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OPINIÓN

Prosur: el obsesivo sueño de Sebastián Piñera por liderar en Sudamérica

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, pronuncia un discurso durante la inauguración de la Línea 3 del Metro de Santiago, Santiago, Chile, el 22 de enero de 2019.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, pronuncia un discurso durante la inauguración de la Línea 3 del Metro de Santiago, Santiago, Chile, el 22 de enero de 2019. Pablo Vera / AFP

El presidente chileno busca convertirse en líder de la región a través del organismo, que reemplazaría a la Unasur. Pero mientras esta última fue impulsada desde la izquierda, es ahora la derecha la que busca protagonizar el "Progreso de Sudamérica".

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Lo cierto es que casi todas las iniciativas de unidad, integración y coordinación en América del Sur han terminado en fracaso. O al menos, su impacto ha sido irrelevante. El Pacto de Lima, Mercosur, la Alianza del Pacífico, y claro, la Unasur. Organismos intrascendentes, burocráticos, pero, sobre todo, fuertemente polarizados y divididos entre izquierda y derecha. Ese ha sido el problema de fondo. Escasa continuidad de políticas y planes a largo plazo.

Veamos lo ocurrido con la Unasur. El organismo vio su nacimiento en diciembre de 2004 y tenía como inspiración lo ocurrido en Europa nueve años antes. ¿Quién fue el artífice de esa iniciativa que se llegó a decir, sería la versión latina de la -en ese entonces- flamante Comunidad Europea? Ni más ni menos que Hugo Chávez. Y el presidente venezolano tuvo dos mandatarios que le dieron su más irrestricto respaldo: Lula da Silva y Néstor Kirchner. Para completar el cuadro, en Chile gobernaba el socialista Ricardo Lagos y Perú era liderado por Alejandro Toledo. La era gloriosa de la centro-izquierda en Latinoamérica.

La Unasur, el sueño bolivariano de Hugo Chávez

El día de su lanzamiento en Cusco, Chávez hizo un encendido discurso en el que confesó que ese era su gran sueño personal e instaló el concepto de la Unidad Latinoamericana. Pero habrían de pasar cuatro largos años hasta que se aprobara el tratado constitutivo del organismo, designándose como presidenta a Michelle Bachelet. Una clara señal de que no sería fácil avanzar al ritmo que imponía el “sueño bolivariano”. Y como era de esperar, en la medida que empezaba a terminar el ciclo de la izquierda, las divisiones y confrontaciones comenzaron a subir de tono y la mayoría de las iniciativas quedó en nada, incluida la opción de tener una moneda única similar al euro. El declive de Unasur fue sostenido, hasta llegar a 2018 en que cinco países, liderados por Chile y Argentina, congelaron su participación.

La crónica de una muerte anunciada. Un organismo fundado por Chávez, considerando la crisis de Venezuela, era imposible de sostenerse en el tiempo. El continente ya comenzaba a cambiar de color, de la mano de los presidentes de derecha Sebastián Piñera, Mauricio Macri, Iván Duque, Mario Abdo Benítez y la irrupción del ultraderechista Jair Bolsonaro. Giro a la izquierda, giro a la derecha. Latinoamérica y su karma de las últimas cuatro décadas. Dictaduras militares, populismos, de Bolsonaro a Maduro, sin intermedios. Hasta el Pacto de Lima terminó por dividirse a la hora de tomar posiciones frente a la proclamación de Guaidó como presidente interino de Venezuela.

En este contexto es que emerge Sebastián Piñera, el mandatario chileno que vio una oportunidad para adelantarse un paso y convocar al nacimiento de un nuevo referente sudamericano. Prosur –“Para el Progreso de Sudamérica”- se llama el sueño de Piñera que busca reemplazar al que tuvo Chávez hace 15 años. Claro, el contexto es muy distinto. La derecha gobierna a su antojo, salvo un par de excepciones entre las que se encuentra Uruguay. Además, la crisis de Venezuela tiene encendidas las alarmas de todos, porque de no encontrarse una salida pacífica, Estados Unidos amenaza con intentar un nuevo Vietnam, pero en nuestro territorio.

