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Resumen 2018

El año en el que Nicaragua decidió cambiar su rumbo (1/2)

Estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), que reclaman en sus consignas justicia, democracia y la salida del presidente Daniel Ortega, disparan morteros hechos a mano durante una manifestación en las instalaciones de la UNAN en Managua el 11 de mayo de 2018.
Estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), que reclaman en sus consignas justicia, democracia y la salida del presidente Daniel Ortega, disparan morteros hechos a mano durante una manifestación en las instalaciones de la UNAN en Managua el 11 de mayo de 2018. Diana Ulloa / AFP

El 2018 fue un punto de inflexión en Nicaragua, el año de la rebelión cívica contra el Gobierno Ortega, que llegó allí después de derrocar a la dictadura en 1979. Represión y miedo en Nicaragua. Primera entrega.

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“El incendio no ha avanzado, gracias a Dios. Lo tenemos frenado con el trabajo de nuestro Ejército”, insistía la vicepresidenta Rosario Murillo el 12 de abril, durante su alocución diaria para informar las acciones del Gobierno para controlar un incendio forestal que durante dos semanas consumió miles de hectáreas de una de las reservas biológicas más importantes de Centroamérica, ubicada en la frontera sur de Nicaragua.

Mientras Murillo agradecía a Dios y al cuerpo armado por desafiar el feroz incendio, cientos de veinteañeros eran reprimidos por policías antidisturbios en una avenida de Managua, la capital del país, donde se habían auto convocado bajo la etiqueta de redes sociales #SOSIndioMaiz, demandando al gobierno una respuesta efectiva e información de lo que sucedía en la reserva biológica, bajo la sospecha de que la tragedia ambiental había sido provocada por intereses económicos.

Días antes el Gobierno negó a las organizaciones ambientalistas y periodistas documentar el incendio, tardó días en enviar al ejército y negó la ayuda de un contingente de bomberos de Costa Rica, quienes se apostaron en la frontera de ambos países esperando la autorización para combatir el fuego, la cual fue negada por Nicaragua.

En total 5.000 hectáreas (2% de la reserva) fueron consumidas durante los diez días que duró el incendio, cientos de especies murieron y se afectó núcleos importantes de las más de 300.000 hectáreas de Indio Maíz, reserva creada en 1990 y que forma parte del Sistema Internacional de Áreas Protegidas para la Paz (SiaPaz), como parte de un proceso pos guerra en Centroamérica.

La reserva surgida en un contexto de conflictos sociales parecía haber despertado en los nicaragüenses la reivindicación a sus libertades básicas, autocensuradas por el temor a ser golpeados y robados por las fuerzas de choque progobierno, cuya misión de dispersar con fuerza cualquier piquete que no fuese en sintonía con el Gobierno, habría resultado por años con grupos feministas, partidos políticos, universitarios, ambientalistas y campesinos que dan cuenta de la represión a opositores y parecía formar parte del cotidiano social de Nicaragua.

Reformas al INSS detonan más protestas

Con Indio Maíz aún en cenizas, el 18 de abril el Gobierno nicaragüense anunció un incremento en los aportes de la Seguridad Social, además de un recorte del 5% a las pensiones que recibían los jubilados, con el fin de "mejorar el balance financiero del sistema de pensiones" citaba el decreto 03-2018, firmado por el presidente Daniel Ortega.

Las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, representaría otro descontento social y la primera política económica no consensuada con el sector privado aglutinado en el Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, con quienes se alardeaba de una estrecha y saludable relación política.

La ley de reformas aprobada en tiempo récord por la mayoría de diputados sandinistas del Parlamento provocó más manifestaciones y como acontecía desde años atrás en Nicaragua, serían repelidas con violencia por estos grupos de choque identificados como Juventud Sandinista, acuerpados en muchas ocasiones por la Policía nacional.

