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RESUMEN 2018

Brexit: Por qué 2018 fue el año del caos y la incertidumbre en Reino Unido

Manifestantes protestan contra el Brexit afuera del Parlamento en Londres, Gran Bretaña, el 28 de noviembre de 2018.
Manifestantes protestan contra el Brexit afuera del Parlamento en Londres, Gran Bretaña, el 28 de noviembre de 2018. Henry Nicholls / Reuters

Cascada de renuncias en el gabinete, desconfianza dentro y fuera de Londres y una moción de censura que puso a tambalear a la primera ministra. La salida de Reino Unido de la Unión Europea en 2018 tuvo altos, bajos y una incertidumbre sostenida.

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En una helada noche de diciembre en Londres, el jefe del comité 1922 del Partido Conservador anunció que el partido mantenía la confianza en su líder, la primera ministra Theresa May, quien desató la ira de sus colegas ‘Tories’, como se les conoce en el país, al aplazar la votación del Brexit en el Parlamento Británico ante una inminente derrota.

Aunque constitucionalmente May se mantendrá en el poder al menos un año más, hasta noviembre de 2019, la votación de 200 a favor y 117 en contra, mostró que la tercera parte de sus copartidarios la quieren fuera del cargo y la dejan con un margen muy bajo de gobernabilidad. La moción de confianza a la primera ministra no se había utilizado contra un líder del Partido Conservador desde los 90 con Margaret Thatcher, quien aunque ganó por un estrecho margen, renunció.

Pero Theresa May no solo ha sobrevivido a la moción de confianza, la evidente división y conspiración dentro de su partido, sino a la renuncia de varios de sus ministros estrella, entre ellos, los dos jefes negociadores del Brexit con la Unión Europea. El primero fue David Davis, un reconocido euroescéptico, quien lideró la mayoría de la negociación con Bruselas hasta julio cuando May presentó su estrategia para el divorcio conocida como ‘Chequers’. El polémico canciller Boris Johnson también dejó el gobierno y pocos meses después su hermano Jo.

May tuvo que recomponer inmediatamente su equipo con ministros más jóvenes para seguir las difíciles negociaciones que concluyeron en noviembre. Las partes acordaron que llegaron a un acuerdo que no dejó satisfechos ni a Bruselas ni a Londres, pero fue “el mejor acuerdo posible”, dada la complejidad del asunto, en palabras de May.

Cuatro meses después, su otro ministro del Brexit, Dominiq Raab también renunció por diferencias irreconciliables por el acuerdo alcanzado con Europa. La premier quedó prácticamente sola defendiendo el acuerdo, hecho que fue más que evidente en el Parlamento. 

En entrevista con France 24, el profesor Tim Bale, de la Queen Mary University of London, resumió: “Este ha sido el año más loco de la política británica. Estoy en mis cincuenta años, he estado siguiendo a la política como un nerd desde que tenía 16 años y no puedo recordar nada como esto en mi vida".

La frontera entre las Irlandas, la manzana de la discordia

El gran lunar que disgusta al partido Conservador, al Unionista de Irlanda del Norte, del que dependen las mayorías del gobierno de May, y en general a todo el Parlamento, es la posibilidad de que Irlanda del Norte tenga un estatus diferencial, que cortaría el Reino Unido, en caso de que Londres y Bruselas no encuentren una solución distinta a imponer un tipo de frontera aduanera que divida las dos Irlandas antes del 31 de diciembre de 2020. Las Irlandas están en una misma isla, pero la del Norte, es parte del Reino Unido, y la República de Irlanda, es de la Unión Europea.

Pero el asunto delicado de la frontera viene del conflicto histórico entre los Unionistas que quieren mantenerse en el Reino Unido y los Republicanos que luchan por una Irlanda unificada e independiente. Esta constante lucha originó uno de los conflictos recientes más sangrientos de Europa en los últimos tiempos.  

Frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda.
Frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. France 24

Desde 1998, tras el Acuerdo de Paz del Viernes Santo, la frontera entre las Irlandas desapareció para evitar confrontaciones entre las dos comunidades. Hoy la frontera es invisible y por esta circulan más de 250.000 personas al día. Con el Brexit tienen que instalarse nuevamente las fronteras físicas porque estas son las fronteras aduaneras y migratorias de la Unión Europea.

“Todo el proceso de paz está potencialmente en peligro por el deslizamiento hacia un Brexit sin acuerdo y en el Reino Unido, todo el mundo está centrado en la política británica”, explica el profesor Feargal Cochrane de la Universidad de Kent. 

Con las decisiones de último minuto, algunas improvisadas sobre la espinosa frontera con Irlanda, pareciera que antes de empezar las negociaciones en 2017, no se hubiera evaluado el impacto que tendría el divorcio en esta zona.  

“No tuvo atención durante la campaña del referendo en 2016. Cuando ganó la votación para salir se dieron cuenta de que Irlanda del Norte se convertiría en la frontera de la UE. El Reino Unido tendría una frontera en Irlanda del Norte con la UE porque la República de Irlanda seguirá estando en la Unión Europea. Eso requerirá controles sobre los bienes, el movimiento de personas, pero la frontera ha sido extremadamente polémica en el contexto del conflicto político en Irlanda del Norte durante una generación”, señala Cochrane.

¿Improvisación? Ante la incertidumbre, ningún escenario puede descartarse

Los expertos y académicos consultados por France 24 coinciden en que el 2018 ha sido el año del caos para el divorcio. Dos años de negociaciones que avanzaron lentamente y con asuntos fundamentales aún por resolver evidencian que cuando se planteó la estrategia de las negociaciones con la Unión Europea se tuvo una concepción centralista de Inglaterra y no se estudió el impacto en los otros países del Reino Unido como Irlanda del Norte, Gales y Escocia, que votó mayoritariamente para seguir en el bloque comunitario. Y con la inminencia del Brexit, se ha despertado nuevamente el ‘grito’ de independencia del resto del Reino.

Pero la profesora de política de la University of Edinburgh en Escocia, Nicola McEwen, explica para France 24 que la improvisación empezó con la concepción del referendo, pues el gobierno de David Cameron hizo campaña para quedarse en la Unión Europea, no para salir.  

“En 2016 tuvimos este referendo sobre si el Reino Unido debería permanecer o no (en la Unión Europea), pero como la opción de salir no era la posición del gobierno, en realidad no había una plataforma o un manifiesto con una idea clara de lo que significaría salir. Entonces, lo que hemos visto en los últimos años es una especie de entendimiento lento de lo que puede significar”, explica McEwen.

Ante la incertidumbre, ningún escenario puede descartarse. Ni el divorcio en marzo sin un acuerdo, un segundo referendo con la obligatoria extensión del artículo 50, una moción de confianza al Gobierno que pedirían otros partidos. Lo único cierto es que May está muy debilitada políticamente, tampoco tiene gobernabilidad en su partido y si no logra que Europa haga concesiones sobre la frontera con Irlanda del Norte, el Parlamento no aprobaría su plan de Brexit y se desataría una crisis peor cuyos efectos no se pueden medir.

El Gobierno cuenta, aunque ha dicho que no lo utilizará, con un ‘salvavidas’ que le lanzó la Corte de Justicia Europea que falló que el Reino Unido puede unilateralmente desactivar el artículo 50; que es la salida de la Unión Europea.

“Ha sido un año muy difícil porque el Brexit es complicado. La primera ministra se ha enfrentado al hecho de que no tiene mayorías en el Parlamento y tampoco hay consenso allí y entre el pueblo británico sobre qué debe significar el Brexit o qué aspectos debe tener, por eso ha sido muy, muy difícil”, afirma el profesor Anand Menon, director en el Reino Unido de Changing Europe.

Mientras el reloj corre a toda velocidad para la fecha del divorcio, el 29 de marzo de 2019, el próximo año se prevé, será tan caótico y dramático, como este.

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