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La cumbre del G-20: lo que está en juego para el Gobierno de Mauricio Macri

Mauricio Macri, presidente de Argentina, está bajo presión por mostrar resultados concretos en la cumbre del G-20.
Mauricio Macri, presidente de Argentina, está bajo presión por mostrar resultados concretos en la cumbre del G-20. Cortesía Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

En medio de tensiones comerciales a nivel global y una crisis económica interna, el evento multilateral es la última gran oportunidad del Ejecutivo argentino de lograr un éxito diplomático y cumplir sus promesas en materia de política exterior.

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En junio de 2016, Argentina se convirtió en el primer país sudamericano en ser elegido como sede del G-20. Mucho ha sucedido en el mundo, y en Argentina, desde entonces. A nivel global, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha significado una disrupción en el comercio y el multilateralismo (entre muchos otros aspectos); en Argentina, la devaluación del peso durante el 2018 fue el detonante de una nueva crisis económica.

Así, en un contexto de tensiones comerciales en el mundo y de crisis en casa, es como recibe Buenos Aires a los líderes de las principales economías del mundo el próximo 30 de noviembre y 1 de diciembre. La cumbre del G-20 será, si no la última, la mayor oportunidad del Gobierno de Mauricio Macri de hacer que su buena imagen en el exterior rinda frutos concretos.

Según Claudio Loser, fundador de Centennial Group y exdirector del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), “habiéndose estabilizado la situación,  está mal pero no empeora , la presencia de todos estos líderes puede darle puntos positivos al Gobierno en términos de imagen”.

Es muy importante para nosotros tener algún tipo de estabilización del comercio, porque dependemos de esta posibilidad de comercio para tener más producción y tener más empleo.

Jorge Faurie, ministro argentino de Relaciones Exteriores

En cambio, para Martín Burgos, economista del Centro Cultural de la Cooperación en Argentina, el evento del G-20 no tendrá mucha incidencia en la situación del país, que califica de “dramática”. Tampoco podrá hacer mucho por el gobierno de Macri que, según Burgos, es posible que pierda las elecciones generales del próximo año, frente a una alianza de la oposición.

El regreso de la crisis a Argentina, ¿una tormenta provocada?

Según las palabras del propio presidente Macri a mediados de este año, Argentina enfrentó “una tormenta perfecta”, por lo que el Gobierno se vio en la necesidad de pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional, que le aprobó en septiembre el mayor paquete de ayuda en la historia de ese organismo.

En esa tormenta se habrían conjugado la fuga de capitales por el aumento de tasas en Estados Unidos, la devaluación del peso y la consiguiente inflación el déficit histórico de Argentina y la peor sequía que ha azotado al país en los últimos 40 años. Sin embargo, las políticas de Macri, según algunos analistas, han contribuido a empeorar la tormenta.

Para Burgos, uno de los peores errores de este Gobierno fue bajar los impuestos, lo que hizo que aumentara el déficit fiscal, para después tener que subirlos de nuevo. Además de haber implementado una política fiscal errática, “en dos años Argentina es el país que más se endeudó, y esa deuda no ha proporcionado ninguna mejora, ¿qué se hizo con esa deuda externa?”, se pregunta Burgos.

El país que preside el G-20 en el 2018 registra una inflación interanual del 45,9% al mes de octubre, una moneda que se ha depreciado un 50% en lo que va del año y una economía que, a septiembre, acumulaba seis meses de contracción, según datos del Indec. De acuerdo con la OCDE, el PIB de Argentina caerá un 2,8% este año y un 1,9% en 2019.

Una cumbre multilateral en tiempos unilaterales

En medio de un panorama doméstico oscuro, la cumbre del G-20 adquiere aun más importancia para el Gobierno argentino. Según le dijo el ministro argentino de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, a AFP, “es muy importante para nosotros tener algún tipo de estabilización del comercio, porque dependemos de esta posibilidad de comercio para tener más producción y tener más empleo”.

