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Rusia, al rescate de sus inversiones en Venezuela

Archivo: El presidente ruso, Vladímir Putin, usa uos binoculares mientras ve los juegos de guerra Zapad-2017, llevados a cabo por militares rusos y bielorrusos en un campo de entrenamiento militar en la región de Leningrado, Rusia, el 18 de septiembre de 2017.
Archivo: El presidente ruso, Vladímir Putin, usa uos binoculares mientras ve los juegos de guerra Zapad-2017, llevados a cabo por militares rusos y bielorrusos en un campo de entrenamiento militar en la región de Leningrado, Rusia, el 18 de septiembre de 2017. Sputnik /Mikhail Klimentyev / Kremlin / Vía Reuters

Rusia, uno de los grandes aliados de Nicolás Maduro, ha prestado un apoyo descomunal en los últimos tiempos al gobierno bolivariano. Rescatar las inversiones en Venezuela y la primacía en América Latina, en primer plano.

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Moscú observa con preocupación cómo Venezuela se encuentra sumida en una crisis política desde el 23 de enero, cuando el presidente de la Asamblea Nacional, el opositor Juan Guaidó, se proclamó presidente interino del país tras denunciar la ilegalidad del nuevo mandato del presidente Nicolás Maduro, que había jurado su cargo de nuevo el 10 de enero.

EE.UU. puja por el cambio de gobierno y Moscú actúa una vez más a la contra de Washington en un pulso que todavía está por dirimir y que ocupa estos días amplios espacios en los medios de comunicación rusos, donde todos se preguntan cuál debe ser la actitud del Kremlin.

Desde tiempos soviéticos la línea de actuación no ha cambiado mucho: Moscú ofrece armas y dinero a aquellos países que no siguen los dictados de Washington. La cuestión es hasta dónde se puede llegar a tensar la cuerda en cada caso.

Aunque la relación es algo lejana, el apoyo que Moscú ha prestado a Caracas en los últimos tiempos ha sido colosal

Rusia ha hecho un llamamiento a Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por una cincuentena de países, para que inicie negociaciones con Maduro. Moscú no quiere un derrumbe súbito del gobierno bolivariano. Los acuerdos que Maduro logró de Putin en diciembre en la capital rusa establecen una inversión de 5.000 millones dólares en el sector petrolero venezolano y otros 1.000 mi­llones para la producción minera, sobre todo oro. Dependiendo de lo que pase, esos negocios están en el aire. Aunque también peligran otros si el gobierno sigue adelante sin salir de su debacle económica.

Archivo: El presidente ruso Vladímir Putin (d) se reúne con su homólogo venezolano Nicolás Maduro (i) en la residencia estatal de Novo-Ogaryovo a las afueras de Moscú, Rusia, el 5 de diciembre de 2018.
Archivo: El presidente ruso Vladímir Putin (d) se reúne con su homólogo venezolano Nicolás Maduro (i) en la residencia estatal de Novo-Ogaryovo a las afueras de Moscú, Rusia, el 5 de diciembre de 2018. Maxim Shemetov / Reuters

Para Moscú, las amenazas de intervención de Washington "constituyen una violación de la carta de las Naciones Unidas y una injerencia directa en los asuntos internos de un país independiente".

Pero el 80% de la liquidez proveniente de la venta del petróleo venezolano proviene de la relación comercial con Estados Unidos. La relación con Rusia es algo más lejana, pero el apoyo que Moscú ha prestado a Caracas en los últimos tiempos ha sido descomunal: unos 17.000 millones de dólares entre 2016 y 2017, según Reuters. El último recurso siempre es el más querido y eso es lo que ha sido Rusia para Venezuela.

Rusia persiste en su posición de no interferencia a pesar de millonarios negocios y préstamos en juego

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, ha criticado varias veces a la "comunidad occidental progresista" por no respetar "el derecho internacional, la soberanía estatal y el principio de no interferencia".

Frente a las sanciones y un concierto de países europeos y sudamericanos que han seguido el mismo camino que Estados Unidos al reconocer a Guaidó como presidente, destacan Pekín y Moscú. "La crisis en Venezuela es un asunto interno, y la comunidad internacional debe llamar a los venezolanos a solucionarla entre sí", ha afirmado el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, que ha defendido la opción del diálogo en lugar de los ultimátums como fórmula para superar la crisis en Venezuela.

Se da la circunstancia de que China y Rusia son los dos principales acreedores de Venezuela. Una parte de la deuda que Caracas tiene con Moscú es, por ejemplo, reembolsada con hidrocarburos mediante acuerdos entre Pdvsa y el gigante semipúblico ruso Rosneft.

Rosneft posee el 100% del proyecto gasístico de exploración de los yacimientos de la plataforma continental venezolana Mejillones y Patao con derecho a exportar. También tiene el 100% de la empresa de servicios petroleros Precision Drilling y el 51% de la empresa Perforosven. A pesar de eso, la petrolera rusa Rosneft considera que la actual crisis política en Venezuela es temporal y no afecta sus proyectos en ese país sudamericano.

La empresa ha insistido en que no espera este año una reducción de la extracción de petróleo en los proyectos conjuntos con Pdvsa.

