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Chile: conflicto mapuche en La Araucanía le pasa la cuenta a Sebastián Piñera

A la izquierda, un grupo de manifestantes protesta con banderas mapuches frente a un destacamento de Carabineros durante una concentración el 19 de noviembre de 2018, frente al Palacio de La Moneda en Santiago (Chile).
A la izquierda, un grupo de manifestantes protesta con banderas mapuches frente a un destacamento de Carabineros durante una concentración el 19 de noviembre de 2018, frente al Palacio de La Moneda en Santiago (Chile). EFE - Reuters

El asesinato de un joven dirigente mapuche a manos de la policía, pone en riesgo el plan impulsado por el Gobierno chileno para controlar la violencia en la zona indígena. Sería el tercer intento que fracasa en 9 años.

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Hace apenas dos meses el Gobierno del presidente de Chile, Sebastián Piñera, presentaba con un gran despliegue el Plan Impulso Araucanía, iniciativa que buscaba poner fin a un conflicto entre la llamada “Nación Mapuche” y el Estado de Chile, el cual se arrastra por décadas y que en los últimos dos años ha aumentado significativamente sus expresiones de violencia. Este era el tercer impulso en nueve años. Antes, el propio Piñera y Michelle Bachelet habían hecho lo mismo, incluso utilizando nombres idénticos.

La propuesta, liderada por el ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, incluía aumento de la inversión pública, apoyo para la creación de micro empresas, fomento del turismo y devolución de tierras, entre otras áreas. Durante su elaboración, el Gobierno incorporó en su discusión a empresarios y dirigentes de las organizaciones indígenas más moderadas, excluyendo a las radicales, especialmente la CAM (Coordinadora Arauco-Malleco).

Además, a estas iniciativas se agregaba la presencia desde el mes de junio del llamado “Comando Jungla”, un escuadrón de Carabineros, adiestrado en Colombia, que se había desplegado a la zona, especialmente para intentar controlar una de las formas en que grupos de mapuches estaban provocando el mayor daño en la zona: el incendio de camiones y maquinaria pesada utilizada por las compañías madereras, además de templos católicos y evangélicos.

Pese a que la apuesta de La Moneda era dar una sensación de mayor control del Estado en la región de La Araucanía –casi un millón de habitantes-, lo cierto es que desde septiembre hasta el día 14 de noviembre, los actos de violencia estaban aumentando. Ese día, la historia habría de tener un giro radical. En un confuso incidente, la policía uniformada mató a un dirigente mapuche, Camilo Catrillanca, de un tiro en la cabeza y por la espalda. El joven de 24 años era hijo y nieto de dos importantes Loncos, o caciques, de la comunidad considerada como la de mayor conflictividad. Tanto es así que en Temocuicui, los representantes del Estado que realizaban el censo el año pasado no pudieron ingresar. 

El caso Catrillanca deja maltrecha la imagen de la Policía chilena

La ola de protestas que se desató en todo el país, sumado a una seguidilla de atentados incendiarios y cortes de caminos en La Araucanía, está lejos de disminuir. Las aristas políticas del caso han comprometido seriamente la confianza e imagen del Gobierno y Carabineros. Tanto es así que en los días posteriores debió renunciar el intendente de la región y el ministro del Interior será interpelado en el Congreso, sin embargo, donde el daño ha sido mayor es en la Policía. Las versiones que entregó a Carabineros en las primeras horas de ocurrido el hecho, apuntaban a que el comunero asesinado había participado previamente en un robo y que habría opuesto resistencia.

La fiscalía demostró que todo era falso, sumando además a que se habían destruido pruebas claves como el registro de cámara del policía que ejecutó los disparos. Producto de esto, se despidió a todo el equipo que lideró la operación y se les pidió la renuncia a dos altos generales.

Un grupo de personas participa en una concentración pacífica con fotografías de Camilo Catrillanca, el joven mapuche asesinado de un balazo durante un operativo policial en la región de La Araucanía.
Un grupo de personas participa en una concentración pacífica con fotografías de Camilo Catrillanca, el joven mapuche asesinado de un balazo durante un operativo policial en la región de La Araucanía. Alberto Valdés / EFE

Aunque aún el episodio sigue en desarrollo, ya se anunció que no se seguirán enviando carabineros a entrenar a Colombia. De paso, el general director de la institución ha debido comparecer dos veces en el Parlamento y, por primera vez en la historia, en el presupuesto de la nación 2019 no contempló gastos reservados para la policía uniformada.

Pero el mayor costo político del caso Catrillanca lo está pagando el Presidente Piñera. Recordemos que el Jefe de Estado obtuvo la más alta votación del país en esa región en 2017, un 62%. El hoy oficialismo argumentó en su momento que el resultado obedecía a la ineficiencia e ineficacia del Gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet para enfrentar y detener la violencia en la zona.

Sebastián Piñera, a pique en las encuestas

De hecho, uno de los ejes centrales de la campaña de Piñera fue precisamente este. jefe de Estado fue duro en condenar la forma en que su antecesora había encarado el problema y llegó a decir, en los debates televisivos, que terminaría con este conflicto. Hoy, esta generación de sobre expectativas le está pasando una cuenta grande.

Sin ir más lejos, en la única encuesta semanal que mide la percepción ciudadana en el ámbito de la política, el mandatario sufrió un desplome en su aprobación, alcanzando un 38%, con una desaprobación de 48%, cifras similares a las que tenía Bachelet en mismo periodo. En solo un mes, su caída alcanza los 10 puntos. Además, la evaluación del comportamiento del Gobierno en el episodio de la Araucanía fue severamente castigado.

Lamentablemente, el Plan Integral Araucanía, es probable que termine como todos los anteriores sin logrará solucionar el conflicto o requerirá un ajuste mayor de orientación. Por ahora, el panorama para los próximos meses se ve muy complejo.

Los líderes mapuches de distintos grupos y comunidades, incluida la CAM, hicieron un llamado a la resistencia en el funeral de Camilo Catrillanca y declararon que ete pasó a ser desde ahora un Weichafe, es decir, un mártir de “la Nación Mapuche”. Al igual que lo fue en su momento Matías Catrileo en 2008 –también recibió un tiro por la espalda de Carabineros-, fecha en que se produjo un punto de inflexión y el conflicto tuvo un giro importante.

Las lecciones que deja este episodio de consecuencias aún insospechadas, es que las variables que acá intervienen son multidimensionales, que hay que hacerse cargo de la historia, aprender a escuchar mejor las reivindicaciones, a reflejar los derechos de los pueblos originarios –no solo mapuches- y abrirse a comprender su cosmovisión no solo desde la racionalidad o pensando que con dinero se solucionan las cosas. Pero también es la hora de analizar y entender que ha pasado en otros procesos de paz, convivencia e integración entre culturas.

Y aunque el origen y características puedan ser muy diferentes, Chiapas, Ayacucho, las FARC y el ELN pueden dar pistas, señales, de cómo avanzar en la búsqueda de un acuerdo que obligatoriamente se debe hacer cargo del pasado y los abusos que se cometieron con los pueblos originarios, los que alcanzan el 12,8% de la población chilena. ¿Por qué no poner la mirada en los conflictos nacionalistas como el País Vasco, que logró salir de un túnel oscuro?

Y por supuesto, una lección también para futuros candidatos a La Moneda en 2021. Se deben cuidar las sobre expectativas, promesas imposibles y el descrédito de lo que se ha hecho antes. Total, es muy seguro que en ese año estemos en el mismo punto en que llevamos décadas.

* Germán Silva Cuadra es analista político en Chile y colaborador de France 24

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