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Ricardo Palma Salamanca, el exguerrillero que tensiona las relaciones Chile - Francia

El exfrentista Ricardo Palma Salamanca en el Palacio de Justicia de París, el 10 de octubre de 2018.
El exfrentista Ricardo Palma Salamanca en el Palacio de Justicia de París, el 10 de octubre de 2018. Archivo AFP - vía RFI

La Corte de Apelaciones de París decidirá en enero si extradita o no a Ricardo Palma Salamanca, el guerrillero que asesinó al ideólogo de la dictadura de Pinochet en democracia. Esta es su historia.

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Ricardo Palma Salamanca tenía 17 años cuando vio cómo su padre era capturado por los agentes de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Esas imágenes repetidas en sesión continua en su memoria le llevaron a tomar la decisión de unirse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), uno de los pocos movimientos de izquierda en Chile que optaron por la violencia y las armas como una forma activa de lucha contra la dictadura, según afirma la sinopsis del ‘L’homme caché’ (‘El negro’), un documental del director chileno Sergio Castro que trata de reconstruir la historia de Palma en el exilio.

Aunque otras versiones de personas cercanas al exguerrillero aseguran que no fue su padre, si no sus dos hermanas, las que fueron detenidas en varias ocasiones por los agentes de Pinochet, una de ellas torturada y violada. Reconstruir la historia de Palma resulta, tanto tiempo después, aún complicada y no se escapa al hermetismo que siempre ha perseguido su figura.

Palma nació en Chile en julio de 1969. Realizó estudios de fotografía y guitarra. Ingresó en 1985 a las Juventudes Comunistas, y en 1986 se unió a las Milicias Rodriguistas.

En 1991, recién instaurada la democracia, Palma junto a uno de sus compañeros y amigos más cercanos, el guerrillero Raúl Escobar Poblete, alias ‘Emilio’, asesinó al senador ultraconservador Jaime Guzmán. Guzmán es considerado el ideólogo de la dictadura, la mano más a la derecha de Pinochet, el alma del partido más conservador de Chile (la Unión Demócrata Independiente -UDI-), y el creador de todas las leyes de amarre que lograron perpetuar muchas de las estructuras económicas y políticas de la dictadura en la democracia chilena.

La muerte de Guzmán fue uno de los golpes más celebrados por el FPMR, un movimiento armado que no consideró que el restablecimiento de la democracia fuera real en el país y para el que las míticas palabras del entonces presidente Patricio Aylwin, justicia “en la medida de lo posible” no fueron suficiente.

Junto al asesinato de Guzmán, el FPMR fue responsable del atentado fallido contra el propio Pinochet en 1986 en el que murieron varios de sus escoltas, un operativo central en la historia del movimiento armado de corte marxista en el que también tuvo un rol principal Ricardo Palma, ‘el Negro’, considerado uno de los guerrilleros claves del movimiento en esa época. Para muchos, un referente.

Un año después del asesinato de Guzmán, en 1992 Palma fue apresado y acusado del secuestro de Cristián Edwards, hijo del dueño del diario ‘El Mercurio’ y de las muertes del senador Jaime Guzmán, un coronel y un cabo. Por estos tres casos fue condenado a cadena perpetua en democracia.

En torno a esa misma fecha se produjeron otras detenciones que supusieron los últimos estertores del FPMR, cuyas acciones armadas fueron extiguiéndose en el tiempo hasta quedar convertido en el movimiento de lucha social, escindido en tres partes, como en la actualidad.

Palma Salamanca protagonizó la fuga carcelaria más espectacular de la historia chilena

Pero el Frente dio un gran último golpe maestro, al rescatar de prisión el 30 de diciembre 1996 a una de sus estrellas, Palma, de una forma completamente cinematográfica. ‘El Negro’ protagonizaría la fuga más espectacular de una cárcel en la historia de Chile, perpetrada a través de un helicóptero que desafío la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) donde se encontraba, y a cuyo canasto saltó fugándose junto a otros tres de sus compañeros, cual película de Hollywood, ante la mirada atónita de los vigilantes que no atinaron a disparar.

