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Brexit - Reino Unido

Así fue el voto del Brexit desde el corazón de la Cámara de los Comunes

La primera ministra británica, Theresa May, mira hacia arriba durante una sesión en el Parlamento, en Londres, Gran Bretaña.
La primera ministra británica, Theresa May, mira hacia arriba durante una sesión en el Parlamento, en Londres, Gran Bretaña. Parlamento británico / vía Reuters
6 min

La corresponsal de France 24 en Londres, Luisa Pulido, narra desde la galería de prensa cómo fue el voto en el Parlamento británico del pasado 29 de febrero en el que los diputados dieron luz verde para que se modificara el acuerdo del Brexit.

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La primera imagen que llegó a mi mente, mientras subía unas estrechísimas escaleras de madera, fue que ahí mismo, en la Cámara de los Comunes, Winston Churchill había dado sus discursos más poderosos durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego, cuando había llegado al lugar establecido para la prensa internacional en la llamada Press Gallery, en una especie de tercer piso con nueve líneas de sillas verdes como las de los parlamentarios, arriba de los diputados, tuve la sensación de que había llegado tarde a una obra de teatro de la que creo conocer el final hace dos años. Fecha en la que inició el difícil proceso de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocido como el Brexit, y fijado para el 29 de marzo a las 23:00 hora local; un proceso tan importante que ha sido considerado la decisión política más relevante que ha tomado el Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial.

En completo silencio y acatando todas las reglas que se deben seguir para estar en este privilegiado lugar, como no tomar fotos, grabar, siquiera levantar mucho el celular para no ser expulsada, me senté junto a una periodista de China que estaba escribiendo en tiempo real lo que estaba sucediendo.

Con mi mirada fija en el Chamber, como se le conoce al recinto de los diputados, busqué rápidamente a Theresa May, la primera ministra. La vi silenciosa y concentrada junto a sus escuderos, sosteniendo siempre una carpeta negra con un sello dorado.

Luego, busqué al jefe de la oposición, Jeremy Corbin, también silencioso, algunas veces revisando su celular, sentado frente a la ‘premier’. En la zona de los backbenchers laboristas vi a dos diputadas usando blazers rojos, color del partido, como la corbata de Corbin y sus aliados.

Otro de los protagonistas de este drama es el famoso euroescéptico Boris Johnson, exministro de Exteriores británico y quien renunció por estar en contra del Brexit de May. Lo encontré de pie en una esquina del Parlamento, claro, con una mayor visual de lo que estaba sucediendo. Dicen que es un estratega.

A las 19:00, haciendo honor a la puntualidad inglesa, el speaker John Bercow abrió la votación de siete enmiendas que él mismo había seleccionado de 15 que estaban sobre la mesa.
Hacía calor en los Comunes, contrastando con la lluvia de la calle. Nerviosismo y silencios largos.

“Order!”, sentenció el speaker y empezó la votación. Es tan fundamental este proceso político que aunque el chamber es pequeño y son 650 diputados, no todos caben sentados. Por ello, había diputados de pie y otros sentados entre las sillas, en el piso.

La votación de cada enmienda dura más o menos 10 minutos. Cuando el speaker la abre, los diputados deben ir a la sala del ‘Sí’ o del ‘No’ y luego son contados. En este país, la quinta economía del mundo y de avances tecnológicos evidentes, no se usa el voto electrónico. Las tradiciones son importantes en el Reino Unido y más en su Parlamento.

Parlamento Británico / vía Reuters

“Lock the doors!”: se empiezan a conocer los resultados de las enmiendas

Cuando pasan los minutos, para muchos largos, nuevamente el speaker grita: “lock the doors!”
Entonces, los doorkeepers, hombres y mujeres impecablemente vestidos de negro, con camisas blancas y corbatines blancos, obedecen la orden.

Mientras los diputados esperan en sus sillas, especulan sobre el resultado, miran a sus oponentes y hacen sus cálculos. Aparecen cuatro diputados que darán la votación, ellos, dos mujeres y dos hombres, que representan a quienes están a favor y en contra de la enmienda, se acercan al speaker, hacen una venia y luego otra y alguno de ellos da el resultado.

Dependiendo de los cálculos de los partidos hay gritos, risas o lamentos. En este momento, las chiflatinas que en la televisión se pueden escuchar hostiles, en vivo suenan naturales, tanto como las palmadas en las piernas.

En la primera enmienda, el derrotado es el jefe de la oposición Jeremy Corbyn. Su solicitud para que el Parlamento aprobara un Brexit sin acuerdo no prosperó en ese momento, aunque otra enmienda con el mismo objetivo fue aprobada después. Corbyn permanece en silencio, como si presintiera la derrota.

Y yo siempre busco a la primera ministra, para interpretar sus gestos, sus silencios. Dicen que, incluso para los miembros del círculo cercano de May, es indescifrable. En el camino a una de las votaciones vi a Boris Johnson caminando junto a May. Me subí las gafas para no perder la escena, pero no noté que se dirigieran la palabra, parece que el encuentro fue más casualidad.

El Parlamento le da el respaldo a May para que vuelva a Bruselas y renegocie

Durante varias votaciones permaneció fuera de la Cámara. Eso podría explicar su triunfo, el Parlamento que rechazó hace dos semanas su acuerdo de Brexit está acompañándola ahora.
Ese mismo ritual se repitió durante seis veces. Hasta que llegó la última enmienda conocida como ‘Brady’ y que fue la que avaló a la ‘premier’ para regresar a Europa a seguir negociando una alternativa diferente para Irlanda del Norte.

Era la protagonista de la noche. Desde el fin de semana se decía que esta tenía el apoyo del Gobierno y los hechos así lo confirmaron. La primera ministra y sus ministros estaban en sus puestos. En los momentos previos al anuncio del resultado se escucharon risas nerviosas y algunos gritos. Luego, hubo aplausos y satisfacción. El Gobierno se impuso con el apoyo del Partido Conservador.

Cuando fue oficial el resultado, May abrió su carpeta negra con escudo dorado y leyó el discurso en el que aceptó buscar renegociar su Brexit. Luego, como lo dicta la tradición, también habló el jefe de la oposición, quien aceptó la reunión con la ‘premier’ para lograr consensos alrededor del Brexit.

Tan pronto terminó May, tuve que bajar las nueve gradas de sillas de madera. El debate había acabado, no pude tomar fotos pero sí me atreví a pedirle a uno de los serios doorkeepers que me mostrara su escudo. Sonrió y me lo enseñó con orgullo. Era un escudo grande y dorado del Reino Unido que colgaba de una cadena. No pude detallarlo mucho, el tiempo se había acabado y también se está acabando para que Londres y Bruselas logren su anunciado divorcio, el final de la puesta en escena que hace casi tres años estamos presenciando.

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