Cárceles - Venezuela

Venezuela: penitenciarias abren sus puertas para que los presos jueguen rugby

Herminia Fernández / France 24

Entre Guardias Nacionales y policías armados, 12 equipos de 12 Penitenciarias de Venezuela celebraron el tercer campeonato de rugby, organizado por la Fundación Santa Teresa. France 24 estuvo allí.

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Una barra de hinchas con niños, mujeres, jóvenes, bajaron de las gradas al campo de rugby en la Hacienda Santa Teresa, ubicada en el estado Aragua, en Venezuela, para aupar a un miembro de su familia perteneciente al equipo de la Penitenciaria 26 de Julio.

Es el día en familia que tienen una vez al año más de 400 privados de libertad que decidieron practicar este deporte en las cárceles donde pagan condena por distintos crímenes.

Arnold Zerpa, de 30 años, detenido por homicidio desde hace 3 años, y quien tiene retardo procesal, repite por segunda vez en esta competencia. El Torneo de Rugby Penitenciario es organizado por Proyecto Alcatraz, una de las principales iniciativas de la Fundación Santa Teresa en el programa de reinserción de jóvenes con problemas de conducta y privados de libertad a través de la formación en valores, trabajo, estudio y la práctica del rugby.

Zerpa luce feliz y habla con pertenencia. “Yo sí conocía el rugby antes de entrar a la cárcel y cuando me enteré que la Fundación Santa Teresa había iniciado este programa en las penitenciarias lo solicitamos para nuestro penal 26 de Julio, ubicado en el centro del país”.

Herminia Fernández / France 24

Fueron tres horas de viaje las que gastaron Zerpa y sus otros compañeros para llegar al lugar del torneo. Lo hicieron custodiados por un dispositivo de alta seguridad. Bajaron del autobús ilusionados no solo porque los esperaba una cancha de verdad, con un pasto muy suave y muy verde, sino porque ya entendieron que ese torneo es el único día de libertad para ellos y sus familias.

Zerpa, antes de empezar el partido, mira hacia las gradas buscando a sus dos hijos de 2 y 8 años. Le emociona que lo vean jugar. Es uno de los motivos por los cuales se ha dedicado apasionadamente a este deporte y el que le permite una vez a la semana en su prisión distraerse, desestresarse y socializar con gente de fuera del penal. Sale a la cancha y lo da todo.

Para él, el momento más importante de la semana dentro del penal es cuando los entrenadores de la Fundación Santa Teresa llegan a darles el entrenamiento. La misma opinión la tienen otros privados de libertad que participan en el torneo. La mayoría son muy jóvenes, están en sus 20. Muy pocos se ven avanzados en edad.

Muchos de los jugadores de las 12 cárceles juegan descalzos. Comentan que prefieren tener el contacto de sus pies con la grama sedosa porque usualmente juegan en canchas de cementos donde los golpes se sienten más fuertes.

Andry Bolivar, de 29 años, y de la cárcel El Rodeo, nunca había imaginado jugar rugby. Ahora solo espera cumplir con su condena y salir en libertad para enseñar el deporte e integrar a otros jóvenes en la disciplina.
 
Reunión familiar en ‘libertad’

Pero los jugadores privados de libertad no son los únicos que se ven felices en el campeonato. Las familias que hicieron un esfuerzo para movilizarse ven a sus hijos, padres, o hermanos, en el campo, como los mejores jugadores del mundo. Es un derroche de orgullo.

Ibel Medina, madre de José, de 23 años, espera impaciente en la sombra con su hija y sus nietos, la salida a la cancha de su hijo para ir a animarlo en el juego. Es el segundo año que viene a verlo jugar y está muy emocionada.

Su hijo tan joven, se enfrenta a 13 años de prisión culpado por homicidio en la Penitenciaría Viloria, del estado Lara. Pero ella, confiando en sus capacidades deportivas y en los valores que le están inculcando con esta disciplina, casi apuesta que tendrá una reducción de condena.
Agradecida con el programa asegura que su hijo está más disciplinado y maduro, y está tranquila porque dentro de la cárcel se está enfocando en una actividad sana.

Herminia Fernández / France 24

Medina viajó tres horas con su familia, espera ahora cada año ese día que se ha convertido en el más especial porque puede abrazar a su primogénito sin restricciones.

María Gudiño, madre de Jhonny Mesa, procesado por varios delitos, entre ellos robo, vino a verlo con sus nietos. Le da tranquilidad que los niños vean a su padre en la faceta de deportista y que su hijo está lejos del ocio. Los pequeños no hablan sobre su padre y su condición de presidiario, pero les brillan los ojos cuando se les pregunta si les alegra que sea un jugador de Rugby.

12 Penitenciarias están abiertas al programa Alcatraz

Ya se han incluido 12 centros penitenciarios a esta iniciativa, entre los que se encuentran, Centro Penitenciario “Sgto. David Viloria”; Comunidad Penitenciaria de Coro; Centro de Formación del Hombre Nuevo “Libertador”, de Tocuyito; Centro Penitenciario de Aragua; Internado Judicial Región Capital El Rodeo II y III; Centro de Formación del Hombre Nuevo “Simón Bolívar”; 26 de Julio, Centro Penitenciario Región Andina, y Comunidad Penitenciaria “Fénix Lara”.

Desde 2003 el Proyecto Alcatraz ha logrado desmovilizar sin violencia a 10 bandas delictivas incidiendo en la disminución de los índices de homicidios de la zona. Como una extensión del programa, lleva adelante el rugby penitenciario que semana a semana ofrece prácticas de esta disciplina a más de 400 privados de libertad en los centros penitenciarios de Venezuela.

La iniciativa surgió en 2014 cuando al presidente de la compañía, Alberto Vollmer, planteó frente a varios reos de la cárcel de Tocorón, la más cercana a la sede de la Fundación Santa Teresa, la posibilidad de que estos acudiesen al torneo de rugby que se celebra anualmente en la  hacienda de la empresa desde 1993. Para lograrlo debió revisar cada expediente, visitar cada tribunal y obtener permisos de salida de cada uno de los jueces que llevaban las causas de estos hombres, que se encontraban tras las rejas, pudieran conocer de cerca el rugby.

Ya con el programa materializado y en su tercer año de campeonato, los reos caminan por la cancha luciendo la camiseta de su equipo con orgullo y con pasión. Desfilan entre Guardias Nacionales con armas largas que no los dejan ni a sol ni a sombra, pero ellos los ignoran, lo que más les importa es que ahora son valorados por la sociedad y por su familia.

La final la gana la Penitenciaria de Tocorón, la que fue sede piloto para este programa de rehabilitación. El momento es celebrado por mucha emoción pero el día acaba y deben tomar de nuevo el autobús custodiado que los regresará a las penitenciarias para seguir cumpliendo sus condenas.

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