Saltar al contenido principal

River-Boca y la Copa Libertadores: la final histórica que devino en caos

Germán López, hincha de River, y Gonzalo López, fanático de Boca, posan frente al estadio Santiago Bernabéu de Madrid, sede de la final de la Copa Libertadores, el 7 de diciembre de 2018.
Germán López, hincha de River, y Gonzalo López, fanático de Boca, posan frente al estadio Santiago Bernabéu de Madrid, sede de la final de la Copa Libertadores, el 7 de diciembre de 2018. Javier Barbancho, Reuters

La definición entre los dos equipos más importantes de Argentina prometía ser el broche de oro para las finales a doble partido del torneo. Pero la violencia alteró los planes y el encuentro decisivo será en Madrid, muy lejos de Buenos Aires.

ANUNCIOS

El 30 de octubre de 2018, River Plate protagonizó una histórica remontada en Porto Alegre frente al vigente campeón de la Copa Libertadores, Gremio. Tras caer 1-0 como local en el estadio Monumental, el Millonario perdía 1-0 en Porto Alegre a falta de diez minutos para el cierre del encuentro. Las ilusiones de ver un superclásico argentino en una final continental parecían desvanecerse.

Pero el colombiano Rafael Santos Borré, al minuto 81’, revivió las posibilidades del conjunto rojiblanco. Y un penal confirmado por el juez uruguayo Andrés Cunha a instancias del videoarbitraje le dio la oportunidad a Gonzalo Martínez para anotar el 2-1 en tiempo de descuento y sellar el boleto de River a la gran final.

Un día después, Boca Juniors completó el trámite y, tras el 2-0 en la Bombonera, igualó 2-2 con Palmeiras en Sao Paulo para cerrar la serie y medirse con su rival de toda la vida en la final de la Copa Libertadores, la última que se jugaría bajo el formato de duelos a ida y vuelta.

39 días transcurrirán desde aquella clasificación hasta la definición del domingo 9 de diciembre en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. En el medio, la final histórica se desdibujó hasta transformarse en un espectáculo que disfrutarán europeos, argentinos radicados en España y unos pocos apasionados que empeñaron hasta lo que no tienen para presenciar el gran partido a más de 10 mil kilómetros de Buenos Aires.

Las situaciones excepcionales, inéditas y violentas marcaron el camino de una final que fue perdiendo encanto y atracción con el acontecer de los hechos.

La Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) dio uno de los primeros pasos menos de 24 horas después de confirmarse los cruces entre Boca y River: modificó las tradicionales fechas “coperas” de miércoles (7 y 28 de noviembre) por las de los sábados 10 y 24 de noviembre, aduciendo problemas de seguridad por la realización del G20 en Argentina. Y, pese a la apuesta del Gobierno argentino, con el presidente Mauricio Macri a la cabeza, tanto clubes como el ente del fútbol sudamericano votaron por jugar los encuentros sin hinchas visitantes.

La primera alteración de la final llegó el 10 de noviembre. Las intensas lluvias registradas en Buenos Aires anegaron el campo de juego de la Bombonera y, como consecuencia, el primer cara a cara se postergó 24 horas.

Con el campo de juego en condiciones, Boca Juniors y River Plate animaron un entretenido encuentro el domingo 11 de noviembre y empataron 2-2. El nivel de los dos equipos estuvo a la altura y dejó abierta la definición para el duelo de vuelta, con los ‘Millonarios’ confiados en hacer pesar su localía en el estadio Monumental.

El camino a la segunda final: violencia, acusaciones cruzadas y una mudanza inesperada

Tras una tensa espera de dos semanas, el estadio Monumental parecía listo para coronar al nuevo campeón de América en la soleada tarde del 24 de noviembre. Sin embargo, la violencia se tomó la escena: el autobús que transportaba al plantel de Boca Juniors, escoltado por la policía, aunque escasamente protegido, se dirigió directamente hacia una curva en la que estaban decenas de fanáticos de River Plate.

La lluvia de proyectiles no se hizo esperar: algunos vidrios del autobús de Boca estallaron y les provocaron heridas a varios jugadores, principalmente al capitán Pablo Pérez, que sufrió una úlcera en su ojo izquierdo. El conductor del vehículo sufrió un impacto en su cabeza y se desvaneció, obligando a que un dirigente, Horacio Paolini, tomara el volante para evitar una tragedia. El combo se completó con los gases lacrimógenos lanzados por las fuerzas de seguridad para dispersar a los fanáticos, que también les provocó irritaciones y vómitos a miembros de la delegación ‘xeneize’.

La tarde de fiesta se había convertido en una jornada aciaga, marcada también por los incidentes entre policías y simpatizantes de River Plate que intentaron ingresar sin tickets o, peor aún, que tenían sus boletas, pero aun así quedaron afuera.

Puertas adentro del Monumental, se llevaron a cabo las reuniones y surgieron las presiones. Conmebol postergó el horario de inicio del juego en reiteradas ocasiones. Boca estaba obligado a jugar. Dos referentes del plantel ‘xeneize’, Carlos Tevez y Fernando Gago, salieron a denunciar la situación. Otro mitín ocurrió -con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, incluido- y posteriormente, la famosa firma del “pacto de caballeros” entre los presidentes de Boca y River para anunciar una postergación previsible, largas horas después del horario acordado para el juego y con una multitud apostada en las tribunas del Monumental.

El domingo 25 de noviembre fue la fecha pautada para la reprogramación. Las puertas del Monumental volvieron a abrir temprano y algunos de los simpatizantes comenzaron a llegar, aunque escépticos en medio de un mar de rumores. Boca Juniors ya había cambiado su postura: la decisión era no jugar y pedir la descalificación de River Plate. Conmebol, otra vez a destiempo, adujo falta de igualdad de condiciones y volvió a suspender el juego. El combo se completó con una citación a los presidentes de ambos clubes a una reunión para definir el destino de un partido desnaturalizado en Asunción, el martes 27 de noviembre.

Boca presentó su reclamo a la Unidad Disciplinaria de Conmebol, River hizo su descargo, las acusaciones cruzadas entre los mandatarios de ambos clubes no se hicieron esperar. En el medio, se acumularon posibles destinos para recibir la final: Asunción, Medellín, Doha (Catar), Barcelona, Madrid. Cualquier destino, incluso el más exótico, parecía posible menos Buenos Aires.

Y el 29 de noviembre, Conmebol bajó el martillo: rechazo al pedido de Boca, sanción de dos partidos a puertas cerradas y una fuerte multa económica a River y una inédita mudanza de la definición al estadio Santiago Bernabéu, con el público argentino reducido a una mínima porción, la prioridad para los argentinos residentes en España (uno de los justificativos del presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, para el traslado del partido) y una buena porción para socios de Real Madrid y españoles.

Tanto Boca como River apelaron las medidas, repudiaron el traslado, reclamaron por las condiciones injustas. Pero Conmebol hizo oídos sordos: adelantó un año su plan de jugar finales a partido único de la Libertadores y la llevó a un escenario tan espectacular como extraño. Con el 2-2 de la ida y sin la regla de los goles de visitante, River y Boca definirán la Copa con un mano a mano en un terreno totalmente ajeno.

La página no ha sido encontrada

La página ya no existe o no existía en absoluto. Verifique la dirección o use los enlaces a continuación para acceder al contenido solicitado.