Como lo explica José Natanson, director de 'Le Monde Diplomatique', en 'The New York Times', “la ausencia de resultados concretos resulta dramática para un Gobierno cuya concepción económica descansa en la muy liberal idea de que son la inversión y las exportaciones -no la demanda del mercado interno- las que echarán a andar nuevamente la rueda del crecimiento, el consumo y el empleo”.

La inversión extranjera directa no ha aumentado significativamente en comparación con el gobierno anterior y según cifras de la CEPAL del 2017, Argentina es el cuarto país receptor de IED después de Brasil, México y Colombia.

En cuanto a las exportaciones, aunque aumentaron un 3,5% en los primeros nueve meses del 2018, en septiembre cayeron un 4,8%. La OCDE prevé que la caída de las ventas al exterior en el 2018 será de un 2,9% en el 2018, aunque considera que será este rubro el que lidere “la recuperación”, con aumentos del 9,3% para el 2019 y 8,3% para el 2020.

Pero esa “estabilización del comercio” a la que se refiere Faurie no será fácil de lograr. La cumbre de líderes se da en medio de un aumento de las tensiones comerciales entre las grandes economías, especialmente entre Estados Unidos y China. De hecho, Donald Trump fijó como un plazo límite el evento en Buenos Aires para llegar a un acuerdo con el presidente chino, Xi Jinping. De lo contrario, según ha declarado en varias ocasiones, la Casa Blanca procederá a gravar los productos chinos que aun no tienen aranceles en Estados Unidos.

Si bien la política proteccionista de Trump pudo ser el detonante de la guerra arancelaria, la tendencia se ha generalizado. Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), los países del G-20 aplicaron 40 nuevas medidas comerciales restrictivas entre mayo y octubre, que cubren cerca de 481.000 millones de dólares del comercio global. De acuerdo con la OMC, no se habían impuesto tantas restricciones desde que la entidad comenzó a monitorear el comercio en el 2012.

La última gran apuesta del Gobierno de Macri en política exterior

En medio de una crisis económica y un comercio cada vez más restrictivo, el Gobierno de Mauricio Macri se ve obligado a mostrar resultados concretos en lo que respecta a política exterior. De los objetivos que se había propuesto, entre ellos impulsar el ingreso de Argentina a la OCDE y acercar el Mercosur a la Alianza del Pacífico, no hay mucho más que pronunciamientos amables.

El Mercosur y la Alianza del Pacífico no han logrado acuerdos reales, a pesar de que en abril de este año Macri y su homólogo chileno, Sebastián Piñera, evaluaran la posibilidad de “estrechar esfuerzos” entre los dos bloques. En contraste, en ese mismo mes el gobierno de Chile y Brasil comenzaron a negociar un tratado de libre comercio que se resolvió, según las propias palabras de la presidencia chilena, en tiempo “récord”, y se firmó el pasado 21 de noviembre, en Santiago.

Tampoco ha sido mucho lo que se ha logrado avanzar en el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. A pesar de que ambas partes han intentado apurar el paso antes de la llegada de Jair Bolsonaro a la Presidencia de Brasil, la última ronda de negociaciones, que se llevó a cabo en Bruselas entre el 12 y el 20 de noviembre, concluyó sin muchos avances y con los mismos obstáculos en el sector agrícola y respecto a denominaciones de origen.

En cuanto al ingreso de Argentina a la OCDE, se ha especulado con que Donald Trump podría anunciarlo durante la cumbre de líderes, lo que Burgos describe como “gracioso, porque Argentina está en su peor momento desde el 2002”. Un poco más cierto parece ser el anunciado plan de acción a cinco años que el gobierno de Macri firmará con China en el marco de G-20, y que, según EFE, “podría incluir una treintena de acuerdos en diferentes áreas”.

Como señaló el ministro Faurie en el 2016, los “dos grandes desafíos del proceso de inserción inteligente” de Argentina en política exterior eran la conferencia ministerial de la OMC, que se realizó en diciembre del 2017 en Buenos Aires, y el G-20 en el 2018. Ya que la reunión de la OMC pasó sin pena ni gloria, al Gobierno de Macri solo le queda el G-20 para lograr un éxito diplomático que redunde en beneficios para la golpeada economía de su país.

Con EFE y AFP

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