Francia - Política

Emmanuel Macron: un presidente contra las cuerdas

Un "chaleco amaraillo" pausa con un escrito "Macron dimisión", cerca de una glorieta que ocupa en Gaillon, Francia, el 6 de diciembre de 2018.
Un "chaleco amaraillo" pausa con un escrito "Macron dimisión", cerca de una glorieta que ocupa en Gaillon, Francia, el 6 de diciembre de 2018. Philippe Wojazer / Reuters

El mandatario francés no se ha vuelto a pronunciar desde la última jornada de movilización de los 'chalecos amarillos', quienes mantienen su descontento pese a las medidas del Gobierno.

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Reconciliar a los franceses con sus élites políticas era una de sus promesas de campaña, pero a un año y medio de su elección se desplomaron tanto su imagen como su margen de maniobra. El movimiento de los 'chalecos amarillos' surgió para recordarle que su plan acción no había contemplado la existencia de un descontento social latente en el país.

Emmanuel Macron planteó también superar las supuestas trabas que impiden que Francia sea reformada. Para lograrlo emprendió una serie de medidas que pillaron con la guardia baja a la oposición y los sindicatos, tradicionales instigadores de la protesta.

En septiembre de 2017, el Ejecutivo instauró por decreto una drástica reforma laboral, que fue criticada por la limitación que implica acerca de la posibilidad de acción de los trabajadores frente a sus empleadores, y por la redefinición del Código Laboral que pretendió, sin buscar un diálogo con los afectados. Fue una de las seis reformas que marcaron el primer tramo de la era Macron y, desataron la frustración de múltiples grupos de la sociedad, de los estudiantes hasta los pensionados.

Los gestos a favor de los más privilegiados siguen en las mentes

Convencer a los ciudadanos de los beneficios de la globalización y de una cierta visión de la modernización económica no es tarea fácil, aún menos cuando se legisla a favor de los más privilegiados. Apenas instalada, la nueva mayoría parlamentaria afin al presidente tramitó la supresión de un impuesto sobre la riqueza, conocido como el ISF, que se aplicaba a unas 300 mil personas de las más acaudaladas que cuenta Francia; y fue reemplazado por una tasa a la finca raíz.

Presentada como una garantía de atracción inversores al país, la medida fue simbólica pero también costosa. La pérdida neta para el Estado sería de 3.200 millones de euros anuales, según el Observatorio Francés de Cojunturas Económicas (OFCE) de Sciences Po.

En este contexto, la eliminación de ciertas prestaciones sociales y el aumento de algunos impuestos y tasas fueron mal recibidos. De inspiración neoliberal, la postura de Emmanuel Macron ha girado en torno al estímulo del sector privado, en detrimento de un modelo social considerado obsoleto y costoso.

A duras penas, el Gobierno trata de conciliar este marco económico con la indispensable transición ecológica que necesita Francia para cumplir con sus compromisos de lucha contra del cambio climático. Con discrepancias en sus propias filas, el Ejecutivo se empeña a buscar fondos para financiar este proceso que está demorado en comparación con otros países europeos. Ese era el fundamento con el que se intentó explicar la polémica tasa sobre los combustibles que hizo estallar el descontento popular.

De ninguna manera el poder quisiera abandonar su política de “rigor presupuestario”, que apunta a mantener el déficit fiscal por debajo de 3% del PIB, una norma de la Unión Europea que ha sido criticada por economistas. Por esta razón, gravar en alguna parte es una obligación para no salirse del marco.

Los 'chalecos amarillos' infligieron el primer fracaso notable al Gobierno

No obstante, la contradicción entre ecología y justicia social salió a la luz vestida de amarillo, arrastrando consigo el enojo acumulado bajo el periodo del octavo mandatario de la quinta República francesa.

“Escucho el descontento legítimo, la impaciencia y el sufrimiento”, dijo el presidente durante su reciente estancia en Argentina con ocasión del G20 luego de la primera manifestación de los “chalecos”, “por eso seguiremos, nos mantendremos con fuerza e iremos más lejos para poder permitir al pueblo francés vivir mejor lo más pronto posible”.

Fue la última intervención pública del presidente, quien ha mantenido un inédito silencio desde entonces. Luego de que terminara en choques violentos la segunda jornada de los 'chalecos amarillos' en París y que la crisis política se hizo evidente, Macron encargó a su primer ministro, Edouard Philippe, la complicada misión de sacar a su mayoría del atolladero.

Philippe protagonizó el primer retroceso notable de este Gobierno al renunciar al impuesto sobre los combustibles en nombre de la "unidad de la Nación". Mencionó también un posible restablecimiento del ISF, que fue sin embargo descartado por el propio presidente.

Motivados por los 'chalecos', con una espontaneidad y vivacidad parecida, los estudiantes de colegios empezaron a invadir las calles del país para recordar sus propias demandas. Rechazo a la reforma al liceo profesional, al aumento del precio de la matrícula para los extranjeros no europeos, inconformidad con la nueva plataforma de inscripción a la enseñanza superior... estas reivindicaciones no tienen mucho que ver con las de los “amarillos” pero se suman a una coyuntura tensa para el Gobierno.

Más allá de su política, Emmanuel Macron utilizó toda su fuerza y los poderes que le confiere el régimen presidencialista francés, sin tener en cuenta el crecimiento de una negativa percepción del poder dentro de la población. El joven mandatario se convirtió fácilmente en la principal figura de una inédita ola de descontento que se apoderó de Francia. El “monarca”, como lo tildan a menudo manifestantes y parte de la oposición, enfrenta ahora su peor crisis.

Los 'chalecos amarillos' sorprenden por su persistencia. “Estoy dispuesto a todo, incluso a terminar detenido”, comentó un afiliado al movimiento a la agencia AP, “me comprometeré hasta que el señor Macron se vaya”.

Una opinión que no es difícil de encontrar en las glorietas y calles diversas que siguen ocupadas, en preparación de la cuarta movilización nacional del día sábado.

Con AP y AFP

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