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RESUMEN 2018

Europa: dividida y sin capacidad de maniobra para gestionar la migración

Migrantes rescatados en el puerto español de Málaga, en noviembre del 2018.
Migrantes rescatados en el puerto español de Málaga, en noviembre del 2018. Jon Nazca/Reuters

La Unión Europea ha estado encallada en los últimos años alrededor del dilema que plantea la migración. Hasta el punto de sumirse en una profunda crisis de identidad de la que no tiene indicios de salir.

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Todo empezó con la que es conocida como crisis de refugiados en 2015, en la que un millón de personas llegaron a Europa, principalmente a Alemania, tras la política de puertas abiertas introducida por la canciller alemana, Angela Merkel. La mayoría de personas provenía de Siria, huyendo de la guerra.

En abril de 2015, la Comisión Europea propuso un mecanismo basado en cuotas obligatorias según el cual todos los países de la Unión Europea debían acoger a un determinado número de migrantes de las 160.000 personas llegadas a Europa, que principalmente habían huido de países como Turquía (provenientes de Siria) hasta las costas de Italia y Grecia. Una cifra que tampoco funcionó, ya que en poco más de dos años solo se repartieron 34.689 personas (un 22% del total).

“La discusión sobre la reubicación obligatoria se ha agotado, y es hora de dejarla atrás. La solidaridad puede venir de diferentes formas, pero debe venir de todos”, exigió a principios de diciembre el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, tras confirmar el fracaso.

El 16 de diciembre, partidos de ultraderecha protestaron en Bruselas contra el Pacto migratorio promovido por la ONU.
El 16 de diciembre, partidos de ultraderecha protestaron en Bruselas contra el Pacto migratorio promovido por la ONU. Francois Lenoir/Reuters

Según Sergio Carrera, investigador del centro de pensamiento CEPS (Centro de Estudios y Políticas Europeas, por sus siglas en inglés) el debate debe pasar de las conocidas como “cuotas de asilo” hacia un verdadero “marco de solidaridad interinstitucional”, que cubra la cooperación en materia de asilo y rescate de refugiados, con la creación de una “Agencia Europa de asilo”, una institución ahora inexistente.

Pero el bloqueo entre los países es lo que ha primado hasta ahora. El conocido como grupo de Visegrado (formado por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) se negó a acoger refugiados o migrantes durante todo este tiempo. Tampoco terminó negándose Austria, a pesar de la amenaza de sanciones por parte de la Comisión Europea.

Cada vez más países han restringido sus políticas de acogida ante el aumento de la xenofobia, que ha hecho también aumentar los partidos de extrema derecha, presentes en casi todos los parlamentos nacionales, exceptuando a Irlanda, Portugal y España, con mensajes directamente contrarios a la migración.

La Unión Europea busca generar consenso en la protección de las fronteras del continente

Ante esta situación, los gobiernos de la Unión Europea han decidido centrarse este último año en lo único que genera más consenso: la dimensión exterior. Es decir, el refuerzo de las fronteras exteriores de la UE para evitar llegadas irregulares. Sobre todo, se han enfocado en la relación y cooperación con países provenientes del Norte de África, desde donde se producen la mayoría de salidas hacia Europa.

En la última reunión de líderes europeos, se constató “la continua caída de los flujos migratorios hacia Europa”, (con una disminución cercana al 90%, según cálculos comunitarios) y se acordó mantener la actual política centrada en el control de las fronteras exteriores y la lucha contra el tráfico de personas.

Aún queda por concluir una de las medidas estrella de este año, el aumento a 10.000 efectivos más para la Agencia Europea de Fronteras Exteriores (conocida como Frontex) para fortalecer la vigilancia en las fronteras, pero también destinada a acelerar las repatriaciones de las personas que no tengan derecho a asilo. Aun así, muchos países no apoyan la medida, porque temen que pueden perder soberanía y control de sus propias fronteras.

La falta de avances en cuestiones migratorias pesa en la actual Comisión Europea. De hecho, el pasado 14 de diciembre, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, criticó a los países por su “hipocresía”, especialmente a países como España y Malta, también los del este, que no ven con buenos ojos la medida.

La Unión Europea ha quedado paralizada por dilemas que han puesto en jaque la integración europea. Asuntos como la acogida de refugiados, al igual que el Brexit, han dejado en evidencia una Europa en la que los Estados prefieren conservar más poder, en vez de ceder soberanía por el bien común.

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