Diás Muertos - Bolivia

Vivir con calaveras y adorarlas en Bolivia

Vista del altar levantado en la casa de Elizabeth Portugal donde se exhiben 73 calaveras humanas a las que se veneran como parte de la tradición de las Ñatitas, relacionada con la festividad del Día de los Muertos.
Vista del altar levantado en la casa de Elizabeth Portugal donde se exhiben 73 calaveras humanas a las que se veneran como parte de la tradición de las Ñatitas, relacionada con la festividad del Día de los Muertos. Javier Aliaga / France 24

La convivencia con calaveras humanas a las que se venera a cambio de invocar su protección ha dejado de ser considerada una tradición macabra y clandestina en La Paz.

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Lo que era una práctica a puertas cerradas ya tiene un modesto lugar de culto en una casa del populoso barrio paceño de Los Andes, en Bolivia, donde Elizabeth Portugal expone un total de 73 calaveras, una de ellas muy requerida al estar momificada y tener una perfecta melena trenzada.

La mujer asegura que con la ayuda de las almas de las calaveras, conocidas popularmente como “ñatitas” debido a que les falta la nariz, se ha convertido en una consejera para salvar matrimonios, deshacer maleficios, curar a enfermos y hacer prosperar los negocios.

La señora cuenta que cuando comenzó hace veinte años tenía solo a la "calaverita" Oscar, pero desde entonces logró acumular los 73 cráneos gracias a que muchas familias se las entregaron para que sean objeto de veneraciones.

Las calaveras tienen nombres como Francisco, Sandrita, Diego, Panchito, Pochita e Isidro, apelativos que están bordados en las gorras de lana que las cubren. A las “ñatitas”, de forma simbólica, se les ofrece comida, bebida y hojas de coca para que las mastiquen. Todo eso contribuye a un trato familiar.

"Esto no es brujería para mí. Lo que yo hago es salvar vidas, a las personas, protegiéndoles con ellas (calaveras) y con Dios. Eso es lo que es mi trabajo", subraya Portugal en declaraciones a France 24.

A su casa asisten muchas personas que poseen sus propias calaveras, pero quieren honrar las que están en ese peculiar altar. Ella prefiere no decir cuánto cobra por sus servicios porque, según alega, "la vida no tiene precio".

Allí, los devotos prenden velas, rezan, comparten dulces, cigarrillos y tragos de alcohol para desgranar las historias de los supuestos favores recibidos y cuentan los sueños en los que, según creen, aparecen las almas para presentarse.

"La cabeza es una fuente de poder"

¿Cómo se explica que las personas convivan con cráneos que han pertenecido a hijos, padres, madres, abuelos y abuelas, a amigos o desconocidos? La respuesta está en que la tradición andina cree que "la cabeza es una fuente de poder".

Así lo explicó a France 24 el antropólogo Milton Eyzaguirre, un estudioso del contexto del mundo andino indígena alrededor de la muerte.

La percepción de que las cabezas pueden trasmitir fuerza y sabiduría para enfrentar los problemas tiene su origen en la legendaria cultura preincaica de Tiahuanaco, que tuvo su epicentro en el actual territorio andino de Bolivia.

Elizabeth Portugal muestra a la calavera bautizada como Sandrita, que es una pieza momificada y forma parte del grupo de 73 cráneos a los que se venera en su casa.
Elizabeth Portugal muestra a la calavera bautizada como Sandrita, que es una pieza momificada y forma parte del grupo de 73 cráneos a los que se venera en su casa. Javier Aliaga / France 24

El arte tiahuanacota legó figuras de cazadores de cabezas, de humanos con cabezas de pumas, tejidos con cráneos trofeo y el Templete Semisubterráneo, situado en el altiplano, que está adornado con testas de piedra, explica el autor.

Según Eyzaguirre, al contrario del mundo occidental que relaciona la muerte con lo sangriento y lo macabro, la cultura andina considera que “la muerte trae a la vida”, de tal forma que las festividades dedicadas a la muerte en noviembre son también expresiones “de alegría y felicidad”.

Iglesia: “se tolera, pero no se comparte”

La Iglesia católica se ha pronunciado contra la veneración de las calaveras porque es contraria a la doctrina del cristianismo, pero no ha podido hacer mucho para convencer a los católicos de abandonar esa práctica.

La iglesia rechaza que se atribuyan poderes sobrenaturales y ocultos a las calaveras y tampoco está de acuerdo con que se profanen tumbas y peor que los cráneos sean separados de los cuerpos.

El secretario de Capilla del Cementerio General, Julio Quenta, explica France 24 que “se tolera, pero no se comparte” la tradición.

“La doctrina católica dice que el cuerpo es el templo del alma y una vez que el alma se va, el cuerpo ya tiene que descansar (…) Cuando venga Cristo vamos a resucitar con él, pero si andan manejando una cabeza y el cuerpo está por ahí o están desperdigados los huesos por ahí, no hay coherencia”, dijo Quenta.

Las tensiones aparecen cuando los creyentes en las “ñatitas” exigen cada 8 de noviembre al sacerdote de la capilla del cementerio que celebre una misa y rocíe los cráneos con agua bendita, algo que él rechaza hacer.

No obstante y para evitar posibles problemas mayores, la capilla permanece abierta ante la masiva visita de los adoradores de calaveras.

El tener una “ñatita” en casa se ha extendido desde los hogares en el campo o en zonas periurbanas a lugares residenciales en La Paz. La creencia de que dan protección ha seducido a profesionales como policías, médicos y abogados.

El exembajador de Bolivia en Irán, Jorge Miranda, una persona relacionada con el mundo cultural de su país y actualmente funcionario de la Cancillería, contó a France 24 que poseía dos “ñatitas” muy especiales: una de origen tiahuanacota y otra con dos filas de dientes en la parte superior de la boca.

Debido a su falta de tiempo, Miranda regaló las calaveras a un chamán aimara para que estén mejor atendidas en un sitio especial donde no falte incienso.
“Están bien ahí. Porque yo las voy a descuidar y cuando las descuidas también se vengan", apunta Miranda entre risas para luego insistir en que la relación del hombre andino con los muertos “no tiene nada de macabro, sino que es normal”.

Para “alegrar” a las calaveras, los devotos de la festividad preparan una fiesta a todo dar en un local, con decenas de invitados que comerán y beberán alcohol el 8 de noviembre para probar que la muerte también es objeto de celebraciones. 

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