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La Colombia rural, retrato de un país sin una paz completa

La cuestión agraria está en el centro de las reivindicaciones y provoca violentas luchas de influencia. Cerca del 80 por ciento de los desmovilizados, de origen campesino, encuentran grandes dificultades en volver a los campos. Al ver frustradas sus posibilidades de reintegrarse en la vida civil, viejos miembros de las FARC se unen a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional.
La cuestión agraria está en el centro de las reivindicaciones y provoca violentas luchas de influencia. Cerca del 80 por ciento de los desmovilizados, de origen campesino, encuentran grandes dificultades en volver a los campos. Al ver frustradas sus posibilidades de reintegrarse en la vida civil, viejos miembros de las FARC se unen a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. ARTE

En Corinto, donde antes se esperaba la paz, hay una guerra de la que nadie habla. El aumento de cultivos de coca, el surgimiento de nuevos grupos delictivos y el asesinato de líderes sociales conquistó el lugar que el posconflicto debía ocupar.

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Hace dos años que se desmovilizaron las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pero en Corinto, un municipio del departamento del Cauca al suroccidente del país, la paz no ha llegado. Cada semana hay un nuevo atentado y sus habitantes reviven la era del miedo que padecieron en los años más agudos del conflicto. Donde antes estaba asentada esta guerrilla, han surgido nuevos grupos al margen de la ley que se disputan las rutas del narcotráfico.

La economía local sigue girando en todo al cultivo de drogas, pese a que en los acuerdos de paz firmados en 2016 se establecía el reemplazo de estas plantaciones por agricultura lícita. Pero frente a la coca, el plátano o el maíz son muy poco rentables para los campesinos del Cauca, uno de los departamentos con más población indígena.

"El Gobierno nos ha incumplido. Nos prometió viviendas, tiendas y proyectos productivos y hasta ahora no tenemos nada de eso", señaló uno de los guerrilleros desmovilizados de la zona. Sin vías, apoyo estatal, ni una infraestructura socioeconómica que sostenga las actividades lícitas, es casi que imposible pasar la página de la guerra.

Los campesinos culpan al Gobierno de Iván Duque. "Llegó este nuevo Gobierno y siguen matando líderes. La culpa es del Estado. La Policía se viste de paramilitares de derecha y matan gente". La desconfianza en la fuerza pública, sumado a su poca presencia en la región, dejan la protección de la población indígena en sus propias manos.

La tierra, principal causa de la violencia en Colombia

En el país suramericano, la desigual distribución de la tierra fue lo que desató el conflicto hace 60 años y es uno de los elementos que lo mantiene activo. Los acuerdos de paz debían resolver las desigualdades sociales derivadas del territorio, pero no ocurrió.

En la parte baja del Valle del Cauca, por ejemplo, existen dos ingenios azucareros que tienen en su poder la mayor parte de las tierras fértiles.

"Los indígenas labramos una parte de la tierra pero prácticamente en el norte del Cauca no hay paz por la desigualdad en la distribución. Nosotros no tenemos casi tierra para cultivar mientras que los dos ingenios tienen casi el 90% de tierra productiva que hay en el norte del departamento", explicó Wilmer Fiscue, agricultor e integrante del pueblo indígena Nasa.

El Estado colombiano no otorga títulos de propiedad a todas las poblaciones indígenas y, a veces, les da dos a una misma comunidad. Sin acceso a la tierra, ni intervención gubernamental, la historia no puede ser otra. Quienes se atreven a denunciar, son amenazados. La lista de periodistas, líderes sociales y excombatientes de las FARC asesinados se ha engrosado con el paso del tiempo y prende las alarmas.

Pese a que Corinto sigue siendo un municipio especialmente golpeado por el conflicto y la pobreza, el pueblo nasa celebra anualmente un festival de paz. Su esperanza es más fuerte que la guerra que padecen, aunque no existan garantías de una paz sostenible.

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