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El Debate

Estados Unidos y China: la guerra comercial de las grandes economías en el 2018

Reuters

La política proteccionista del presidente Donald Trump fue la hoja de ruta para relacionarse con el gigante asiático, comenzando una guerra arancelaria que ha impactado en la economía global.

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Si tuviéramos que escoger una palabra para describir el 2018 en materia de comercio internacional, esta sería tensión. Aunque la principal disputa se dio entre Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo, la política proteccionista del presidente estadounidense, Donald Trump, marcó su relación comercial con otros países e impactó a la economía global en general.

En marzo de este año, el mandatario de Estados Unidos, dio un aviso, muy a su estilo, sobre lo que sería su política comercial durante este año. Vía Twitter, el mandatario dijo que "cuando un país (Estados Unidos), está perdiendo miles de millones de dólares en el comercio prácticamente con todos los países con los que hace negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar".

El 8 de ese mismo mes, Estados Unidos impuso aranceles del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio importado. El 23 de marzo y el 2 de abril China anunció aranceles por US$6.000 millones; el 3 de abril Estados Unidos anuncia gravámenes para productos de alta tecnología y un día después China respondió con tasas sobre 106 productos estadounidenses, entre los que se encontraban la soya y los vehículos.

En mayo, ambos países lograron un acuerdo que solo duró tres días, al cabo de los cuales el presidente Trump se retractó. Luego de esta corta tregua se intensificó la guerra de aranceles. En junio, julio y agosto, China y Estados Unidos anunciaron aranceles recíprocos por US $50.000 millones, US $34.000 millones y US$16.000 millones, respectivamente.

En septiembre, Estados Unidos impuso aranceles del 10% sobre productos chinos por US $200.000 millones, a incrementarse al 25% en 2019, y China hizo lo propios sobre productos estadounidenses por US $60.000 millones. En noviembre, la búsqueda de un acuerdo se da simultáneamente con los ataques verbales de parte y parte. Debido a esta disputa, la cumbre de la Apec finaliza, por primera vez, sin un comunicado conjunto.

Finalmente, en diciembre China y Estados Unidos logran una tregua comercial, cuando el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, se reunieron en el marco de la cumbre de líderes del G-20 en Buenos Aires, Argentina.

Según la OCDE, el comercio mundial ya ha comenzado a ralentizarse

Tras un año de tensión comercial, no hay consenso sobre cuál ha sido el impacto real de los aranceles ni sobre cómo se deben medir los efectos. Por una parte, la economía de Estados Unidos se muestra sólida: una tasa de desempleo del 3,7% su nivel más bajo en casi 50 años y un crecimiento económico del 3,5% durante el tercer trimestre.

Sin embargo, el déficit comercial, una de las grandes preocupaciones del presidente Trump, no se ha reducido, sino que al contrario, llegó a US$54.000 millones en septiembre, el nivel más alto en 7 meses. El superávit de China con Estados Unidos alcanzó ese mes la cifra récord de US$34.000 millones.

Por otra parte está China, que a diferencia de Estados Unidos, muestra signos de desaceleración… en el tercer trimestre la economía del gigante asiático tuvo el crecimiento más débil desde la crisis financiera global, con una ralentización de la producción manufacturera y de la inversión en infraestructura.

Según cifras oficiales de noviembre, el PMI no manufacturero, que cubre servicios como ventas minoristas, software, aviación y los sectores de bienes raíces y construcción tuvo la mayor caída en 15 meses. También se redujeron el PMI manufacturero y la actividad en construcción; algunas de las empresas consultadas para medir estos índices ya han sentido el efecto de una política gubernamental más severa respecto a la deuda corporativa.

A nivel global, varios organismos multilaterales como la OCDE y el Fondo Monetario Internacional han advertido sobre los efectos de un escalamiento de esta disputa. Según la OCDE, “el comercio mundial ya ha empezado a ralentizarse, y las restricciones comerciales están generando efectos adversos en la confianza y los planes de inversión, mientras que el comercio mundial parece que crecerá por debajo del 4% anual en promedio durante el periodo 2018-20. Los resultados podrían ser aún más débiles si se materializaran los riesgos a la baja”.

