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Resumen 2018

Populismos de derecha en el 2018, ¿a dónde se fue la democracia?

"Detengan la invasión de asilo", dice un cartel durante una manifestación flamenca en Bruselas, Bélgica, en oposición al Pacto por la Migración de Marrakesh el 16 de diciembre de 2018.
"Detengan la invasión de asilo", dice un cartel durante una manifestación flamenca en Bruselas, Bélgica, en oposición al Pacto por la Migración de Marrakesh el 16 de diciembre de 2018. Francois Lenoir / Reuters

Desde Washington hasta Budapest, pasando por Brasilia, Viena y Roma, los discursos nacionalistas son cada vez más fuertes y replicados en el mundo. Análisis de una tendencia en aumento.

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El presidente estadounidense Donald Trump estaba en primera fila cuando, el pasado 11 de noviembre, su homólogo francés Emmanuel Macron sentenciaba con contundencia que "el patriotismo es exactamente lo contrario que el nacionalismo. El nacionalismo es una traición".

En el discurso para conmemorar el centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial, el mandatario francés insistió en la importancia de la comunidad internacional para responder a la "amenaza del calentamiento global, la pobreza, el hambre, las enfermedades, las desigualdades y la ignorancia". Para él, los líderes allí presentes estaban asumiendo un compromiso global con esas tareas. Pero a pocos metros estaba Donald Trump y en su rostro serio parecía no haber empatía.

Tres semanas antes, en la recta final de la campaña de las elecciones de medio término en Estados Unidos, Donald Trump fue hasta Houston, Texas, para darle un empujón a Ted Cruz que aspiraba a reelegirse en el Senado estadounidense. Durante su discurso en el Toyota Center, Trump preguntó a los asistentes si sabían qué es un "globalista". "Un globalista es una persona que quiere que al globo le vaya bien, francamente sin importarle mucho nuestro país. Saben, no podemos tener eso", afirmó Trump en su discurso, y añadió: "Hay una palabra que se volvió 'pasada de moda'. El nacionalismo. Y se supone que no debemos usarla. ¿Saben qué soy? Soy un nacionalista, ¿ok?".

Por eso muchos interpretaron el discurso de Macron como una respuesta a esta confesión del mandatario estadounidense. Pero en el fondo hay un debate que está dividiendo al mundo y está ganando adeptos en España, con el triunfo de Vox en Andalucía; en Italia, con el ascenso del ministro del Interior Matteo Salvini y su discurso contra la Migración; en Austria, donde el canciller Sebastian Kurz se opone a la migración desde la cúpula de la Unión Europea; en Filipinas, un país en el que el presidente Rodrigo Duterte promueve una guerra contra las drogas en la que muchos denuncian graves violaciones a los derechos humanos; o en Brasil, donde el nuevo presidente Jair Bolsonaro señala de enemigos de la patria a sus opositores.

Los discursos que reivindican el valor de lo nacional y la voluntad popular por encima de cualquier principio son interpretados por muchos como populistas, aunque hay quienes prefieren ser más precisos.

"Usen esa palabra: nacionalista. No tiene nada de malo": Donald Trump

"El nacionalismo es la verdad del 'populismo'", apunta el politólogo y filósofo francés Pierre-André Taguieff en la revista 'Krisis', y afirma que el populismo es el "nuevo enemigo" de quienes se proclaman como defensores de la democracia.

Para Taguieff, detrás de este populismo hay un rechazo a las "élites dirigentes que confiscan la democracia" y resalta también que tras el rechazo a este populismo se pueden "esconder los miembros y beneficiarios de sistemas oligárquicos, ansiosos por defender sus privilegios e intereses". Además, el investigador insiste en que, independientemente del sello populista, que resurge a través de líderes de izquierda o de derecha, "es urgente reconsiderar la cuestión del nacionalismo, que creíamos obsoleta".