La primera manifestación sucedió ese mismo día en Camino de Oriente, una plaza de compras en el corazón de Managua, donde decenas de jóvenes que habían participado días antes en las protestas ambientalistas por el incendio forestal decidieron convocar bajo otra etiqueta #SOSInss, reclamando al Gobierno en nombre de sus padres y abuelos que inminentemente pagarían más al Estado.
Solo minutos después de iniciada la manifestación llegaron las “turbas”, como se conocen localmente las fuerzas de choque progobierno, atacando con saña a disidentes y periodistas, destruyendo inmuebles de comercios y asaltando, mientras los agentes policiales servían de espectadores.

La brutal represión hacia los manifestantes tuvo un efecto contrario; En vez de disolver a los manifestantes los incrementaron. Muchos se refugiaron en comercios aledaños y otros en una universidad cercana, hasta donde eran perseguidos por la policía y sandinistas.

Estudiantes se enfrentan con agentes de la policía antidisturbios cerca del Colegio Técnico de Nicaragua durante las protestas contra las reformas del Gobierno en el Instituto de Seguridad Social (INSS) en Managua el 21 de abril de 2018.
Estudiantes se enfrentan con agentes de la policía antidisturbios cerca del Colegio Técnico de Nicaragua durante las protestas contra las reformas del Gobierno en el Instituto de Seguridad Social (INSS) en Managua el 21 de abril de 2018. Inti Ocon / AFP

“Están agrediendo a los estudiantes de la UCA. Están destruyen las instalaciones, ayúdennos”, exclamaba Irlanda Jerez, una comerciante que llegó junto a su hija a manifestarse y juntas quedaron atrapadas en medio del caos y violencia que se extendió a altas horas de la noche. La mañana siguiente los universitarios anunciaban que se tomarían los recintos en protesta por las reformas y la represión hacía los manifestantes. Además exigían que los líderes de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN) fuesen destituidos, según ellos, fungían como brazo político del Gobierno para controlar las acciones universitarias.

Con la icónica canción ‘Qué vivan los estudiantes’ de los Guaraguao, cientos de universitarios inconformes se preparaban con piedras y bombas artesanales para enfrentar a las fuerzas antidisturbios, mientras comercios aledaños cerraban, las clases se cancelaban y el país se preparaba sin saber, para los días más violentos de su historia moderna.

Represión, primeros estudiantes muertos y un esquivo diálogo

Para el 19 de abril los enfrentamientos entre estudiantes y fuerzas policiales era una realidad. Las imágenes de ambulancias saliendo de los recintos con heridos detenían las actividades del país. Las protestas comenzaron a sumar estudiantes muertos apenas horas de haber iniciado.

En catedral metropolitana de Managua, contiguo a dos recintos universitarios donde los enfrentamientos estaban en su punto más violento, decenas de personas se dispusieron a entregar medicinas y víveres para ayudar a los estudiantes. La catedral sirvió de refugio, más de cien personas quedaron atrapadas ahí por más de 24 horas. Estaban rodeados por leales a Ortega y amenazaban con entrar al templo. Los curas mediaron y se logró su liberación.

Entre los estudiantes atrapados en la catedral estaba Lesther Alemán, alto y delgado, con unos lentes estilo vintage y una voz grave como de locutor estelar de noticias. Con apenas 20 años, Alemán participaba en la articulación de un grupo de estudiantes de varias universidades. Para ese momento solo un movimiento estudiantil se había creado, decidieron llamarse Movimiento 19 de Abril. Luego cada universidad escogería a su directiva.

Mientras los universitarios soportaban gases y balas en sus aulas de clase, los empresarios del Cosep rechazaban la propuesta de reforma y convocaban a un Diálogo Nacional que Ortega aceptaría luego de derogar la ley de reforma al INSS para apaciguar las manifestaciones que a ese momento se habían extendido por todo el país y nombró a la Iglesia católica como garante del mismo.