Prosur parece haber firmado definitivamente el certificado de defunción de Unasur. De hecho, hace poco más de una semana, y en medio de los incendios y catástrofes climáticas que han afectado a Chile, el canciller Roberto Ampuero sostuvo una reunión en Santiago con diplomáticos de todos los países de Sudamérica –sin Venezuela, claro está- para hacer el lanzamiento de la idea del presidente Piñera. El excomunista y escritor, habló de integración, desarrollo sostenible, futuro y otras aspiraciones, aunque lo único concreto fue la invitación al lanzamiento del nuevo organismo en el mes de marzo. ¿La fecha?, coincidirá con el viaje de Macri a Chile y eventualmente con la visita de Bolsonaro. Una señal evidente que esta será una iniciativa de Piñera con el respaldo de dos potencias del continente: Brasil y Argentina. Un esquema casi calcado al empleado por Chávez en 2004, escoltado por Lula y Kirchner. Otra demostración de que los ciclos se repiten una y otra vez en Sudamérica.

Venezuela, un eje central del Gobierno de Sebastián Piñera

Más allá de si Prosur logra, por fin, convertirse en un organismo que logre la integración de un continente que sólo tiende a alinearse en torno a las economías de Brasil y Argentina, los objetivos del presidente chileno parecen ir más allá. En esta extraña mezcla entre simbiosis y competencia que sostiene con Bachelet desde 2006 -en que se han alternado el poder-, el hecho que la expresidenta haya ocupado dos importantes cargos a nivel internacional en la ONU parecen haber despertado una inquietud en Sebastián Piñera. Tanto es así, que en este segundo período ha hecho un giro buscando un mayor protagonismo internacional. La crisis de Venezuela pasó a ser un eje central de su Gobierno y un pilar de la estrategia comunicacional del palacio de La Moneda. El presidente se refiere casi a diario del tema, lo mismo que el canciller, pareciendo no haber otra prioridad en materia internacional, salvo el conflicto con Bolivia por el río Silala.

Pero de seguro el mandatario chileno tuvo siempre en mira a Prosur, de ahí su interés de proyectar un liderazgo en la región a propósito del país petrolero. No solo fue el primer mandatario en reconocer a Guaidó, sino no que ha hecho dupla con Macri –su sponsor en el nuevo organismo internacional- a la hora de proponer salidas a la crisis. Sin embargo, parece ser que la ansiedad por asumir un protagonismo visible le puede pasar una mala jugada.

El Gobierno anunció que el presidente Piñera asistirá el viernes 22 de febrero a la entrega de ayuda humanitaria a Cúcuta junto al mandatario colombiano, lo que ha desatado una fuerte ola de críticas de la oposición, pero también de diversos organismos de la región de Aysén -al extremo sur de Chile- debido a que aún no se han podido controlar los incendios que consumen miles de hectáreas de bosques y se ha pedido la presencia del jefe de Estado en la zona. Además, Piñera viene recién regresando de unas largas vacaciones de verano -se extendieron entre el 25 de enero y 19 de febrero-, solo interrumpidas por tres días para acudir al norte altiplánico devastado por inusuales lluvias.

Aunque hasta ahora Piñera ha logrado sortear las críticas por abusar de un relato que enfatiza en exceso a Venezuela, esta decisión, junto al anuncio bastante improvisado -se cree estaba guardado para más adelante- desde el lago en que estaba de vacaciones, de que Chile postularía al mundial de 2030, se ha interpretado como un intento de desviar la atención del frente interno. Veremos si la apuesta de Piñera por convertirse en líder regional no termina siendo un boomerang, y por supuesto, esperemos que Cúcuta no se vaya a convertir en un conflicto internacional con el presidente chileno metido en medio.

* Germán Silva Cuadra es analista político en Chile y colaborador de France 24

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