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La Cumbre Iberoamericana pone a prueba la capacidad para cooperar de los dirigentes

El rey Felipe VI, el presidente de Guatemala, Jimmy Morales; la secretaria iberoamericana, Rebeca Grynspan; el presidente de México, Enrique Peña Nieto; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez; y la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez; durante su participan en el XII Encuentro Empresarial Iberoamericano, parte de la XXVI Cumbre Iberoamericana, en Antigua (Guatemala), el 15 de noviembre de 2018.
El rey Felipe VI, el presidente de Guatemala, Jimmy Morales; la secretaria iberoamericana, Rebeca Grynspan; el presidente de México, Enrique Peña Nieto; el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez; y la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez; durante su participan en el XII Encuentro Empresarial Iberoamericano, parte de la XXVI Cumbre Iberoamericana, en Antigua (Guatemala), el 15 de noviembre de 2018. Mauricio Dueñas / EFE

Los 22 representantes de países hispano y lusohablantes, difícilmente podrán esconder sus diferencias de cara a la coyuntura política. Tanto la situación en Venezuela como las alternancias en Brasil y México pesan sobre posibles proyectos comunes.

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Con el lema “una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible”, arrancó la vigésima sexta edición de la cumbre que pretende articular una acción conjunta entre los países hispano y lusohablantes. Una apuesta de enlace entre varias regiones del continente que fue impulsada por España a partir de 1991.

A través de la presencia del presidente del Gobierno en la Antigua Guatemala, el 15 de noviembre, pero también del Rey Felipe VI, este encuentro demuestra su importancia estratégica.

“Juntos somos más y mejores”, lanzó el soberano ibérico en el marco del encuentro con empresarios y defendió el desarrollo de los enlaces comerciales que permiten “promover y difundir la prosperidad”.

De hecho, este encuentro, que tiene lugar cada dos años desde 2014, suele concentrarse en temas consensuales, como las inversiones privadas, en vez de abordar los temas políticos sensibles; aún más cuando pululan.

Eludir los temas sensibles

La primera en mencionar una crisis regional fue Marta Lucía Ramírez, la vicepresidenta de Colombia, quien se refirió a la “tragedia humanitaria que sufre todos los días el pueblo”, en referencia a Venezuela, país del cual huyeron unos tres millones de personas, conforme han indicado las cifras e Naciones Unidas, crisis que surgió a causa de “la falta de solidaridad latinoamericana”, según ella, “lo que está pasando allá puede pasarnos a cualquiera de nosotros”, alertó.

Por otra parte, luego de recibir un doctorado “honoris causa” de la Universidad de San Carlos de Guatemala, el presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó haberse “acostumbrado” al poder. “No quiero salir, y ese es el problema que tengo”, dijo, a menos de un año de las elecciones en las cuales busca competir.

Frente al fenómeno de las caravanas de migrantes que intentan llegar a Estados Unidos, el presidente de Honduras instó a sus homólogos a “hacerle justicia al café”, al instaurar precios justos para los productores, con el fin de impedir una mayor migración.

Se estaría preparando un documento común acerca de las crisis migratorias en curso en la región, texto que -probablemente- formulará intenciones en lugar de compromisos.

El sueño de un multilateralismo iberoamericano tropieza sobre las fuertes divisiones y los cambios políticos en curso. Las posesiones de Andrés Manuel López Obrador, en México, y de Jair Bolsonaro, en Brasil, mantienen en vilo a las diplomacias, que tendrán que esperar cuáles serán las posturas concretas al instalarse los gobiernos, más allá de las campañas.

 

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