El investigador Yann Basset, profesor de la Universidad del Rosario y doctor en Ciencia Política de Paris III, también sigue esta interpretación. "Si vamos a hablar del llamado populismo de derecha en Europa, yo creo que lo más simple, sencillo y preciso es hablar de partidos nacionalistas", apunta el investigador, cuya tesis doctoral se enfocó en los populismos latinoamericanos.

Pero el calificativo 'nacionalista' es polémico en muchas regiones del mundo. Por algo Trump en su discurso en Texas reconoció que era un término 'old fashion'. Pero para el investigador José Ángel Hernández, doctor en Historia y director del departamento de Historia en la Universidad Sergio Arboleda, este concepto no significa lo mismo en Europa y América. "Es difícil de entender en América Latina. El desarrollo político e histórico de América Latina sigue otros caminos distintos a los de Europa y entonces por eso hay esas disquisiciones", apunta Hernández. De ahí que líderes como Trump no teman ser relacionados con el nacionalismo europeo que desató la Segunda Guerra Mundial.

En Europa, por otro lado, el que un partido u otro se reconozca como nacionalista depende de la región. Basset pone el ejemplo del Frente Nacional francés de Marine Le Penn, ahora denominado Agrupación Nacional, para resaltar un partido en el que no se teme la asociación al nacionalismo. "Son palabras que se usan menos en Alemania, en Austria, en esos países que precisamente conocieron el nazismo, el fascismo, en los años 40, es una denominación que no se acepta tan fácilmente", añade el académico.

Pero más allá del sello, Basset explica que si hay un elemento distintivo de los partidos nacionalistas que adquieren cada vez más fuerza en Europa es que comparten un patriotismo "más o menos xenófobo o antiinmigración" y "un discurso anti Unión Europea, y detrás de esto, antiglobalización".

Las banderas de los nacionalistas en occidente

Faltaban pocos días para el inicio de la COP24, la Cumbre Climática de la ONU, en Katowice, Polonia, cuando al cierre del G-20 en Argentina, el gobierno estadounidense se distanció del pronunciamiento final, según el cual la mayoría del grupo ratificaría y buscaría cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de 2015.

A esta decisión se suma el descrédito que ha expresado Trump y sus partidarios a las denuncias sobre el papel de la injerencia humana en el calentamiento global. Su discurso ha encontrado eco en Brasil, donde el nuevo presidente Jair Bolsonaro no solo ya anunció que no realizará la COP25 en su país, sino que además amenazó con retirar la adhesión de su país al Acuerdo de París si no se hacen ajustes sobre sus obligaciones.

Para Mauricio Santoro, profesor adjunto de Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, el discurso escéptico de Bolsonaro alrededor del cambio climático "está rompiendo con un consenso de 30 años en la política brasileña y tendrá un efecto importante en la política exterior de Brasil".

Santoro resalta que Bolsonaro respalda este tipo de decisiones a partir de la defensa a la patria. Un discurso que repiten otros líderes cuando hablan de asuntos como la migración.

En Italia, el ministro del Interior, Matteo Salvini, ha acompañado su ascenso político alrededor de la defensa de la nación. Su cruzada en contra de los migrantes provenientes del norte de África alcanzó su punto cumbre al bloquear las actividades del barco humanitario Aquarius, que rescataba migrantes en el Mediterráneo y los llevaba a las costas europeas.

"La Lega Nord (Liga Norte) nació como un partido autonomista que reivindicaba una especie de "nación del norte", pero con la caída de la derecha clásica, la de Forza de Italia, la de Berlusconi, se encontró un nuevo líder y él ha encontrado las oportunidades de crecer más allá de su región de origen", apunta Basset sobre Salvini. El investigador dice, además, que el discurso en contra de la Unión Europea ha fortalecido el respaldo de muchos sectores de derecha en su país.