La disputa comercial deja ganadores y perdedores en todo el mundo

Más allá de las cifras macroeconómicas, esta guerra ha dejado perdedores y ganadores, tanto en los países protagonistas como en el resto del mundo.

La industria del cerdo es un ejemplo de perdedores con esta guerra comercial, tanto en Estados Unidos como en China. Los productores en Estados Unidos están sufriendo las retaliaciones de China sobre el sector agrícola y los chinos sienten el efecto de los mayores precios del grano de soja que elevan en general los costos de producción. También se han visto afectado los productores en Brasil, Canadá y algunos países europeos.

En Latinoamérica, países pequeños como Colombia y sin mayor incidencia en la guerra comercial se están viendo afectados por la pelea de los grandes. Juan Manuel Lesmes, director de la cámara Fedemetal de la Asociacion Nacional de Industriales (ANDI) le dijo a France24 que los aranceles al acero y al aluminio han afectado a la industria colombiana tanto en el producto que se ha dejado de exportar a Estados Unidos como respecto a las importaciones que ahora llegan al país.

“A este mes (diciembre) se ha registrado una caída del 7% en las exportaciones en un mercado que nos costó mucho trabajo conquistar. Ya tenemos empresas que nos dijeron que en el último mes no vendieron un solo kilo en ese mercado”.

Pero también hay ganadores. Según un informe del Nikkei Asian Review, con el fin de trasladar la producción fuera de China, la empresa Advantech de Taiwán anunció que abriría líneas de ensamblaje en Estados Unidos, y la fabricante taiwanesa de bicicletas, Giant, dijo que expandiría su producción en Europa del Este. El presidente de otra empresa taiwanesa, Powertech, dedicada al almacenamiento y prueba de chips, espera recibir más pedidos en caso de que la guerra comercial se intensifique. También la surcoreana Samsung Electronics ha ganado, debido a las restricciones que Estados Unidos ha impuesto a sus contrapartes chinas Huawei y ZTE.

La guerra tecnológica: lo que subyace a la disputa comercial

Al tiempo que se desarrollaba la guerra arancelaria, Estados Unidos tomó medidas respecto a la protección de propiedad intelectual y la transferencia forzada de tecnología, dos de sus grandes preocupaciones frente a China.

El 27 de marzo, Estados Unidos publicó el Informe Especial de la Sección 301 sobre China, por no proteger los derechos de propiedad intelectual y negar el acceso al mercado a las innovaciones de EE. UU. El 16 de abril penalizó a ZTE, la gigante de las telecomunicaciones china, prohibiéndole comprar tecnología estadounidense por 7 años; el 10 de mayo ZTE cesa operaciones en Estados Unidos y el 25 de ese mismo mes la Casa Blanca multó a la multinacional por US$1.300 millones.

Aunque en junio y julio ambos países negociaron para que ZTE pudiera volver a operar, las acciones contra esta empresa muestran lo que subyace a esta disputa: la competencia por quién tenga el liderazgo en la producción de alta tecnología, sobre todo en la fabricación de chips. En la actualidad son Estados Unidos y algunos de sus aliados como Corea del Sur y Taiwán los que lideran la innovación de alta tecnología, mientras que China sigue dependiendo de otros para adquirir tecnología de punta. Según 'The Economist', ese país invierte más en importaciones de semiconductores que de petróleo.

Por eso el Gobierno chino viene redoblando esfuerzos para impulsar su propia industria de tecnología y esta es la gran preocupación de Estados Unidos, que tiene un componente económico, pero también de seguridad nacional. Desde el mandato del expresidente Barack Obama, la transferencia obligada de tecnología venía siendo un motivo de aprehensión.

A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos, el avance tecnológico de China parece inevitable. Sin embargo, será el 2019 el año que mostrará el desenlace y el impacto real del enfrentamiento arancelario, tecnológico y en ocasiones, político, de las dos grandes economías.

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