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Resumen 2018

La Rusia de Putin toma impulso en el ojo del huracán

Los participantes del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF) se reúnen cerca de una pantalla electrónica que muestra al presidente ruso Vladímir Putin , quien habla durante una sesión del foro en San Petersburgo, Rusia, el 2 de junio de 2017.
Los participantes del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF) se reúnen cerca de una pantalla electrónica que muestra al presidente ruso Vladímir Putin , quien habla durante una sesión del foro en San Petersburgo, Rusia, el 2 de junio de 2017. Sergei Karpukhin / Reuters

Casi dos décadas en el poder dan para mucho. Algunos han comparado al presidente ruso, Vladímir Putin, con el zar Pedro el Grande, que gobernó en solitario desde 1682 hasta 1725, relanzó la capacidad militar del imperio y amplió sus fronteras.

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Desde 2014 hasta 2018 Putin ha vivido de los réditos políticos de la anexión de Crimea, que le devolvió la popularidad perdida con las protestas que marcaron su regreso al Kremlin en 2012. La aparentemente exitosa intervención en Siria, iniciada en 2015 y con un calendario cada vez menos claro, reforzó esa aureola de país vencedor.

El año que termina iba a ser el del entierro de la crisis, el del escaparate mundial del campeonato del Mundo, el de renovar el poder electoralmente sin contestación y, tal vez, el de la oportunidad de sentar las bases de una nueva relación más igualitaria con Washington.

La victoria de Putin en las presidenciales de marzo, en las que logró la reelección con el 78 % de los votos, despeja el camino para seguir adelante con su política. Pero la Constitución no le permite volver a presentarse en 2024. Toca preparar una transición tranquila, para lo cual Putin necesita un contexto lo más apacible posible tanto dentro como fuera del país.

Empezando por la esfera exterior, todos los intentos de normalizar las relaciones con EE.UU. han fracasado. Poco antes de las elecciones Putin presentó el nuevo arsenal nuclear ruso, capaz de alcanzar “cualquier punto del planeta”. Según el análisis de Nicolás de Pedro, que ha realizado investigaciones sobre el régimen ruso para el CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), “más allá de si estos sistemas de armas son o no son una realidad, el discurso refleja la apuesta firme del Kremlin por militarizar su política exterior, articular su proyección internacional sobre el equilibrio de poder e intimidar a los europeos”.

Al relato de “Rusia como problema” le faltaban rostros humanos. Y Moscú los sirvió en bandeja. El exagente ruso Serguei Skripal y su hija Yulia fueron envenenados con un agente tóxico en territorio británico, supuestamente por agentes de los servicios de inteligencia militar rusos, el GRU. Los periódicos volvieron a abonarse al mito de la nueva Guerra Fría. Países occidentales expulsaron a 150 diplomáticos rusos e impuso nuevas sanciones a Rusia. Cuatro años después de la anexión ilegal de Crimea, Moscú estaba de nuevo en el centro del huracán.

Entre las sombras del espionaje y el brillo del Mundial

Otros casos de espionaje ruso devolvieron al Kremlin a los tiempos en los que la Unión Soviética era vista como una amenaza constante para las democracias abiertas. Pero el Mundial de Fútbol supuso una tregua en el pulso con Occidente. La selección rusa hizo un gran papel, pero eso era importante solo para algunos en el ámbito interno. El evento fue un éxito organizativo y de imagen. Rusia demostró ser un país seguro y competente. Y consiguió brillar como potencia mundial pese a que el evento fue boicoteado por los principales dirigentes mundiales.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el presidente de Rusia, Vladímir Putin y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en la inauguración de la Copa del Mundo en el Estadio Luzhniki en Moscú, Rusia, el 15 de julio de 2018.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el presidente de Rusia, Vladímir Putin y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, en la inauguración de la Copa del Mundo en el Estadio Luzhniki en Moscú, Rusia, el 15 de julio de 2018. Kai Pfaffenbach / Reuters

Pese al brillo, el Gobierno empezó a caminar por esa pasarela con mal pie. Putin decidió presentar la nueva reforma de pensiones justo el día del partido inaugural del Mundial. Pensó que pasaría desapercibido, pero la iniciativa fue rechazada por más del 90% de los rusos durante el verano y provocó las mayores protestas antigubernamentales desde las manifestaciones contra el fraude electoral en el invierno caliente de 2011.

Putin ha aparecido siempre como garante de las clases con más dificultad para adaptarse. En su momento dijo que nunca elevaría la edad de jubilación, pero los datos demográficos y de ingresos son tozudos.

