Política mexicana

¿Se encamina México hacia una seguridad pública militarizada?

Miembros de las fuerzas navales de México hacen guardia frente a un centro de votación especial durante las elecciones generales en el estado de Veracruz, México, el 1 de julio de 2018.
Miembros de las fuerzas navales de México hacen guardia frente a un centro de votación especial durante las elecciones generales en el estado de Veracruz, México, el 1 de julio de 2018. Victoria Razo / AFP

El Senado aprobó la creación de una Guardia Nacional, la nueva corporación que se encargará de la seguridad del país. Un proyecto polémico, lleno de incógnitas, que evidencia el papel de los militares en medio de la violencia que azota a México.

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Será una Guardia Nacional con menos Ejército y más elementos civiles. El polémico proyecto de creación de un nuevo cuerpo de seguridad que defiende el Presidente y la mayoría morenista en las Cámaras no aguantó las críticas de la oposición y de la sociedad civil. El jueves pasado, el Senado modificó la esencia misma del texto aprobado anteriormente por la Cámara de Diputados: en vez de mando militar, la futura Guardia Civil estará adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública y no a la Defensa Nacional.

Morena, partido oficialista y grupo mayoritario en el Legislativo, tuvo que lograr un acuerdo con los partidos de oposición para poder aprobar el dictamen, por lo cual tuvo que eliminar lo más polémico: la subordinación de la Guardia a un mando militar. En cambio, la Guardia Nacional quedó definida como una "policía de carácter civil" adscrita a la Secretaría de Seguridad Pública. La figura de la junta de jefes de Estado, que equivalía a una junta de generales, también fue eliminada.

"Ha sido un gran momento de democracia", analiza Juan Francisco Torres Landa, secretario de la organización México Unido Contra la Delincuencia. "Muestra también que, hasta ahora, no hubo imposición del Ejecutivo". Eje principal del Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024 del Presidente electo Andrés Manuel López Obrador, la creación de una Guardia Nacional despierta los viejos temores de un Ejército cada vez más poderoso en la cúpula del poder y las eternas disputas sobre qué estrategia adoptar frente a la macabra violencia que azota a México.

Con más de 34 000 homicidios, el año 2018 ha sido el año más peligroso de la historia reciente del país, un 15% más que en 2017, año que ostentaba el récord de violencia hasta ahora. Desde 2006, con el inicio de la guerra contra el narco, impulsada por el expresidente Felipe Calderón, cada sexenio es más letal que el anterior. Para las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil, reunidos en una inédita plataforma llamada SeguridadSinGuerra, la militarización de la seguridad es en buena parte responsable de ese panorama desolador.

Abundan los interrogantes sobre la formación de la Guardia

Pero para las organizaciones que conforman la plataforma #SeguridadSinGuerra no hay que cantar victoria antes de tiempo. "Hay un marco de interpretación amplio que nos preocupa dentro de la ley", sostiene Alberto Solís, director de Serapaz, una organización de defensa de derechos humanos. El presidente López Obrador le dio la razón cuando declaró, un día después de la histórica votación, que el jefe de la Guardia nacional "podrá ser un civil o un militar retirado o en activo".

Otro interrogante: en la forma, poco se sabe del reclutamiento, de la capacitación o de la formación de los 150.000 integrantes que conformarán la Guardia Nacional a finales del sexenio. Las fuerzas armadas tendrán que ceder de manera temporal elementos de la Policía Naval y Militar para iniciar con la formación de los nuevos guardias nacionales. Los nuevos integrantes no podrán ser parte del Ejército, pero sí podrán ser exmilitares.

"Pero, ¿cómo le das una capacitación y formación distintas a personas que ya vienen operando con un esquema militar, con esa práctica de combate directo, que ha generado las grandes violaciones a derechos humanos?", cuestiona Alberto Solís.

Pero el aspecto más polémico sigue siendo el tema de la presencia militar en la seguridad del país. Según el dictamen sobre la Guardia Nacional, las Fuerzas Armadas seguirán en las calles durante los cinco próximos años. Esa realidad la viven los mexicanos desde 2006 y el inicio de la guerra contra el narco de Calderón, con unas consecuencias sangrientas bien documentadas: letalidad desproporcionada, violaciones a derechos humanos, ejecuciones arbitrarias, tortura.

La masacre de Tlatlaya, en el estado de México, en 2014, donde el Ejército mató a 22 jóvenes civiles, o la matanza de Nayarit, en 2015, donde fuerzas de la Marina acribillaron desde un helicóptero a 15 presuntos integrantes del cártel de los hermanos Beltrán Leyva son dos ejemplos emblemáticos de las consecuencias del uso de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública.

Según una investigación conjunta de la UNAM y del https://www.cide.edu/saladeprensa/documento-indice-de-letalidad-2008-2014-disminuyen-los-enfrentamientos-misma-letalidad-aumenta-l... )." target="_blank">Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el Ejército mexicano mata a ocho enemigos por cada uno que hiere.

La creación de la Guardia Nacional supondrá la desaparición de la Policía Federal

Aun así, "no se puede sacar a los militares en un instante", explica Juan Francisco Torres Landa. "Hay municipios donde ya no hay policías y son puros militares", agrega. Ahí está la paradoja de la seguridad en México: ¿cómo regresar los soldados a sus cuarteles, mientras han sido, y siguen siendo, fundamentales para la seguridad del país? Hasta ahora, el Plan Nacional de Paz y Seguridad no menciona ninguna estrategia de repliegue, ni tampoco se menciona el papel de los policías.

"La Guardia Nacional no servirá de nada si no hay un reforzamiento institucional, con el apoyo de las instituciones civiles", asegura Juan Francisco, que considera fundamental eliminar la prohibición de las drogas, llevar a cabo una profunda reforma penal, y "reforzar a los policías".

Ahí está el problema de fondo: las graves carencias de la institución policial en general y la ausencia de voluntad política para mejorarla. Peor: la creación de la Guardia Nacional supone la desaparición progresiva de la Policía Federal, creada en 1999. "¿Por qué eliminar una institución en la cual el país invirtió muchísimo?", critica Juan Francisco, quien denuncia “una conducta incongruente y equivocada”.

Pero la peor hemorragia radica en los policías municipales y estatales, apenas mencionados en Plan Nacional de Paz y Seguridad del nuevo Gobierno. "Son tachadas de corruptas e ineficientes, pero la primera causa de esa ineficiencia, es por abandono", señala Landa. "Los gobernadores dejaron de invertir en la policía municipal y prefieren inversiones a corto plazo, más visibles para las próximas elecciones".

Reemplazar a los policías locales por fuerzas federales, consideradas más efectivas y menos corruptas, ha sido el nuevo dogma en los pasillos de las secretarías. "Los actores federales no son eficientes en las zonas conflictivas: no tienen el mismo contacto con las poblaciones que las fuerzas locales, no entienden quién es quién, y se quedan perdidos en las redes de corrupción local", advierte Solís.

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador le apuesta, como sus predecesores, a una fuerza federal centralizada y centralizadora, militarizada, o no. La semana pasada, el presidente zanjó rumores: "Va a ser como el Ejército de Paz de la ONU".

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