Con constantes publicaciones en redes sociales, en las que Salvini camina por las calles italianas señalando a los migrantes y diciendo que estos vienen a vivir de sus impuestos, el ministro del Interior se suma a una ola de descontento de quienes ven en la Unión Europea y sus políticas de cuotas, una intromisión a su soberanía.

El rechazo a este tipo de políticas tomó un nuevo impulso en las primeras semanas de diciembre, luego de que se firmara en Marrakech, Marruecos, el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular. Estados Unidos había anunciado con anticipación que no firmaría el acuerdo, el cual no es vinculante, según lo ha repetido en varias ocasiones el secretario general de la ONU António Guterres.

Salvini también había anunciado con anticipación que Italia no haría parte del pacto y que lo sometería a la revisión del Parlamento. Polonia, Austria y Hungría tampoco lo firmaron. El primer ministro de Bélgica, Charles Michel, decidió renunciar luego del fuerte rechazo de los partidos de derecha y un sector amplio de la ciudadanía por respaldar el Pacto de Marrakech. Para el profesor Hernández, ante la crisis económica, el rechazo a los migrantes es la respuesta de quienes ven amenazadas sus finanzas.

"¿Qué beneficios ha sacado el ciudadano de a pie desde la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista económico? La gente lo que quiere es la barriga llena y el bolsillo lleno. Y si para eso tengo que ceder libertad, la cedo. Eso es lo que te dice la gente de a pie", apunta el profesor de la Universidad Sergio Arboleda.

A finales de agosto, el ministro italiano del Interior Matteo Salvini se reunió con el primer ministro de Hungría Viktor Orbán. Su objetivo: consolidar un frente antimigración en la Unión Europea. "Queremos cambiar la Comisión Europea. Queremos proteger nuestras fronteras. Vamos a luchar contra las políticas promigración respaldadas por Macron y (George) Soros", afirmó Salvini luego de la reunión.

En 2017, cuando todavía era ministro de Relaciones Exteriores de Austria, el hoy canciller de ese país Sebastian Kurz promovía una política para que los migrantes rescatados fueran trasladados a campos de refugiados en Egipto y Túnez, en vez de recibirlos en Europa. En su momento, le dijo a AFP que recibir a los migrantes provenientes de Medio Oriente o el Magreb no era sostenible. "Por favor, no pretendamos que el sistema actual es particularmente humano. Si se mira el número de personas que se ahogan en el Mediterráneo o muriendo de sed en el Sahara no puedes alegar que el sistema actual es bueno", dijo el hoy canciller en aquella entrevista.

Los opositores de Orban, Salvini y Kurz, por mencionar algunos, los señalan de racistas, xenófobos y nacionalistas. Pero más allá de los señalamientos a sus personalidades, a muchos les preocupa que sus liderazgos representen una amenaza para la democracia.

¿Está en riesgo la democracia?

"Que esté en peligro la democracia en cuanto a que vamos a perder derechos, yo no lo creo. Los derechos los estamos perdiendo por el paso inexorable de la obsesión por la seguridad", afirma Hernández. Para él, la democracia se va a adaptar a los cambios que quieren hacer nuevos líderes en distintas partes del mundo que, como Trump, "hacen lo que prometen".

El profesor Basset tiene otra opinión: "está en riesgo la democracia liberal a nivel interno. Las concepciones clásicas de las libertades civiles y de los derechos humanos que muchas veces están redefinidos en claves más autoritarias por esos movimientos internamente".

Santoro, por su parte, cuenta que en Brasil, Bolsonaro ya empieza a posicionar a sus opositores, no como contendores en la arena política, sino como "alguien que está traicionando a la patria".

En 2019, el inicio del Gobierno de Bolsonaro, el preámbulo a la búsqueda de Trump por su reelección y las elecciones parlamentarias en la Unión Europea medirán el pulso sobre cómo avanzan estos movimientos en distintas partes del mundo.

Especial: el marcado avance del populismo en el mundo durante el año 2018
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