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Los principales retos que le esperan al próximo presidente de El Salvador

Un trabajador de una fábrica limpia su área de trabajo en Tepetitan, El Salvador, el 25 de enero de 2019.
Un trabajador de una fábrica limpia su área de trabajo en Tepetitan, El Salvador, el 25 de enero de 2019. Jose Cabezas / Reuters

El Salvador es un país desigual, pobre y violento. Quien lo gobierne deberá reducir los altos niveles de inseguridad, corrupción y migración ilegal, así como la de violación de derechos humano, dificultades históricas que la nación no supera.

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El país define su rumbo en medio de unos desafíos apremiantes. El 3 de febrero cuatro candidatos se medirán en las urnas, todos con más intenciones que propuestas estructurales para dar un giro al país.

Hugo Martínez Bonilla (FMLN), Nayib Bukele (representante de la Gran Alianza por la Unidad Nacional, GANA), Juan Carlos Calleja (Alianza Republicana Nacionalista, ARENA) y Josué Alvarado Flores (movimiento Vamos), hablaron en campaña de fomentar empleos, crear más infraestructura e inversión social y contener la violencia.

Pero en el país donde habitan seis millones de personas, y del que se estima que en promedio entre 200 y 300 huyen a diario, el próximo presidente deberá poner en marcha soluciones de fondo para abordar cinco de los principales retos que podrían transformar a la nación en el próximo quinquenio:

Violencia, crimen y pandillas: una pesadilla sin fin

El Salvador es el segundo país más violento de América Latina, después de Venezuela. Tan solo en 2017, San Salvador, la capital, se ubicó en el puesto 17 en el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo. Ese mismo año la tasa de homicidios fue de 104 muertes por cada 100.000 habitantes. El país también cuenta con la cifra de feminicidios más altos de la región, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Las autoridades identificaron que cerca del 70% de esos crímenes proviene de las pandillas como la mara Salvatrucha, que condicionan la vida de los salvadoreños en la cotidianidad. Estas estructuras "manejan mucho dinero obtenido del delito de la extorsión a empresas y esto les permite forzar a personas a dejar sus viviendas", aseguró Luis Contreras, analista en seguridad de El Salvador.

Desde la década de los 90, años posteriores a la guerra civil, el Estado no supo o ""prefirió" (por parte de los primeros gobiernos de ARENA) dejar en el abandono a los jóvenes y que estos mejor se organizaran en pandillas y no en grupos contestatarios (como en la guerra civil). Al desbordarse el problema, la única forma de enfrentarlo es mediante la coerción del Estado (cárcel y represión) y eso ha llevado al abuso de autoridad”, dijo a France 24 Rene Martínez, sociólogo y director de la escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador.

Algunos de los presos más violentos y sanguinarios de El Salvador cantan, alaban e invocan estruendosamente a Cristo mientras leen la Biblia en el patio de San Francisco Gotera en Morarán, El Salvador, el 28 de enero de 2019. Victor Peña, El Faro / vía Flickr

"Lo primero que debe hacerse en nuestro país, es que el Estado recupere los territorios controlados por las maras y pandillas", insistió Luis Contreras pero para Martínez, se debe revisar el origen del conflicto para hallar soluciones de fondo.

Las pandillas emergieron a través de "la exclusión social, económica y la falta de identidad", que hasta la fecha no se ha reestructurado en el desarticulado tejido social salvadoreño. "De ahí que el imaginario de las pandillas consiste, básicamente, en una búsqueda de una identidad propia y reconocida como tal por "los otros" (por eso el uso de tatuajes, nombres específicos, lenguaje propio y articulado a la exclusión)", agregó Martínez.

Para Martínez, no hace falta más control de la autoridad sino proyectos de inversión social. La solución es "tan fácil como compleja": crear un ministerio para la juventud, para "apostarle al desarrollo cultural y de memoria histórica, a través de fuertes inversiones en la educación pública (a todo nivel) y el fomento de empleo joven con salarios competitivos y decentes", señala.

Reactivar la economía: una deuda histórica que atesora El Salvador

El país centroamericano es uno de los más desiguales del continente y cuenta con 2,5 millones de ciudadanos en condición de pobreza, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2016. Y para el próximo quinquenio, las proyecciones no son alentadoras.

El presidente Salvador Sánchez entrega una economía estancada que, de acuerdo con las proyecciones que hizo el Banco Central de Reserva del país, solo crecerá para 2019 un 2,6%.

"El país se encuentra altamente endeudado, la inversión ha dejado de ser una prioridad real y la corrupción en las instituciones, los altos costos operativos del Estado, sumado a la incertidumbre en las políticas públicas", son los factores que según Ivette Contreras, economista salvadoreña, candidata a doctorado en Economía de la Universidad George Washington University, han agudizado la situación.

Una trabajador lleva caña de azúcar para ser exprimido en un molino para producir panela en Apastepeque, El Salvador, el 25 de enero de 2019. Jose Cabezas / Reuters

Así, la generación de empleo y oportunidades para generar riqueza de forma legal siguen ausentes y erosionando las precarias condiciones socioeconómicas de la población. Las reformas que urgen "deben estar centradas en la gente, que se cumpla la promesa de que estudiando se pueden conseguir oportunidades. Por eso, la conexión con el mercado laboral es vital. Esta conexión debería ser el hilo conductor del nuevo modelo económico tan necesario en el país", aseguró la experta.

