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Viaje a la obra de Rembrandt, el ‘primer instagramer’

Un par de visitantes del Rijksmuseum de Ámsterdam, Países Bajos, ante una de las obras que hacen parte de la exposición de los mejores trabajos de Rembrandt el 13 de febrero de 2019.
Un par de visitantes del Rijksmuseum de Ámsterdam, Países Bajos, ante una de las obras que hacen parte de la exposición de los mejores trabajos de Rembrandt el 13 de febrero de 2019. Remko De Waal / EFE

Por sus autoretratos y su representación de una realidad sin aparencias, Rembrandt, el artista neerlandés considerado como el 'primer instagramer', es homenajeado en el Rijksmuseum de Ámsterdam con la exposición más grande de su obra.

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Las paredes del Rijksmuseum de Ámsterdam están vestidas de Rembrandt. En homenaje al aniversario 350 del fallecimiento de este recordado pintor neerlandés, cada muro de este emblemático santuario artístico le abrió un espacio a las obras del que es considerado como el ‘primer instagramer’.

No se trata de una muestra convencional, justamente así lo explicó Taco Dibbits, el director del Rijksmuseum, quien la describió como una compilación única de todos los trabajos de este destacado retratista, una exhibición que va desde sus más bellas pinturas hasta sus impresionantes grabados en distintos materiales a lo largo de una conmemoración que se asemeja a un viaje por los proyectos del ‘rebelde de la época de oro’.

Y es que son más de las 400 obras las que tapizan el Rijksmuseum, entre ellas 22 de pinturas, cerca de 60 dibujos y al menos 300 grabados realizados por este realista nato que nació en la ciudad de Leiden el 15 de julio de 1606 y murió a los 63 años la primera semana de octubre de 1669.

La realidad, la obsesión de Rembrandt

Si algo hizo trascendente la propuesta de Rembrandt fue la realidad que le imprimió a cada trazo. Fiel a su pasión por el retrato milimétricamente idéntico a lo que sus ojos veían, este ícono del arte experimentó con todo tipo de elementos para lograr su objetivo, plasmar la verdad.

No solo usaba pinceles, sino también martillos y hasta cuchillos para reflejar las versiones más claras de las escenas que apreciaba. Lo hacía con retratos y toda clase de encuadres panorámicos en los que sus manos lo convertían en un espontáneo narrador.

Era amplio. No se ataba a paletas de tonos específicos. Su policromía enriquecía cada una de las siluetas que diseñaba, en las cuales, finalmente, reinaban algunos golpes de luz que aprovechaba para generar sensaciones entre quienes apreciaban sus cuadros.

Las arrugas eran parte de los detalles que más valoraba entre los personajes a los que ilustraba. No medía clases sociales y buscaba la esencia en medio de la oscuridad de las situaciones más precarias vividas por vagabundos y mendigos.

Como un ‘instagramer’ sin filtros, se abrió camino en la historia hace centenares de años, una que, pese al paso del tiempo, recuerda hoy sus huellas artísticas como tesoros de una era marcada por la realidad sin apariencias.

Con EFE y Reuters

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