Un buque petrolero está atracado en la terminal Pdvsa de la Refinería Aceite de Isla en Willemstad, isla de Curazao, el 22 de febrero de 2019.
Un buque petrolero está atracado en la terminal Pdvsa de la Refinería Aceite de Isla en Willemstad, isla de Curazao, el 22 de febrero de 2019. Henry Romero / Reuters

"A Rusia y China no les inquietan las sanciones de Washington", dijo a medios locales Ronny Romero, representante de Venezuela ante la Opep, hace dos semanas. Pero poco después el prestamista ruso Gazprombank decidió congelar las cuentas de la petrolera estatal venezolana Pdvsa y suspendió las transacciones con la firma. Espera así reducir el riesgo de que el banco caiga bajo las sanciones estadounidenses.

No es la primera empresa extranjera en desvincularse de la petrolera venezolana, pero el movimiento es significativo porque el Kremlin está considerado uno de los apoyos más fieles del presidente Maduro. La noticia, difundida por Reuters citando una fuente anónima del banco ruso, supuso un contratiempo porque Pdvsa les estaba diciendo a los clientes de sus empresas conjuntas que depositaran las ganancias de las ventas de petróleo en sus cuentas de Gazprombank en un intento por ignorar las nuevas sanciones de Estados Unidos a Pdvsa.

En 2018 Venezuela redujo su deuda a la mitad, hasta 2.300 millones de dólares. Oficialmente, se trata de adelantos sobre los contratos de entrega de petróleo y combustible, pero muchos expertos ven en ello un apoyo financiero encubierto a Caracas. Maduro es un habitual de Moscú cuando se trata de pedir ayuda. En diciembre del año pasado, durante un viaje a Rusia, Maduro volvió a acudir a su socio y en esa oportunidad el intercambio fue por alimentos.

Políticos rusos han pedido el envío de tropas para apuntalar a Maduro

El Kremlin, por otra parte, es también el primer proveedor de armas de Venezuela. Pero precisamente en el ámbito en el que hay más sombras es en el de la cooperación militar. En diciembre pasado, las Fuerzas Aéreas Rusas desplegaron en Venezuela dos bombarderos estratégicos Tu-160 que volaron desde Rusia sin escala, con reabastecimiento de combustible en el aire, y luego de vuelta. Los Tu-160 aparentemente llegaron a Venezuela el mes pasado desarmados, lo cual es imposible de verificar. Sí se sabe que participaron en ejercicios conjuntos con la Fuerza Aérea Venezolana. Estos aviones pueden equiparse con misiles nucleares de corto alcance y volar 12.000 kilómetros sin repostar, suficientes para alcanzar el territorio de EEUU.

Rusia asegura que Venezuela no le ha solicitado ayuda militar. Lo afirma el director del departamento para América Latina del Ministerio de Exteriores ruso, Alexánder Schetinin. Dentro del Parlamento ruso, sin embargo, hay importantes apoyos a una intervención.

El político nacionalista ruso Vladimir Zhirinovsky fue el primero en pedir públicamente a Putin que enviara tropas para apuntalar a Maduro: "En Siria ya lo hicimos. Para nosotros, ya no existen las distancias porque tenemos cohetes que pueden impactar en un objetivo a miles de kilómetros en diez minutos y aviones que pueden volar a 2.000 kilómetros a la hora", explicó Zhirinovski en su despacho de la Duma, el Parlamento ruso.

"Por supuesto que no es fácil", admite, "pero qué vamos a hacer, estamos obligados porque toda América Latina teme los golpes de Estado y el derramamiento de sangre". Pero Venezuela no está, de momento, en guerra. Así que los barcos y los bombarderos estratégicos no servirán para lidiar con los manifestantes.

Aunque Reuters informó de la presencia de paramilitares rusos en Venezuela, poco ha vuelto a saberse del tema. El Kremlin negó que Rusia interviniera de manera clandestina para proteger a Maduro (o a importantes activos gubernamentales) y también ha rechazado las versiones de que estaba poniendo a salvo el oro del régimen en sus bancos.

Denis Korotkov, investigador del papel de los mercenarios rusos en el extranjero, desconfía de esta tesis del despliegue en Venezuela y cree que "por encima de todo el Kremlin sabe que, de una manera u otra, puede dar por perdidos sus activos en la zona".

Manifestantes arrojan piedras a la Guardia Nacional de Venezuela en Pacaraima, Brasil, el 24 de febrero de 2019.
Manifestantes arrojan piedras a la Guardia Nacional de Venezuela en Pacaraima, Brasil, el 24 de febrero de 2019. Ricardo Moraes / Reuters

"Moscú negó repetidamente cualquier intención de desplegar sus fuerzas en Siria, cuando de hecho los preparativos ya estaban en marcha"

En este sentido, Venezuela es un caso muy similar al de Ucrania y Siria, dos países donde Rusia, de una manera más o menos transparente, ha intervenido con su ejército. Bien para evitar el derrocamiento de gobernantes que han pasado a ser considerados malvados por Occidente (Siria) o bien para condicionar la política emprendida por el nuevo régimen (Ucrania).

La propia idea del pueblo alzándose contra un gobernante es un relato que el Kremlin combate con los medios informativos y militares que tiene a su alcance.

En 2015, Moscú negó repetidamente cualquier intención de desplegar sus fuerzas en Siria, cuando de hecho los preparativos ya estaban en marcha, apunta Pavel Felgenhauer, que recuerda que "la participación del Kremlin en América Latina se remonta a muchas décadas atrás".

Pero pocos analistas creen que vaya a darse una nueva entrega de la crisis de los misiles cubanos de 1962, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron al borde de la guerra nuclear por la instalación de misiles soviéticos en Cuba. Esta vez es distinto, pero el pulso por la primacía en América Latina vuelve a existir.

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