por los dos bandos, tanto en Irlanda del Norte como en el país vecino, finalmente en 1998 se firmó el Acuerdo del Viernes Santo con el que se aseguraba la creación de un gobierno con participación política tanto de católicos como de protestantes.

Pero la creación de una frontera física entre Irlanda del Norte e Irlanda podría encender nuevamente el fuego de los enfrentamientos entre los protestantes unionistas, que defienden la pertenencia al Reino Unido, y los católicos, que abogan por la unificación con Irlanda. Muchos temen que la frontera vuelva a convertirse en diana de ataques terroristas, algo que tanto Londres como Bruselas temen y tratan de evitar.

May rechaza las propuestas de la Unión Europea

Tras la salida del Reino Unido del bloque se instaurarían controles aduaneros en la frontera irlandesa. Para desvarar las negociaciones y evitar que aflore el conflicto irlandés nuevamente, la Unión Europea ha propuesto que Irlanda del Norte tenga un estatus especial que le permita quedar dentro de la unión aduanera y del mercado único comunitario.

Y aunque muchos darían luz verde a la propuesta de Bruselas sin pensarlo dos veces, May ha sido muy clara en que “nunca podría aceptar eso” por considerar que amenaza la soberanía y la integridad territorial británica, ya que Irlanda del Norte continuaría rigiéndose con las normas europeas en tanto que el resto del Reino Unido lo haría con los dictámenes de Londres.

May ha hecho varias contrapropuestas a Bruselas, presionada tanto por algunos miembros de su partido, que defienden un brexit duro como por la oposición, que sigue cuestionando qué tan beneficiosa será la separación del país del resto del bloque.

Entre las alternativas planteadas May solicitó a los 27 un acuerdo aduanero en el que las mercancías pudieran tener libre circulación en el Reino Unido, pero en el que se limitaría la entrada de servicios y personas, algo rechazado tajantemente por Bruselas.

Ante un Brexit sin acuerdo podría ampliarse el plazo de las negociaciones

Pero ante la posibilidad de un brexit caótico, las dos partes parecen haber tomado una buena dosis de cordura. Y es que de llegar a la fecha límite (29 de marzo de 2019) sin acuerdo entre los implicados, varios escenarios inquietantes quedarían a la vista. En primera fila, el conflicto irlandés, pero además no habría un período de transición que permitiera a las empresas adaptarse a las nuevas normativas, lo que resentiría aún más la economía de lado y lado.

Por el momento, y tras la última reunión en Bruselas, ambas partes se mostraron abiertas a ampliar el período de negociaciones para encontrar una solución al tema fronterizo.

En principio el plazo podría alargarse hasta el 31 de diciembre de 2021. Aunque ya los equipos negociadores se han mostrado a favor de ampliar el plazo, es de esperar el que el ala más dura del partido de May no quede satisfecha por tratarse de una etapa en la que el Reino Unido seguiría sujeto a las normativas europeas sin tener voto en las decisiones a nivel continental.

Con EFE

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