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Historia

Primera Guerra Mundial: la historia que acabó con los imperios

El 11 de noviembre de 1918 marcó la rendición alemana luego de 4 largos años en los que primaron los combates de trincheras. El cese de la guerra también marcó el final de los imperios austro-húngaro, turco-otomano, ruso y alemán.

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El 11 de noviembre de 2018 es la fecha que conmemora los 100 años del final de la Primera Guerra Mundial, un conflicto que empezó en 1914, cuando en Europa se vivía una época volátil y de inestabilidad.

Alemania, prevenida de un nuevo conflicto contra Francia, luego de la guerra franco prusiana de 1870, tenía como aliados al Imperio Turco Otomano y al Imperio Austro Húngaro.

La tensión en Europa escaló el 28 de junio de 1914, cuando el único heredero del Imperio austro húngaro y su esposa fueron asesinados en las calles de Sarajevo.

El asesino del archiduque Franz Ferdinand fue un estudiante radical que pertenecía al movimiento Bosnia Joven, y que luchaba por la creación de un estado independiente para los eslavos del sur de Europa.

La desazón del Imperio Austro Húngaro por la muerte de su único heredero se materializó en acciones bélicas contra Serbia.

Mientras que Rusia y Francia rechazaron los ataques en Belgrado, Alemania apoyó a su aliado austríaco y les declaró la guerra a ambos países.

La Primera Guerra Mundial se conoce como una guerra de trincheras

En agosto de 1914, los alemanes lanzaron el primer ataque al invadir Bélgica en la Batalla de Lieja. Este hecho produjo la rendición de los belgas y el ingreso del Reino Unido en la guerra.

Los alemanes temían un conflicto extenso contra Francia y Rusia, en dos diferentes frentes. De modo que concibieron el Plan Schlieffen: una serie de ataques rápidos para vencer a Francia en el frente occidental, y luego concentrarse contra los rusos en el frente oriental.

Pero franceses e ingleses lograron sofocar las ambiciones de un millón y medio de soldados alemanes en las Batallas de Marne y de Ypres.

A partir de entonces, la guerra cobró una nueva dimensión. Los ejércitos se anclaron, cavaron zanjas y equiparon trincheras.

Esta fue una de las principales características de la primera guerra mundial, cuatro años de barro, enfermedades y muerte. Así lo recuerda Georges Luce, un veterano de guerra francés:

"Jugábamos a las cartas en las trincheras, y mientras eso, tu compañero quedaba atrapado en un fuego cruzado y muy pronto estaba muerto. Ya no considerabas la pérdida de alguien como algo extraordinario. Era una vida imposible. Teníamos piojos, no nos lavábamos, y en el invierno había lodo en todas las trincheras"

El final de la guerra redibujó el mapa de los imperios en Europa y Asia

En 1915 se sumaron a la guerra soldados coloniales de países como Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Suráfrica e India, para apoyar el bando de los aliados.

En abril de ese año, las fuerzas armadas de Australia y Nueva Zelanda se embarcaron en un bombardeo naval en Galípoli, actual Turquía, con el objetivo de abrirle paso marítimo a los rusos. Esta fue una campaña de 8 meses desastrosa para los aliados. El calor y las enfermedades afectaron a 300 mil personas y obligaron a los aliados a retirarse.

La victoria de los turcos otomanos en Galípoli fue el oxígeno para mantener su Imperio vivo por 3 años más, antes que franceses e ingleses les arrebataran a Mesopotamia, Siria y Palestina. La guerra sería un golpe contundente para acabar con más de 600 años de este imperio.

Otro imperio que cayó fue el Austro Húngaro, por cuenta de las victorias italianas en 1918.

Y los rusos que habían batallado contra los Austro Húngaros en el frente oriental, sufrieron la revolución bolchevique de 1917, que produjo el colapso de la monarquía y los forzó a abandonar a los aliados.

Así, se redibujó un nuevo mapa de los territorios euroasiáticos.

La rendición alemana sembró una de las semillas de la segunda guerra mundial

Acabado el frente oriental y resquebrajados los imperios, los alemanes se concentraron para atacar a franceses e ingleses en 1918. Pero su pie de fuerza se debilitó al punto que los aliados contraatacaron con el apoyo estadounidense.

Alemania no tuvo más alternativa que rendirse y pedir un armisticio.

Londres y París celebraron aquel 11 de noviembre de 1918.

La paz se firmó con el Tratado de Versalles de 1920. Alemania tuvo que entregar territorios, armas, y pagar exorbitantes sumas de dinero a los países afectados.

El sometimiento de los alemanes, para muchos fue considerado una humillación, aspecto que desencadenó la llegada de Hitler al poder en los años 30.

La semilla de la segunda guerra mundial había sido sembrada.

Con Reuters

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