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Cultura

'Roma' de Alfonso Cuarón: un hermoso retrato de la memoria y un hito del cine más puro

El director mexicano ha hecho de un recuerdo una revolución que desconcierta a la industria. Mientras su estreno fue en Netflix y luego se bañó en festivales; su protagonista, una trabajadora doméstica, provee a toda una familia, pero es invisible dentro y fuera de la historia. Símbolos y contradicciones que solo se pueden hallar en una obra tan potente y delicada como esta.

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El punto de partida de 'Roma' es un recuerdo de un Alfonso Cuarón niño, cuidado por Liboria Rodríguez, su nana. Sin duda la memoria falla, y no es un recuerdo fidedigno, sino condicionado por el paso del tiempo. Sin embargo, lo que nunca estuvo en la mente de Cuarón era la otra "Libo", la íntima, con una vida al margen del servicio. Y de ahí es que nació el personaje de Cleo hace diez años, y el resultado tan repetido, "todos los premios llevan a 'Roma'".

Son los años setenta, en la colonia Roma de Ciudad de México, y Cleo (Yalitza Aparicio) es el pilar de una familia de clase media. A simple vista es una empleada doméstica de origen indígena que recoge la ropa, sirve la comida y acuesta a los niños, para buscarse un sustento. Pero si fijamos más la mirada, son ellos quienes dependen de ella y, por más separaciones de clase, comparten con ella mucho más de lo que creen. Sobre todo Sofía (Marina de Tavira), la madre de la familia.

Ignora hasta los apellidos de su sirvienta Cleo, pero es su espejo en una lucha como mujer y una historia sin escapatoria. Y es que mientras Sofía se desgarra por el abandono de su marido, un padre ausente y que huye, simbolizado por el motor de un vehículo; Cleo, además de sus pesadas tareas, sufre el rechazo de un hombre que la deja sola en cuanto sabe que está embarazada (un hombre en cuya camiseta -aquí la paradoja- podemos leer "amor es…".

Sin embargo, estas simetrías duran poco porque, como dice Guillermo del Toro, colega de Cuarón y que junto a Alejandro González Iñárritu forman 'Los tres amigos', al tiempo que la familia siente que una vez más Cleo "nos salvó", luego le dicen: "¿Me preparas un licuado de plátano, Cleo?". Y es ahí cuando Cleo calla y porta su silencio tan característico, que no es el silencio de una actriz novel. Su silencio es el contrapunto de una película que, como decíamos, tiene sororidad (un paralelismo entre dos mujeres) y destaca ruidosamente a todas las 'Cleos' que hoy se ven sometidas a una esclavitud moderna. No obstante, el mérito de Cuarón es que 'Roma' no está dividida en clase burguesa ni clase doméstica, sino en muchas otras clases, con sus dramas y una voz propia.

Si por algo Cuarón, oscarizado por 'Gravity', ha cosechado el León de Oro de Venecia, el Globo de Oro, el BAFTA inglés, el Goya iberoamericano (además del Satellite, el Critics' Choice y el Independent Spirit Award, etc.), como mejor película, es porque 'Roma' tiene una dimensión compleja y cinematográfica a la altura de una obra maestra. Los hay que la tildan de "fenómeno", pero lo irrefutable es que esta cinta chilanga va de lo particular a lo universal, de lo delicado, al sufrimiento y lo fascinante.

Es así como Cleo nos conduce también a una ciudad en crecimiento, que ha vivido unos Juegos Olímpicos y un mundial de fútbol, pero que también vivirá un temblor y una matanza estudiantil durante "el Halconazo" del 71. Y aquí también encontramos otro conflicto, este urbano, con su propia sonoridad, que va desde los afiladores, hasta los aviones, pasando por un parto y el agua (elemento clave de esta narración).

Una narración hermosa, en español y mixteco, rodada en blanco y negro, y en 70 milímetros, con secuencias que son un cuadro mural. Ningún cine comercial la habría exhibido, pero Participant Media y Netflix, en riña con la industria, predijeron que era una mina de oro. "Ver cómo una película sobre una empleada doméstica indígena es recibida de este modo en una era en la que el miedo y la rabia se han propuesto dividirnos significa todo un mundo para mí", declaró Cuarón en los BAFTA sobre su película más personal hasta la fecha, y con un homenaje a "Libo" y a todas las mujeres de su vida.

En esta crónica hablamos también de la primera retrospectiva sobre Victor Vasarely en Francia, país que se ha rendido con 300 obras ante el padre del arte óptico; conocemos al bailarín colombiano Fernando Montaño, que es uno de los pocos solistas de la Royal Ballet de Londres; celebramos que el escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez haya podido publicar su "Trilogía sucia de La Habana" luego de 21 años sin reconocimiento; y nos rendimos ante la artista argentina Nathy Peluso y su nuevo 'Natikillah', bandera de libertad y autoestima.

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