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Un Estados Unidos a la medida de Donald Trump

Por las calles de Upper Cumberland, una región rural del norte de Tennessee, al encuentro de los electores de Donald Trump.
Por las calles de Upper Cumberland, una región rural del norte de Tennessee, al encuentro de los electores de Donald Trump. ARTE

Contra todo pronóstico, en 2016 el magnate Donald Trump se convirtió en el presidente de EE. UU, una de las mayores economías del mundo. ¿Cómo explicar su ascenso y encanto con los pequeños empresarios?

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Corre el año 2016, Hillary Clinton y Donald Trump están en plena contienda electoral. Mientras conduce por Celina, una pequeña ciudad del estado de Tennessee, el lugareño Joe Coel canta 'Rainbow Stew', una famosa canción de música country. Le gusta porque habla de "cómo los políticos prometen el cielo pero cuando llegan al poder no cumplen sus promesas". Por eso "Trump es famoso aquí", dice Coel, porque “no es como los demás”.

Coel es dueño de una pequeña fábrica que produce indumentaria de defensa para el Ejército de Afganistán y las fuerzas armadas de su país. Cuando muestra su negocio lo hace con desencanto. "Antes tenía 350 empleados y ahora solo 50". Con el declive de las fábricas de textiles que se trasladaron a México y a China en la década de los noventa todo se vino abajo.

"Esos estúpidos tratados (de libre comercio), hechos por los políticos nos han enfurecido. Solo piensan en las grandes multinacionales", dijo Coel. Pero ahora tiene fe. "Creo que Trump apoyará a las pequeñas empresas. Él no es un político, él dirige empresas, eso significa mucho".

Esos tratados comenzaron en la Administración de Bill Clinton y continuaron en la presidencia de George W. Bush, afectando drásticamente los empleos locales. Con la crisis financiera del 2008 la situación empeoró. Para ese año, el desempleo en Tennessee era del 10, 5 %, según el portal de estadísticas e investigaciones de mercado 'Statista'. Para 2016, cuando Trump estaba en campaña se ubicó en 4,7%. Una cifra todavía compleja.

Trump y la esperanza del sueño americano, para los americanos

Por eso, durante las elecciones "el discurso de Trump se enfocó hacía esa población de clase trabajadora, asustada y desempleada", explicó Muni Jensen, coautora de "Trump, el triunfo del Showman". Él llegó a la presidencia porque entendió "dónde estaban sus votantes y qué querían escuchar. Descubrió que había un público desencantado, que no se sintió incluido en el Gobierno de Obama y que estaba golpeado económica y moralmente", señaló la experta.

Eso era lo que sentían los habitantes de Tennessee y muchos del centro del país. Para los políticos de Washington sus necesidades no importaban. Muchos ciudadanos en Celina, por ejemplo, no podían acceder a servicios básicos como la odontología así pagaran un seguro médico, porque eso no lo cubría. Entonces pasaban noches enteras esperando afuera de un coliseo para ser atendidos por odontólogos de una ONG.

"Este es uno de los países más ricos, por qué tenemos que sufrir", se preguntaba una de las mujeres que aguardaba a la intemperie. Mientras tanto, Trump seguía tomando fuerza. En un mitin político en Virginia previo a los comicios, el neoyorquino fortalecía su discurso: "estoy con ustedes los ciudadanos estadounidenses, lucharé por ustedes, volveremos a hacer de EE. UU. un país rico, fuerte y seguro".

Qué importaba que fuera un hombre de negocios y que no guardara las formas. "Es muy sincero, no tiene pelos en la lengua, dice lo que piensa y eso le gusta a mucha gente que está harta de los políticos que se van con rodeos" dijo una mujer que hacía campaña por el magnate en Celina. El pastor evangelista Steve Warren, uno de los que más lo apoyó, sostenía lo mismo. "Es tiempo de poner otra vez la fibra patriótica en EE. UU. Yo pienso que Trump es el hombre que nos puede volver a encarrilar y devolver la grandeza al país", dijo el líder cristiano.

Trump les dijo a los votantes lo que necesitaban escuchar. Su retórica de "devolver la grandeza a EE. UU." funcionó. Esa fue una especie de promesa de resurrección para muchos como Joe Coel, que sueña con impulsar su pequeño negocio. Aunque él votó por Obama ahora lo ve más claro: "voy a votar por Trump. No soy racista ni patético, pero quiero a mi país devuelta, quiero que el sueño americano vuelva". Trump está construyendo un país a la medida de sí mismo y de sus votantes.

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