Y es que, según la economista, cada año 55.000 salvadoreños ingresan al mercado laboral a buscar empleo o a empezar un emprendimient. Sin embargo, cada año se crean menos de 10.000 empleos formales. En ese escenario, a un salvadoreño de ingresos bajos, que no tiene forma de mantener a su familia, le quedan dos caminos: o entregarse a la ilegalidad y a las pandillas o a la migración, un peligroso viaje del que muchos no salen con vida.

El Salvador: un país que huye ante los ojos del Estado

Calcular oficialmente el número de ciudadanos que abandonan el territorio de manera ilegal es una tarea compleja y pendiente para las autoridades salvadoreñas, ya que no todos cruzan la frontera por los puntos oficiales. Pero según datos aportados por la ONU, el país tiene 1.559.924 emigrantes, lo que supone un 24,46% de la población.

"Las razones de fondo (para emigrar) no han cambiado. En el período de 1970-1990, las personas migraban principalmente por la guerra civil que sufrió el país, pero detrás de eso yace la violencia y la falta de oportunidades. Ahora migran por violencia causada por las pandillas y siempre por la falta de oportunidades", señaló Contreras.

El migrante José Reyes, de 21 años, de El Salvador, empuja un carro medio roto con su hija Natali de dos años durante su viaje hacia los Estados Unidos, en Tapanatepec, México, el 21 de enero de 2019. Alexandre Meneghini / Reuters

La migración per se, no es "mala", dice Ivette Contreras. Lo preocupante es la migración sin documentos, que "es mucho más dolorosa para los migrantes ya que no hay oportunidades de obtener seguridad social o trabajos formales". De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2012), uno de cada dos salvadoreños en el país norteamericano se encuentra sin documentos.

Para la economista, esta ha sido la deuda principal de todos los Gobiernos, pero el reto del presidente entrante radicará en "generar el arraigo de la población a su país, mediante un cambio estructural que brinde oportunidades económicas y transforme la calidad de vida de los ciudadanos, principalmente en los territorios de mayor pobreza, emigración y vulnerabilidad". Lo problemático es que todavía no hay apuestas claras por parte de los candidatos.

Violación de DD. HH.: una herencia de la guerra civil que se extiende al siglo XXI

En el Salvador, el panorama en materia de derechos humanos es desalentador. A pesar de que en 1992, después de la guerra civil, se creó la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, el Estado no se preocupó por velar ni promover los derechos de todos sus ciudadanos. Ni de los que huyen, ni de los que se quedan, en especial de la mujeres.

"La situación ha mejorado luego de la firma de los acuerdos de paz, sin embargo se ha quedado estancada y no ha resuelto aspectos fundacionales", aseguró Martínez.

El aborto, por ejemplo, está completamente prohibido en el país. Una mujer puede recibir penas de hasta 50 años por irrumpir voluntariamente su embarazo. Aunque algunos candidatos han enarbolado las banderas de género, la situación todavía es insostenible para cientos de mujeres.

En materia de libertad de expresión, el poder del Estado sobre la prensa permanece. "Estas elecciones nos han comprobado (una vez más) que los grandes medios de comunicación social tienen una agenda política claramente decantada por los partidos de derecha y eso hace que sean poco sólidas en términos de profesionalismo periodístico".

El próximo mandatario tendrá que fomentar no solo unas instituciones sólidas que sean capaces de velar, proteger y garantizar los derechos civiles de toda la población, sino mostrar acciones y priorizar políticas en este sentido. La población se siente abandonada a su suerte por la inacción del Estado.

El mayor reto presidencial: voluntad política para transformar el país

Restablecer la confianza de la sociedad en las instituciones, promover una gobernanza transparente y eficaz y reducir la corrupción, son acciones urgentes que tomar. El Salvador no cuenta con una misión internacional para combatir la corrupción porque los partidos no apoyan la intervención de una entidad extranjera.

"Se ha puesto al descubierto que ese fenómeno está más vivo que nunca y que no tiene color político particular, y no solo ha sido permanente sino también ha sido un gendarme de la mal llamada gobernabilidad del país", aseguró Rene Martínez, sociólogo y director de la escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador.

El presidente de Guatemala realiza su primera visita de Estado a El Salvador tras tomar posesión el pasado 14 de enero de 2016. Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador / Vía Flickr

Pero para el experto, todos los problemas irresueltos del país, están atravesados por la falta de voluntad política: "Se habla de más empleos pero no se habla de mejores salarios ni de la calidad de los empleos; se habla y se promete de todo, pero la situación concreta de los que están más jodidos no mejora sensiblemente, tan sensiblemente que no piensen en la opción de emigrar".

Hasta que esta arraigada política clientelar y de inacción se deje de institucionalizar y si el próximo mandatario, como sus antecesores, repite sus errores, el país seguirá en el pasado, generación tras generación.

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