Durante el proceso para instaurar una mesa de diálogo que incluyera a todos los actores sociales, las manifestaciones habían mudado de la suspensión de reforma a la seguridad social, a un pedido popular de renuncia de Ortega y sus funcionarios de Gobierno.

En los barrios y ciudades de todo el país las manifestaciones antigubernamentales crecían y eran reprimidas con fuerza, elevando el número de muertos, heridos y detenidos. “Un nicaragüense muere cada ocho horas”, declararon en su momento representantes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y mientras el dialogo no llegara, las ciudades decidieron auto aislarse con barricadas en sus principales accesos. Hechas de piedras, letreros gigantes y árboles, a los bloqueos les llamaron “tranques” y paralizaron el país.

“Esta no es una mesa de diálogo, es una mesa para negociar su salida” le dijo Lesther Alemán al presidente el 16 de mayo, ahora nombrado vocero de un movimiento estudiantil el día que comenzó el evento televisado más visto en el país y donde los protagonistas fueron los estudiantes y sus demandas que interrumpieron durante varios minutos Ortega.

Daniel Ortega y Rosario Murillo, su esposa, vicepresidenta y vocera del Gobierno, intentaron criminalizar las protestas acusándoles de causar caos y anarquía. Aseguraron ese día que habían sido las fuerzas del orden las víctimas en el conflicto y pidieron pruebas de los muertos o desaparecidos que los estudiantes reclamaban.

“La policía, ha sido víctima de esta campaña, la policía tiene órdenes de no disparar y la prueba es que cuando se atacó el cuartel de Masaya donde estaba la policía protegiéndose en el cuartel, durante ese ataque la policía no disparó y resistió varias horas y no disparó”, afirmó Ortega.

El presidente nicaragüense Daniel Ortega pronuncia un discurso durante un mitin oficial después de las protestas contra la reforma de la Seguridad Social, donde al menos 43 personas fueron asesinadas en Managua el 30 de abril de 2018.
El presidente nicaragüense Daniel Ortega pronuncia un discurso durante un mitin oficial después de las protestas contra la reforma de la Seguridad Social, donde al menos 43 personas fueron asesinadas en Managua el 30 de abril de 2018. Inti Ocon / AFP

Una vez iniciado el diálogo, dejó de ser televisado para avanzar en los temas de agenda propuestos por los actores de oposición que consistían en el ingreso de organismos internacionales de derechos humanos para recoger testimonio de víctimas de la represión y una “ruta de democratización del país” que pasaba por reformas al poder electoral y la dimisión de varios funcionarios de Gobierno, entre ellos el presidente.

“No visualizamos la cantidad de presos políticos que hoy tenemos, ni que vendría una operación de las fuerzas de Daniel Ortega más fuerte”, recuerda Alemán, quien afirma que un logro del diálogo fue el ingreso de organismos de derechos humanos y “el aislamiento de Ortega” de la comunidad internacional.

El estudiante, hoy exiliado en Estados Unidos, se refiere a la denominada “Operación Limpieza” que consistió en una ofensiva de grupos paramilitares afines al gobierno que coordinados con la policía desarticularon una a una con violencia las ciudades que se habían levantado en rebeldía contra el gobierno, según documentó un informe de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

“Estos grupos participaron en redadas y ataques contra manifestantes y llevaron a cabo detenciones ilegales. Si bien el Gobierno ya no niega la existencia de estos elementos armados progubernamentales, aprueba sus acciones y les permite operar con impunidad”, cita el texto titulado ‘Violaciones de derechos humanos y abusos en el contexto de las protestas en Nicaragua’ que valió la salida de ACNUDH del Nicaragua.

“…estos organismos, el de Naciones Unidas en este caso, no es más que un instrumento de política de muerte, de terror, de mentira, de infamia, son infames y es bueno que los nicaragüenses los vayamos conociendo mejor”, refutó Ortega durante un mitin político, negando los graves señalamientos  en su contra.

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