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Los "chalecos amarillos" reanudan el reclamo social en Francia

Integrantes del movimiento de los "chalecos amarillos" marchan en los Campos Eliseos en París, el 24 de noviembre de 2018.
Integrantes del movimiento de los "chalecos amarillos" marchan en los Campos Eliseos en París, el 24 de noviembre de 2018. Benoit Tessier / Reuters

Los pedidos del movimiento son tanto diversos como confusos, pero resaltan la inquietud de una parte de la población acerca de sus condiciones de vida. Los "chalecos amarillos" denuncian también la falta de representatividad de la clase política.

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Agarraron el primer objeto presente de manera obligatoria en los carros de los franceses y lo erigieron en símbolo, el chaleco amarillo. La chispa que impulsó el movimiento fue la decisión del Ejecutivo de aumentar el precio de ciertos combustibles; pero detrás de esto salió a la luz un descontento social de millones de personas que no solían implicarse en política.

Desde el pasado 17 de noviembre, centenares de miles se congregaron en todo el país, realizando acciones de bloqueo que pusieron en evidencia la amplitud de su movilización. Una ola de protestas sin jefes ni línea orientadora que nació en las redes sociales.

Miembros de clases medianas y populares dicen sentir un empobrecimiento creciente encarnado por la política actual de Emmanuel Macron. Reducción del impuesto a la riqueza, modificación del régimen de los pensionados, disminución del subsidio y aumento de las tasas locales para el alojamiento; las medidas impopulares del presidente se han venido acumulando desde su posesión.

Un descontento sin partidos ni jefes

No obstante, los "chalecos amarillos" no son el primero movimiento popular espontaneo que vio surgir Francia durante los últimos años. En 2013, los “gorros rojos” se apoderaron de Bretaña, una región del oeste del país, pero también de la capital para exigir, y obtener, la supresión de la “eco-tasa”, otra medida anunciada con propósitos ambientales que suscitó una indignación inmediata.

En 2016, "Nuit Debout" - "Noche en Pie" - se tomó durante varias semanas la Plaza de la República en París para pedir un ejercicio democrático directo por parte de los ciudadanos. Una protesta asamblearia cuyo funcionamiento parece haber inspirado algunos grupos de chalecos.

Lo común de estas manifestaciones es la reunión de ciudadanos que rechazan la política tradicional, quienes se habían mantenido alejados de los sindicatos y partidos y que han tenido poco o ningún involucramiento en manifestaciones. Entre los detenidos a raíz de los desbordamientos surgidos en márgenes de las marchas, no hay ningún militante perteneciente a un grupo político, ni de ultraizquierda ni tampoco de ultraderecha, como lo habían señalado algunos líderes.

Este martes 27 de noviembre, dos de los ocho delegados que nombraron los "chalecos amarillos" fueron atendidos por el ministro de Medio Ambiente, François de Rugy. Entre los pedidos está, obviamente, la cancelación del aumento del precio de la gasolina, que fue confirmado este miércoles por el primer ministro Édouard Philippe, pero también una serie de reclamos generales que fueron recolectados a lo largo de las jornadas de protestas.

Varios de los puntos presentados pertenecen tradicionalmente al campo de la derecha liberal. "Disminuir todas las tasas" es una piedra angular de las propuestas, entre las cuales se encuentra también la “reducción de las cargas patronales” y la "supresión de los regímenes especiales de pensión", unas peticiones que son del coto reservado de los conservadores en Francia.

Sin embargo, el movimiento sugiere también medidas que suelen ser impulsadas desde la izquierda, como el aumento del salario mínimo, mayores subsidios a favor de la inserción en el mercado laboral, incremento de las ayudas para los estudiantes y acceso universal a la cultura.

Unas protestas símbolo del sentimiento de precarización de una parte de la población

Por otra parte, los "chalecos amarillos" apuntan a una gran reforma institucional del país. Proponen la supresión del Senado, la contabilización del voto en blanco y un mayor poder de decisión de los ciudadanos en general. Por ello, plantean la organización más frecuente de consultas a nivel local y nacional y la constitución de una "asamblea ciudadana".

"¿No es ese el principio mismo de la elección de diputados a la Asamblea Nacional?", les respondió un miembro del Gobierno en las redes sociales. “Nos gustaría conocer su sueldo”, lanzó un portavoz de los chalecos a otra representante del Ejecutivo, en ocasión de un debate en la cadena LCI. "Alrededor de 7000 euros al mes", contestó la funcionaria; "pues yo gano 487 euros", replicó su interlocutor.

Es el fondo del debate que impulsaron los "chalecos amarillos". En Francia, el costo de la vida y el poder adquisitivo están al centro de las preocupaciones de millones de personas que no alcanzan a terminar dignamente el mes. El sentimiento de los mismos grupos de ser el blanco sistemático para la imposición de nuevos gastos ha ido reforzándose con la política fiscal de Emmanuel Macron.

Mientras que el respaldo hacia los chalecos crece en los sondeos, las medidas anunciadas por el mandatario, que apuntan a limitar los costos que denuncian los manifestantes pero también a instaurar más "concertación" y "pedagogía", no convencieron a los impulsores del movimiento, quienes prometen una nueva jornada de protestas masivas este sábado 1 de diciembre.

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