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La incertidumbre de los refugiados nicaragüenses en Costa Rica

La mayoría de los refugiados nicaragüenses en Costa Rica son estudiantes y personal médico según constató la CIDH.
La mayoría de los refugiados nicaragüenses en Costa Rica son estudiantes y personal médico según constató la CIDH. Jorge Hurtado / France 24

"Estamos jodidos", exclama Ramón, un refugiado nicaragüense que llegó hace tres meses a Costa Rica, al tiempo que se apresura a dar las últimas pitadas del cuarto cigarrillo que ha fumado esta fría mañana en San José, su refugio.

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Ramón es un hombre moreno, robusto y panzón de 56 años. Está sentado junto a otros seis nicaragüenses –que también huyeron de la represión en su país- en el parque La Merced, en el corazón de la capital costarricense y reconocido sitio de reunión de la comunidad de migrantes de Nicaragua. “Pasen a la oficina”, bromea, mientras el resto se lanza a reír sin discreción.

El parque, cuyo nombre debe a la iglesia Nuestra Señora de la Merced, está poblado por un nutrido grupo de nicaragüenses resguardados por efectivos policiales luego de que el 18 de agosto pasado unos 400 nacionalistas costarricenses inconformes con su presencia llegaron a confrontarlos. La policía intervino y capturó a 44 personas, 38 de ellas costarricenses y 6 nicaragüenses.

Ramón –que no es su nombre real- accedió a conversar con France 24 luego de solicitar identificarnos en varias ocasiones para contarnos cómo es su vida de refugiado. A pesar de no estar solo, el fantasma de persecución política que creyó dejar atrás en su país lo persigue hasta aquí, donde ha buscado refugio como miles de sus compatriotas.

“Uno nunca imagina que va a estar en esa situación”, reitera. Cuenta que desde el 22 julio que llegó a este país no ha dejado de buscar empleo sin conseguirlo hasta hoy. Cada mañana junto a sus compañeros de “la oficina” se ponen de acuerdo para compartir vacantes que encuentran en el periódico o recomendaciones de personas que tratan de apoyarlos. Anotan las direcciones y llevan sus papeles con la esperanza de recibir la llamada de un empleador.  

El resto del tiempo se la pasa en largas filas de tres iglesias católicas donde feligreses donan comida a cientos de refugiados nicaragüenses. Regresa con sus compañeros al parque con un pequeño carné que resguarda bien porque lo identifica como beneficiario de alimentos.

Hasta hace tres meses Ramón laboraba en un taller de mecánica en Masaya, la ciudad que se reveló contra el gobierno de Daniel Ortega durante casi cuatro meses y que al ser reprimida sumó más de 40 muertos y decenas de apresados por participar en las manifestaciones. Ramón apoyó a los jóvenes en las barricadas que paralizaron la ciudad y enfrentaron a leales de Ortega con bombas artesanales conocidas como “morteros”. “Yo sabía que venían por mi cabeza. Muchos decidimos huir”, cuenta.

El 17 de julio a mediodía Ramón se despedía apresurado de su familia en el barrio indígena de Monimbó. Alistó su mochila y se escondió en la selvática laguna que rodea Masaya para evitar ser captura o asesinado por las “fuerzas combinadas” afines al gobierno que superaban los 3 mil hombres armados, incluso con armamento de uso militar y de alto calibre como AK47, fusiles de francotirador Dragunov, M24 Remington, FN SPR, así como ametralladoras RPK, PKM y hasta lanzagranadas tipo RPG-7, según detalló Amnistía Internacional en su informe 'Sembrando el terror: De la letalidad a la persecución en Nicaragua'.

CIDH constató situación de refugiados en Costa Rica

“La llegada de la mayoría de las personas a Costa Rica se inicia una vez que comienza la llamada “Operación Limpieza” implementada por la Policía Nacional, así como por fuerzas parapoliciales armadas, para desmantelar los llamados tranques y atacar a los manifestantes que se mantenían en ellos”, dice un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, tras una visita a Costa Rica para conocer la situación de los migrantes entre el 14 y el 18 de octubre.

Según la CIDH, más de 50.000 nicaragüenses han ingresado a Costa Rica entre enero y octubre de este año, de los cuales unos 40.386 solicitaron al Gobierno de ese país la necesidad de protección, principalmente en calidad de refugiados. “El común denominador que tienen es que se consideran víctimas de parte de autoridades nicaragüenses o grupos parapoliciales que actúan de manera coordinada con la policía en el marco de la crisis”, declaró durante la visita María Claudia Pulido, secretaria ejecutiva adjunta de la CIDH.

La visita de la CIDH reveló que la mayoría de los refugiados son estudiantes y médicos. Así mismo, constató la presencia de líderes de movimientos sociales, campesinos, defensores de derechos humanos y personas que apoyaron logísticamente durante las barricadas que bloquearon el país durante los primeros meses del estallido social. Todos ahora parte del éxodo que tuvo sus picos más altos en junio, julio y agosto, con 3.344, 5.279 y 4.055 ingresos respectivamente a Costa Rica, según datos oficiales.

