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Corea del Norte: los hombres de Kim Jong-un y el secreto que financia al régimen

¿Cómo es posible que uno de los países más pobres del planeta se haya dotado de armas nucleares? Un reportaje galardonado con el Premio ALBERT LONDRES 2018, el "Pulitzer" del periodismo francés.
¿Cómo es posible que uno de los países más pobres del planeta se haya dotado de armas nucleares? Un reportaje galardonado con el Premio ALBERT LONDRES 2018, el "Pulitzer" del periodismo francés. ARTE

Mientras sobre Pyongyang pesan importantes sanciones económicas, su líder, Kim Jong-un, cuenta con uno de los programas nucleares más avanzados del mundo. ¿Cómo un régimen aislado económicamente puede permitirse ese lujo?

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Las respuestas están a solo 50 kilómetros de la frontera de Corea del Norte, en Seúl, la capital de Corea del Sur. Allí vive el joven norcoreano Michael Kim, de 28 años. Esa es su nueva identidad. Llegó huyendo del régimen. Hace tres años trabajaba en una oficina equivalente a la "CIA" en Corea del Norte, en el departamento de contabilidad. Luego fue trasladado a la misteriosa oficina 39.

Un lugar tan hermético como la dictadura misma. "Allí se administran y dirigen todas las actividades económicas de las empresas estatales de Corea del Norte que se crearon para financiar al régimen", aseguró Michael.

La oficina la creó Kim Jong-il, que gobernó el país desde 1994 hasta su muerte en 2011, cuando su hijo Kim Jong-un, tomó el poder. El objetivo de ese centro de financiamiento es enviar trabajadores al extranjero para producir dinero en efectivo que deben enviar de vuelta al régimen.

A Kim Kwang-jin se le asignó esa misión. Él ganaba millones de dólares para su país en Singapur, como representante del banco norcoreano North East Asia Bank en el 2000. Tres años después fue acusado de vender secretos del régimen y huyó a Seúl donde trabaja para el servicio secreto. En su país, la deslealtad al líder supremo, Kim Jong-un, se paga con la muerte, por eso él y Michael escaparon. Aunque realmente muy pocos lo hacen.

Una economía paralela que enriquece las arcas del régimen

"En Corea del Norte hay dos economías: La de la familia Kim y la economía nacional que dirige el consejo de ministros, según la llamada planificación centralizada", explicó Kim Kwang-jin.

El país es "extremadamente pobre", pero debido al totalitarismo del régimen es difícil saber qué tan pobre es. Pero esto nunca ha sido un obstáculo para el aparato, que "siempre ha logrado movilizar recursos para la producción militar a través de actividades delictivas", aseguró el profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Cardiff, Sergey Radchenko.

"Me refiero al lavado de dinero, la falsificación de moneda y las operaciones de contrabando. ¡Los norcoreanos son maestros bien conocidos del género!". Por eso "están muy capacitados pagar ganar este dinero en el extranjero sin importar las sanciones", agregó Radchenko.

Obreros versus armamento nuclear: el oscuro trueque de Kim Jong-un

La idea de mandar empleados fuera de Corea del Norte surgió en 1974, bajo el mando del abuelo de Kim Jong-un, Kim ll-sung. Desde entonces, se han convertido en una fuente de financiamiento clave para el régimen a expensas del pueblo. Mientras uno se enriquece, el otro es oprimido.

El régimen es su faro. Organiza sus vidas en función a sus talentos y posición socioeconómica. Desde pequeños ya saben lo que serán: obreros, militares, ingenieros o funcionarios de la 'oficina 39'.

Kwang-jin calcula que hay cerca de 150.000 norcoreanos fuera del país, "unos 50.000 en Rusia, algunos más en china y el resto, repartidos por todo el mundo". Los contratos suelen durar tres años. Tres largos años en el que los trabajadores están lejos de sus familias, recibiendo pagos intermitentes por parte del régimen y aislados de la sociedad.

Pueden dejar el país quienes tienen al menos un hijo. De esa forma, el régimen asegura la lealtad de sus empleados. Si se les ocurre escapar, su familia paga las consecuencias.

En Mongolia, un país de Asia oriental, viven cerca de 1.200 empleados norcoreanos. Trabajan "legalmente" por invitación del Gobierno mongol en construcciones, pero las empresas que los contratan ingresan los salarios directamente a la embajada norcoreana en Ulán Bator, la capital, y el régimen confisca cerca del 80% del salario, dejando al empleado con un sueldo pobre para sobrevivir y enviar a su familia.

Los obreros no son la única bendición del dictador, que exporta incluso médicos ( su fuente más lucrativa), para prestar servicios de salud fuera. Ellos no pueden dejar los centros donde trabajan, como casi ningún trabajador norcoreano en el exterior. La vigilancia es extrema cuando se trata de los secretos del régimen. Corea del Norte no quiere que sus empleados tengan contacto con el mundo y descubran una realidad distinta a la que enseña la propaganda del régimen.

"Kim Jong-un recibe todo el dinero y lo invierte. Los programas nucleares consumen grandes sumas y salen de su bolsillo. Su flujo de efectivo a aumentado drásticamente en los últimos 20 años y así puede continuar con su programa nuclear", señaló Kwang-jin

De qué otra manera puede un país pobre financiar una programa tan costoso y de alta tecnología. Se calcula que la dictadura podría recibir de los empleados que envía al extranjero unos 450 millones de euros al año, pero en realidad "nadie sabe cuánto gana el régimen o cuánto destina a su programa nuclear, es su secreto mejor guardado", apuntó Michael. Es una actividad que el régimen, en complicidad con otros países, ejerce al margen de la ley, pero a los ojos del mundo, son trabajos legales y bien remunerados.

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