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El muro, proyecto bandera del Gobierno Trump, no ha iniciado su construcción

La política de Donald Trump preocupa y divide a la población de EE. UU., un país que se ha construido gracias a la inmigración.
La política de Donald Trump preocupa y divide a la población de EE. UU., un país que se ha construido gracias a la inmigración. ARTE

Hay ocho prototipos y un presupuesto que supera los 20.000 millones de dólares. La construcción de la barrera entre Estados Unidos y México será un asunto decisivo en las elecciones de Congreso que se celebrarán en las próximas semanas.

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Jim Chilton calcula que al año unas 40.000 personas atraviesan por su rancho en Arizona, una hacienda ganadera cuyo límite sur es la misma línea divisoria entre Estados Unidos y México. Si hubiese un muro, dice, la gente no moriría en Chilton Ranch o en otros ranchos de Arizona. La mayoría de los estadounidenses en este estado, así como en Texas, quieren que se construya la muralla que prometió el presidente Donald Trump cuando estaba haciendo campaña en 2016.

En los otros dos estados fronterizos, California y Nuevo México, ganó Hillary Clinton en esa reñida carrera por la Presidencia. Pero el presidente Trump no mira a esas diferencias. "El pueblo estadounidense votó a favor de controles migratorios. Esa es una de las razones por las que estoy aquí. El pueblo americano lo merece y lo tendrán", anunció el mandatario estadounidense a finales de julio, en un intento más por lograr la aprobación de su proyecto en el Congreso.

En ese momento, Trump anunció un shutdown [2] (un paro gubernamental, una figura muy utilizada en las últimas décadas en Estados Unidos cuando hay discrepancias entre el Ejecutivo y el Legislativo en temas de financiación) si los demócratas se rehusaban a aprobar el presupuesto para el muro fronterizo, que supera los 20 mil millones de dólares.

El efecto de las políticas migratorias de Trump y el futuro del muro

"Trump ha hecho declaraciones para hacer visible que sigue sobre el mismo punto. Que está pendiente del muro", dice Eunice Rendón, coordinadora de Agenda Migrante, una organización que coordina apoyos para los migrantes en los distintos estados de Estados Unidos. "Pero en 2 años de gobierno no ha quedado claro cómo piensa hacer el muro. Hasta hoy ha sido un fracaso", afirma esta mexicana que busca información y asesoría legal para quienes quieren cruzar la frontera, o para quienes ya están del otro lado y enfrentan las nuevas políticas estadounidenses.

Porque para Rendón lo más grave no es el muro, que al fin y al cabo todavía no está en ejecución, sino el giro que ha dado la política migratoria con la administración Trump. "El perfil del deportado ha cambiado", dice Rendón, y explica que antes la mayoría de los deportados eran detenidos en la frontera. Pero que ahora se han deportado migrantes que tenían más arraigo y patrimonio en territorio estadounidense.

A lo anterior se suma el intento de la administración Trump por eliminar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o DACA (por sus siglas en inglés: Deferred Action for Childhood Arrivals). Este programa, instaurado en el gobierno Obama, buscaba beneficiar a quienes habían llegado en su infancia a Estados Unidos y estaban integrándose a esta sociedad.

Según Rendón, las deportaciones que han afectado a estos jóvenes (conocidos como dreamers), y las que han separado a menores de sus padres, reflejan la faceta más agresiva de la política migratoria estadounidense en la actualidad. Y quizá la más impopular.

El muro fronterizo entre EE.UU. y México como un acto violento

El profesor Reviel Netz es catedrático de clásicos y filosofía en la Universidad de Stanford. Parte de su trabajo se enfoca en la historia del conocimiento y las prácticas que llevan a moldear la sociedad. En 2004 publicó el libro 'Alambre de púas. Una ecología de la modernidad'. Un ensayo histórico y social que recorre la creación del alambre de púas desde su uso en las grandes llanuras estadounidenses hasta su ocaso como herramienta de control en el gulag, los campos de trabajo forzado en la Unión Soviética.

Según Netz, el alambre de púas tuvo un rol crucial durante el final del siglo XIX y la primera mitad del XX porque sirvió para suplir las necesidades de un periodo de transición en el mundo. Era a la vez un mecanismo para dividir y para violentar. Pero, en su análisis, estos alambres (que hoy se ven a diario dentro y fuera de las ciudades) perdieron protagonismo o su rol decisivo en la separación entre adversarios.

Al ser consultado por France 24 sobre si se atrevería a replantear esta tesis, teniendo en cuenta ejemplos como el de los campos de refugiados en Europa, la idea del muro fronterizo entre Estados Unidos y México o la Franja de Gaza, su respuesta ofrece una nueva forma de entender el problema:

"El punto es que todas las paredes que vemos en las noticias surgen de la asimetría. El poder centralizado está tan establecido que cualquiera que venga de las márgenes es vastamente inferior y puede ser detenido con muy baja tecnología", apunta el profesor Netz.

Como uno de los ocho prototipos de pared que hoy se exhiben en San Diego, California. Bloques de hierro y hormigón de cerca de diez metros de altura diseñados para evitar ser escalados o atravesados subterráneamente.

"Este es, de hecho, un acto simbólico. El asunto detrás de una pared de baja tecnología, hoy en día, es que no solo actúa de manera práctica para detener a los que no tienen poder; es un marcador de la asimetría del poder", añade el profesor de Stanford.

Pero todavía está por definirse quién tendrá más poder para empezar a instalar, o no, el muro. El Congreso de Estados Unidos aprobó a finales de septiembre parte del presupuesto para el gobierno estadounidense durante 2019.

Pero los fondos necesarios para el muro están pendientes. Tendrán que pasar las elecciones del Congreso (en las cuales "el muro" será un asunto protagónico) y retomar la conversación sobre si aprobar el presupuesto o no el 7 de diciembre.

El prototipo del muro que más le gustó a Donald Trump, cuando fue a verlos a comienzos de marzo de este año, tiene unas características muy especiales. Es alto, por supuesto, y en la parte superior tiene bloques de concreto (con púas en lo más alto), pero en la parte baja tiene barrotes, para poder ver a través de él. Extendido a lo largo de la frontera es fácil imaginarlo como una larga celda. Quien se hiciera de cualquier lado podría no saber si está adentro o afuera, si está preso o libre.

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