Recientemente se creó la unión de exiliados nicaragüenses en Costa Rica quiénes pretenden realizar censo, ferias laborales y ayuda humanitaria para los refugiados en ese país. Jorge Hurtado / France 24

Ortega: “A los que se sienten libres de pecado les decimos que pueden regresar”

Con los últimos sorbos de un café y una chaqueta desaliñada Yamileth nos guía por el agitado centro de la ciudad. No deja de atender su smartphone y envía notas de voz a un compañero refugiado cada 3 minutos indicándole hacia donde nos dirigimos. “No me dejan andar sola”, afirma.

Ella apoyó las trincheras en Jinotepe, cabecera departamental de Carazo, y cuenta que huyó un día antes que la “operación limpieza” del gobierno llegara a esa ciudad. Cruzó la frontera con pasaporte hacia Costa Rica junto a varios compañeros. A sus 30 años, ha tenido que replantearse todo en su vida.   

Al llegar aquí, sus familiares que tienen años residiendo en San José la recibieron bajo la condición de no retorno y con un abrazo que aún conserva. “Mi familia me pide que no siga pero no podemos permitir que nos sigan cazando”, expresa. Según ella, paramilitares del Gobierno de Nicaragua intentan infiltrarse con los refugiados para secuestrarlos y entregarlos nuevamente a las autoridades. A veces ofreciéndoles empleo ya sea en plantaciones de café o fincas ganaderas, e incluso, denuncia varios intentos de secuestro.

Cruzando por la Plaza de la Cultura, un lugar turístico conocido también como parque de “Las Palomas”, se saluda amablemente con otro nicaragüense. “Ya ves, casi me siento en casa con todos aquí”, expresa sonriente, mientras comparte los esfuerzos de la diáspora para realizar un censo, ferias de empleo y continuar manifestándose desde aquí.  

El 29 de agosto en Nicaragua el presidente Daniel Ortega durante un mitin político se refirió al éxodo masivo tildando a quienes huyeron de “terroristas” que intentaron dar un “golpe de estado” creando “anarquía” en el país, y fue más allá, solicitando información al gobierno de Costa Rica para someterlos a un “proceso judicial”.

“Pediremos a Costa Rica que nos pasen el listado de los nicaragüenses que piden asilo para decirles quiénes tienen causas pendientes por haber quemado, torturado. Tienen que ir a un proceso judicial”, declaró Ortega, al tiempo que los invitó a retornar. “A los que se sienten libres de pecado les decimos que pueden regresar con la seguridad de que nadie los va a detener”, sostuvo.

El presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, respondió dos días después en su cuenta de Twitter:

Ese mismo día el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica emitió un comunicado expresando que "se trata de información sensible que se rige por el principio de confidencialidad” y que suministrar los datos no sería posible.

Exiliados conforman movimiento

Este mes se presentó públicamente en este país la Unión de Nicaragüenses Exiliados en Costa Rica, quienes se proclamaron como una “plataforma de lucha en pro de la defensa de los derechos humanos, el restablecimiento de la democracia, la justicia, la libertad y el estado de derecho en Nicaragua”.

Según datos de la Dirección General de Migración y Extranjería de Costa Rica, en promedio 200 nicaragüenses ingresan a diario a su territorio, lo que ha representado un reto para el actual Gobierno de Carlos Alvarado, quien ha hecho un llamado en foros multilaterales para “que nos ayuden a alcanzar una solución”.

Migración de Costa Rica anunció que a partir del 6 de noviembre quienes posean carné de refugiado podrán solicitar permiso de trabajo.

La crisis en el país centroamericano inició el 18 de abril pasado por la represión a manifestaciones contra una reforma gubernamental a la seguridad social que dejó 535 muertos y más de 4.000 heridos, según un reciente informe de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH).

Ramón y Yamileth aún no se conocen, aunque huyeron por el mismo motivo. Mientras ella comparte la ubicación en tiempo real de Whatsapp para sentirse un poco segura. Él muestra las últimas dos pastillas para la hipertensión que lo aqueja.

Ramón cuenta que por ahora su única meta es conseguir un empleo porque “a nadie le gusta depender de otros”. Yamileth no solicitó refugio o asilo político, en cambio buscará una estadía de estudiante que alguien le recomendó era mejor opción para legalizarse aquí. Coinciden en que han sido bien recibidos por los costarricenses.

Al llegar al parque la Merced las miradas se vuelven sospechosas si traes una cámara en tus manos. Aquí la mayoría están en grupos conversando de forma amena y cargan una mochila a espaldas. Ramón nos muestra el rincón del parque donde dormirá esta noche junto a decenas de refugiados. Si llueve tendrá que correr a un establecimiento comercial para protegerse de la lluvia. Al despedirse, enciende otro cigarro y guarda su periódico. “La oficina” ha cerrado por hoy.

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