Saltar al contenido principal
Opinión

Las huellas de Pinochet en el asesinato del presidente Eduardo Frei

Una foto del expresidente chileno Eduardo Frei Montalva, padre del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se exhibe en una escuela pública en la ciudad de La Unión, al sur de Santiago.
Una foto del expresidente chileno Eduardo Frei Montalva, padre del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se exhibe en una escuela pública en la ciudad de La Unión, al sur de Santiago. Rodrigo Garrido / Reuters

A 37 años de la muerte del expresidente Eduardo Frei, un juez condenó por su asesinato a 6 personas, entre las que se cuentan agentes de la siniestra Central Nacional de Inteligencia (CNI).

Anuncios

Pese a ser el primer magnicidio en la historia de Chile, el fallo no sorprendió. Augusto Pinochet ya había mandado a ejecutar a un excanciller y a su antecesor como comandante en jefe del Ejército. En días en que se ejerce una presión mundial para que termine el Gobierno de Maduro, este es un recordatorio de que las dictaduras deben ser siempre condenadas.

Magnicidio. Una palabra desconocida para Chile hasta ahora, cuando el juez Alejandro Madrid ha condenado a seis personas por el asesinato de Eduardo Frei Montalva, el expresidente demócratacristiano que gobernó entre 1964 y 1970. Pese a que su partido estuvo dividido a la hora de condenar el Golpe de Estado de 1973, a partir de fines de los años 70 fue tomando una posición única frente al régimen autoritario del general Augusto Pinochet Ugarte, el militar que impuso el orden a punta de violaciones a los derechos humanos, desaparición de personas, restricciones a las libertades civiles y toque de queda nocturno (durante cerca de 13 años los chilenos nos acostumbramos a volver a casa antes de medianoche).

Eduardo Frei fue un hombre valiente, y por supuesto, arriesgado. Comenzó a recorrer Europa para conseguir respaldo político para recuperar la democracia. Eran años en que la Democracia Cristiana tenía un gran peso a nivel mundial y Estados Unidos recién empezaba a abandonar a Pinochet, a pesar de que la CIA (se comprobó después cuando se desclasificaron sus archivos entre el 70 y 73) había intervenido de manera protagónica en el Golpe Militar.

Eduardo Frei se estaba convirtiendo en una amenaza para Pinochet

El exmandatario también estaba comenzando a tomar un rol de liderazgo de una oposición que se movía en la clandestinidad considerando que los partidos estaban prohibidos. Frente al descabezamiento de toda la dirigencia de la izquierda (algunos asesinados, otros exiliados) la DC había quedado en la línea de fuego.

Frei incluso lideró un cauteloso movimiento que intentó denunciar el plebiscito fraudulento de 1980, cuando el dictador impuso una Constitución que aún tiene vigentes muchas de sus visiones autoritarias de la sociedad. Ese fue el momento en que selló su certificado de muerte.

Pinochet ya había demostrado que era capaz de eliminar a cualquiera que se le cruzara por delante. Sin contar las 3.000 personas entre ejecutadas y desaparecidas –según el informe Rettig-, el dictador había ordenado el asesinato del excanciller Orlando Letelier en pleno centro de Washington, en lo que se considera el primer atentado político ocurrido en la capital de EEUU-. También hizo volar por los aires al general Carlos Prat y su esposa en un barrio de Buenos Aires, lo mismo que al DC Bernardo Leighton en la capital italiana.

Tan en riesgo estaba Frei que solo un mes después de su muerte fue asesinado también (por la DINE, Dirección de Inteligencia del Ejército) el dirigente sindical del partido Radical, Tucapel Jiménez. El presidente de la Agrupación de Empleados Fiscales (ANEF) buscaba rearticular a un movimiento sindical que había sido duramente reprimido en los primeros años de la dictadura.

Archivo: El nuevo presidente electo de Chile, Eduardo Frei Montalva (I), se reúne con el presidente francés, Charles de Gaulle (D), el 1 de octubre de 1964 en Santiago para la visita oficial del general de Gaulle en Chile.
Archivo: El nuevo presidente electo de Chile, Eduardo Frei Montalva (I), se reúne con el presidente francés, Charles de Gaulle (D), el 1 de octubre de 1964 en Santiago para la visita oficial del general de Gaulle en Chile. AFP

 
El modus operandi de la dictadura chilena para eliminar líderes opositores

Ambos casos tienen varias similitudes. En primer lugar, fueron diseñados de una forma que parecieran hechos no vinculados a su participación política. Tucapel apareció muerto en el taxi que manejaba, asesinado a tiros por supuestos asaltantes. Luego, agentes de la DINE mataron a un carpintero que fue involucrado en el caso, pese a no tener ninguna participación. Frei falleció luego de una serie de intervenciones médicas en una clínica de Santiago y bajo la sospecha, no fue totalmente comprobado, del uso de sustancias químicas que manipulaba una unidad de la CNI, cuyo encargado también fue asesinado por agentes del mismo organismo.

Pero también, tanto Frei como Jiménez pertenecían a la centroizquierda, eran militantes de partidos moderados, contrarios a la violencia política. Por tanto, eran aún más peligrosos que el Partido Socialista o Comunista cuyos dirigentes estaban presos o vivían en la clandestinidad con escasas apariciones públicas. Para el dictador, era un riesgo que no estaba dispuesto a asumir. Sabía que estos líderes podían romper la barrera del miedo del ciudadano común y articular a una oposición inexistente durante los primeros nueve años desde que había llegado a La Moneda luego de bombardearla.

Si bien el caso judicial que selló la sentencia del asesinato del expresidente aún no está cerrado, pues faltan las apelaciones a nivel de la Corte de Apelaciones y Suprema, lo cierto es que ha traído de vuelta los fantasmas de una dictadura feroz, justo en momentos en que a nivel mundial se está ejerciendo una fuerte presión contra Nicolás Maduro para que abandone el poder y los venezolanos puedan elegir libremente a un nuevo presidente.

Las contradicciones de la izquierda y derecha latinoamericana frente a las dictaduras

En el caso de Chile, tanto la derecha como el propio Gobierno de Sebastián Piñera han hecho de la crisis de Venezuela uno de sus temas más importantes los últimos meses. Se da la paradoja que, personeros que en su momento apoyaron y aplaudieron con entusiasmo a la dictadura de Pinochet, e incluso participaron en su gobierno de facto, salen a diario denunciando los atropellos en Venezuela, pese a seguir defendiendo al exgeneral. De hecho, parlamentarios de la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), a propósito de los 40 años del Golpe Militar, volvieron a reivindicar la figura del dictador chileno y hoy no tienen pudor a la hora de convocar a conferencias de prensa para denunciar a Nicolás Maduro.

Y claro esta contradicción no solo se da en la derecha. También en algunos sectores de la izquierda que siguen defendiendo a Maduro. Y en esto sí que no debe haber medias tintas. O se valida o se rechaza una dictadura con todo lo que eso implica.

Pero si hay algo que parece ser una gran noticia es que la comunidad internacional está condenando al régimen de Venezuela. Ojalá que los partidos democráticos, las instituciones y los ciudadanos tomen conciencia de que las dictaduras son inaceptables en estos tiempos, que no hay nada que las justifique. Nada, ni el éxito económico, ni la salud gratis. Y claro, si esta conciencia hubiera existido en los años en que Pinochet gobernaba a sangre y fuego, jamás habría estado 17 años en el poder, y seguramente, Eduardo Frei Montalva no habría muerto ese 22 de enero de 1982.

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.