El presidente ruso es el dirigente más longevo del país desde Stalin y el que más poder ha acumulado. Pero Putin termina el año con el peor índice de apoyo popular desde 2013, por debajo del 60%, una cifra que es muy baja en el sistema político ruso. Afortunadamente para el líder ruso, la oposición política en Rusia está profundamente dividida y, como se vio en los últimos comicios, la llamada al boicot del líder opositor, activista y bloguero, Alexey Navalny, no ocasionó ningún problema.

Las metas económicas de Putin, aún muy lejos de superarlas

La economía es la asignatura pendiente para el próximo año. El presidente marcó como objetivo que Rusia crezca por encima de la media mundial y pasar a ser en 2024 en una de las cinco principales economías mundiales. Pero los objetivos están todavía muy lejos.

Vladimir Putin, como presidente (2000-2008 y 2012-2018) y entre medias como primer ministro (2008-2012) sucesivamente, ha cabalgado un ‘boom’ económico que no es sólo hijo de sus políticas económicas, sino sobre todo de los precios del petróleo, que durante años han estado en un nivel alto para los gastos de explotación rusos. Ha reducido la inflación al 2%, pero la economía apenas crece, el poder adquisitivo de los rusos no deja de caer y el rublo no termina de recuperarse.

Las reformas estructurales de la economía y la modernización son imprescindibles. Pero en Rusia muchos piensan que fueron las reformas las que acabaron con Mijail Gorbachov y con el país que lideraba. Boris Reitschuster, biógrafo alemán de Putin, recuerda que “la Perestroika fue una catástrofe para el presidente ruso”. No es el mejor amigo de las reformas.

Al fin y al cabo, aunque en Rusia existe un notable porcentaje de personas que viven en el umbral de la pobreza (el 13,4%) la mejora es palpable en la calle y en la memoria de la gente si se compara con el dato de 1992 (34%), o el del año en el que Putin llegó al poder, 2000, (con un 28% de la población rusa luchando por sobrevivir). A ojos de muchos rusos, este exagente secreto ha sacado al país del abismo en el que había caído en 1991, ha mejorado sustancialmente los niveles de bienestar de los 144 millones de ciudadanos y ha reconvertido a Rusia en una potencia mundial.

El año 2019 empieza con el balón de la destrucción mutua rodando por el terreno de juego entre Washington y Moscú, esperando que alguien chute o pare el balón. La secuela de la ‘Guerra de las Galaxias’ (un invento de Ronald Reagan) fue anunciada por Putin como signo de fortaleza pero dio a Trump un ángulo muy oportuno para acusar a Moscú de iniciar una nueva carrera armamentista. Así, Trump anunció sus planes de abandonar el primer tratado de desarme nuclear de la Guerra Fría, el histórico INF. Esto, a su vez llevó a Putin a amenazar con apuntar sus misiles contra Occidente.

El conflicto en Crimea marca el final del 2018

El remate de esta escalada de tensión ha llegado a final de año en el mismo lugar donde empezaron los problemas en 2014: Crimea. El incidente naval entre guardacostas rusos y buques ucranianos ha hecho a Kiev escuchar viejos tambores de guerra.

Aviones de combate rusos vuelan sobre un puente que conecta a Rusia con la península anexada de Crimea, después de que tres buques de la armada ucraniana fueran detenidos por Rusia, al presuntamente ingresar al Mar de Azov a través del Estrecho de Kerch.
Aviones de combate rusos vuelan sobre un puente que conecta a Rusia con la península anexada de Crimea, después de que tres buques de la armada ucraniana fueran detenidos por Rusia, al presuntamente ingresar al Mar de Azov a través del Estrecho de Kerch. Pavel Rebrov / Reuters

En realidad ocupar el mar que rodea a Crimea (encerrando a Ucrania) es solo la consecuencia lógica de la anexión de esa península. Por eso Putin defendió el uso de la fuerza en la zona del mar Negro y mar Azov. Tal y y como temía la élite rusa -en muchos casos cansada de tensiones con occidente- la crisis agudizó el aislamiento de Rusia.

Trump aplazó el esperado encuentro con Putin el G20, donde se vio al líder ruso más cómodo con el príncipe saudí, Mohammed Bin Salmán, que con mandatarios democráticos. Rusia y Arabia Saudita son líderes de facto de la alianza de la Organización de Países Exportadores de Petróleo con otros exportadores clave del sector. Aunque tienen enfoques distintos, ambos desean que los precios del petróleo sean más estables y han logrado un acuerdo para aminorar la producción junto al resto de exportadores.

La única buena noticia del año para Putin ha sido el Mundial y su esperada victoria electoral. Pero los conflictos internos de los principales países de la UE y la investigación a la que se va a ver sometido Donald Trump por sus tratos con intermediarios de Moscú pueden volver a dar la posesión del balón a Vladímir Putin.

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