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Las secuelas por escándalos de abusos sexuales de la Iglesia en la juventud chilena

Imagen de archivo. Jóvenes dan la bienvenida al papa Francisco durante su llegada a Santiago, Chile, el 16 de enero de 2018.
Imagen de archivo. Jóvenes dan la bienvenida al papa Francisco durante su llegada a Santiago, Chile, el 16 de enero de 2018. Osservatore Romano / AFP

Los abusos sexuales llevados a cabo por parte de representantes de la Iglesia católica en Chile han influido en que cada vez más personas pierdan su fe en la religión, por lo que las asociaciones de ateos ganan fuerza dentro en el país.

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Hace poco más de un año el primer papa latinoamericano, Francisco, emprendía una visita histórica a Chile en enero de 2018 destinada a revivir la fe de uno de los países de la región tradicionalmente más conservadores y católicos, donde los agnósticos iban sin embargo ganando terreno.

En el recuerdo estaba la histórica visita de Juan Pablo II, 30 años antes que marcó a un país entonces inmerso en la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Lo que pasó poco después era difícil de predecir. La férrea defensa del polémico obispo Juan Barros, acusado de encubrimiento por las víctimas de abuso del máximo sacerdote pedófilico chileno, Fernando Karadima, realizadas por el papa en Iquique poco antes de partir a Lima, acrecentó aún más la crisis de una Iglesia chilena que atraviesa el peor capítulo de su historia.

Aunque Francisco trató de enmendar sus errores al llamar “calumnias” las acusaciones vertidas contra Barros y envió a Chile al más estricto investigador de la Iglesia, Charles Scicluna, la salida a la luz de cientos de casos de abusos a lo largo de todo Chile han profundizado no sólo la crisis de la Iglesia sino también de las personas que creían en ella.

Repasamos cómo ha afectado especialmente a los más jóvenes a través de tres personas que nos explican cómo han vivido este año marcado por el escándalo sistemático que genera cada caso de abuso, que llevó a la Conferencia Episcopal y a sus 34 obispos a dimitir en bloque en un hito histórico en mayo de 2018.

Mientras que los católicos y aquellos que tenían vocación de ser sacerdotes se alejaron de la Iglesia para seguir creyendo a su manera, un nuevo factor, la explosión de la ola feminista en Chile hizo cuestionar a muchas chicas jóvenes sobre su relación con una institución que en su opinión tiene una deuda histórica por relegar a las mujeres.

Por otra parte, los ateos han ido ganando adeptos, según manifiesta Ramón Badillo, director de la Fundación Sociedad Ateaque afirma que sin duda en este año “hemos notado una mayor cantidad de personas que se acercan a los eventos que organizamos o que nos siguen en redes sociales”.

Y han surgido en el escenario nuevos organismos como la Asociación Escéptica de Chile que organizó en septiembre un acto de apostasía colectiva para que aquellos que así lo deseen se desvinculen formalmente de la Iglesia.

El papa Francisco sigue anunciando cambios, como el Congreso que este mes de febrero tratará de buscar una mejor protección de los jóvenes. Pero las encuestas siguen mostrando que el número de católicos ha descendido de forma significativa en los últimos años en Chile.

¿Logrará Francisco con su particular lucha revertir ese tendencia?

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