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Reporteros

Los rohingya, un pueblo que anhela un retorno casi imposible

En medio de epidemias, hacinamiento y un constante clima de tensión se encuentran viviendo más de un millón de rohingya que huyeron de la violencia en Myanmar hacia Bangladesh. Las autoridades de Myanmar niegan que el episodio se haya tratado de una "limpieza étnica" y califican sus acciones hacia los civiles como daños colaterales de la lucha contra los rebeldes armados del movimiento Arsa.

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En los alrededores de Bazar de Cox, un puerto pesquero de Bangladesh, los bangladesíes han visto cómo se levanta el campo de refugiados más grande del mundo. Cerca de un millón de integrantes de la minoría musulmana rohingya tuvieron que instalarse tras la ofensiva llevada a cabo por el ejército de Myanmar.

Un equipo de reporteros de France 24 logró llegar a este lugar y conocer cómo es el día a día de los rohingya que lograron cruzar la frontera. Hoy este grupo de personas vive de las acciones que realizan diversas ONG en la zona, pero a pesar de ese trabajo, las condiciones en las que se encuentran son precarias.

La presión es mayor debido a las acciones del Gobierno de Bangladesh que busca evitar que este grupo se disperse por el país. Cualquier rohingya que salga de los campamentos para refugiados es detenido por las autoridades.

Los niños sufren especialmente esta situación. Ellos representan casi la mitad de quienes se encuentran refugiados en Bangladesh. Muchos, debido a las heridas que sufrieron sus padres, han tenido que asumir el rol de cabezas de familia. Otros no pueden acceder a las escuelas y quienes sí, acuden solo por unas pocas horas.

La naturaleza también borra las huellas de la violencia

A pesar de que las carreteras de Myanmar se encontraban dañadas por las lluvias monzónicas, Clovis Casali, reportero de France 24 logró acompañar a los soldados del Ejército de Myanmar, acusados de "limpieza étnica" contra los rohingya, en un recorrido por la zona.

A lo largo de las carreteras se aprecian urbanizaciones nuevas construidas para los budistas de Myanmar. Algo que parecería indicar que el Estado busca reemplazar a los rohingya. Y ante eso, incluso la naturaleza hace parte del trabajo, ocultando las cenizas de lo que en algún momento fueron hogares de la minoría.

Las autoridades policiales e integrantes del Ejército de Myanmar niegan haber participado de una "limpieza étnica". Por el contrario, argumentan que sus acciones fueron en contra de los rebeldes del Ejército de Salvación Arakan Rohingya (Arsa por sus siglas en inglés) y que los daños colaterales fueron los que ocasionaron a su vez daños a los civiles.

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