“Qué les hizo hacer lo que hicieron en el pasado y lo que hicieron despuntando esa tarde de Diciembre. Unos se colgaron con la desesperación de la libertad y otros se elevaron en un acto mistificador para la emancipación de cuatro cuerpos. Todos daban tiros menos los responsables de la labor del celaje. Agradecer, también, aquella valerosa cobardía, el breve aporte inconfesado por la ineptitud de la vergüenza”, relata Palma en ‘El gran rescate, desflorando al viento’, uno de los dos libros que escribió en el exilio, (junto a ‘Una larga cola de acero’) y que se refiere precisamente a ese hecho aún fresco en la reciente memoria colectiva chilena.

A partir de entonces Palma se convirtió en uno de los hombres más buscados por Chile y se iniciaron más de 22 años largos en el exilio, primero en México y después en Francia, donde fue capturado a comienzos de año por la Interpol, posteriormente liberado, por la solicitud de extradición del estado de Chile, que reclama la necesidad de que Palma regrese al país para cumplir su pena.

Sin embargo la Oficina Francesa de Protección de los Derechos de Refugiados y Apátridas (OFPRA) decidió conceder a Palma asilo político, una postura avalada por el  Ministerio de Exteriores francés que en un comunicado defendió la independencia de OFPRA afirmando que “el caso de Ricardo Palma Salamanca se refiere a la historia de Chile bajo la dictadura de Augusto Pinochet”.

En esos 22 años fuera de Chile, Ricardo Palma se construyó un seudónimo, escribió artículos para diarios digitales mexicanos y dos libros. Y de paso se inscribió en la Sociedad de Escritores de Chile, la SECJ, un acto que causó, como todos lo que le rodean, polémica, pero que fue defendida por el organismo que se desvincula de posturas políticas y se ciñe a lo estrictamente literario.  

Y se convirtió en intermediario de ventas de arte en México, desde donde huyó tras la captura de Emilio en 2017 y posteriormente París, donde se encuentra en la actualidad con la madre de sus hijos,  Silvia Brzovic, también miembro del Frente, condenada por el secuestro de Edwards y con quien firma de manera conjunta todas las comunicaciones de la campaña para lograr su asilo, para el que se recauda dinero para los trámites legales y que ha logrado numerosas adhesiones de intelectuales europeos, y, menos, de chilenos.

Ambos agradecieron la ayuda en un reciente video difundido por Radio ADN en el que Palma apenas pronuncia unas escuetas palabras.

 
En Chile, la figura de Palma aún desata toda la furia de la facción más conservadora, la UDI, cuya fundación está vinculada a Guzmán, que considera al guerrillero como un “terrorista”. “Hacemos un llamado al Gobierno francés a asumir la responsabilidad de tener asilado a un terrorista chileno, prófugo de la justicia chilena”, manifestó el secretario general de la UDI, Issa Kort, cuando se conoció la decisión de la OFPRA.

La postura ante la figura del exguerrillero genera unidad entre las distintas posiciones de la derecha chilena, entre muchos demócratas y entre muchos partidos de la centroizquierda, algo bastante inusual en el país.

Aunque algunos recuerdan, que si bien fue juzgado en democracia, “Ricardo Palma Salamanca fue condenado por delito terrorista, una ley confeccionada bajo la dictadura, además de ser objeto y víctima de torturas durante su interrogatorio”, señaló a medios chilenos el diputado comunista Hugo Gutiérrez.

Una postura compartida por el presidente de su partido, Guillermo Teiller, quien en declaraciones a medios locales ha cuestionado que se respetara “el debido proceso” en su juicio.

El gobierno ha sido claro, Palma asesinó y fue condenado en democracia, y ha perseguido esta tema: tras la declaración de la OFPRA citaron al embajador de Francia en Chile, Roland Dubertrand, a pedir explicaciones, el presidente Sebastián Piñera escribió una carta pidiendo su mediación al presidente francés, Emmanuel Macron, una carta a la que Macron respondió, y, no obstante, Piñera volvió a sacarle el tema en la cumbre del G-20.

“La infamia es la similitud con el anonimato, un silencio al cual están condenados los hombres cuando obedecen a su amo”, escribe Palma en el prólogo de su libro El gran rescate. No se sabe si a la infamia, pero está claro que el nombre de Ricardo Palma está muy lejos del anonimato en la historia reciente de Chile.

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